Seis grados de nada
Ya había oído hablar de la teoría de los seis grados o eslabones, pero nunca pensé que el Messenger (sí, sí, el de las animaciones insoportables y los nicks imposibles) la acabaría probando. Claro que, en la era del márketing viral o las multitudes inteligentes, no sé de qué me extraño.
Suponiendo que te separa un grado de la gente que conoces, dos de las personas que conocen tus conocidos y así sucesivamente, Stanley Milgram y Jeffrey Travers llegaron en los años 60 a la conclusión de que a dos extraños dentro del planeta sólo los separaban 6.2 grados. Los responsables del nuevo estudio han refutado más que confirmado la teoría, o al menos su nombre. Su experimento fija la cifra más cerca del 7, en 6.6 grados.
Los trabajos 'de campo' para probar la teoría habían sido hasta ahora bastante artesanales. Se basaban en grupos que aceptaban mandarse cartas o e-mails en cadenas que nunca se completaban. Microsoft usó 30.000 millones de conversaciones entre 180 millones de usuarios, partiendo de la base de que el primer grado se establece solamente con que se haya producido un intercambio de texto.
De esta manera, puestos a imaginar, a mí me separarían como mucho 6.6 eslabones de uno de los pocos inuit canadienses que no tengan todavía un iPhone. Dicho así no parece insalvable. Otro tanto (supongo que menos, aunque sólo sea por geografía) al alma máter de esta bitácora y al predicador Jiménez Losantos. Es un decir, ya sabéis.
Antes de que Nacho vuelva y lea todo lo que hemos escrito estos improvisados vigilantes de la playa que-se-bañan-menos-que-los-de-la-serie, os agradezco que durante este tiempo sólo nos haya separado de vosotros, que os pasáis por este blog, un sencillo golpe de click. Hasta pronto.