Los terroristas siempre son los otros
Iñigo Sáenz de Ugarte
El Ejército israelí es “el más moral del mundo”, ha dicho en repetidas ocasiones el primer ministro, Ehud Olmert. Será por eso que el pasado 3 de enero su aviación destruyó el mejor colegio de Gaza, que responde al sospechoso nombre de American International School. El edificio de dos plantas quedó completamente destruido. No fue suficiente. Días después, tanques y bulldozers israelíes se presentaron en el lugar para terminar el trabajo. La pista de baloncesto fue una de sus últimas víctimas.
La destrucción del colegio es un símbolo, no el más grave, de la credibilidad del Gobierno israelí cuando responde a las acusaciones de crímenes de guerra y sostiene que su lucha es “contra el terrorismo”. La American International School tiene un programa escolar para sus 230 alumnos similar al de un colegio norteamericano y sus clases se imparten en inglés. Es el más caro de Gaza y hasta la toma del poder por Hamás una bandera de EEUU ondeaba en uno de sus edificios. Niños y niñas comparten clase en las mismas aulas. En cierto modo, es un símbolo de Occidente y de ahí que hubiera sufrido en años anteriores ataques protagonizados por radicales islámicos.