¡Que vienen los zetas!
Antonio Córdoba
Hay que reconocerle a la derecha estadounidense que a la hora de inventarse bulos paranoicos no le gana nadie. A su lado lo de que España se rompe, la venta de Navarra, que la pista apunte al Norte o el tauricidio son naderías de principiante sin luces, dos dedos de frente o teología y geometría. Si hay que inventar se inventa de verdad; si hay que darle miedo a la población anglo y causarle terrores nocturnos sobre la inmigración latinoamericana, se la asusta de verdad; y si hay que poner a los zetas a invadir los EE.UU. como unos avatares narcoposmodernos de Pancho Villa, pues los ponemos y ya. Cruzaron la frontera, entraron en Texas y tomaron por la fuerza varios ranchos, y si las autoridades y hasta los medios de derechas lo niegan no es más que una tapadera para encubrir la enormidad del desastre. Así funciona la propaganda, como una reunión de guionistas de sitcom: se dicen todas las tonterías posibles y se cruzan los dedos para que al resto le haga gracia. Si cuela, cuela, y de la difamación siempre algo queda, aunque sea el tiempo perdido que dedican los demócratas a refutar los disparates o corregir los errores que comenten por caer en las trampas que les tienden. Si no cuela, no pasa nada: vuelta a empezar, y así hasta las elecciones al legislativo y muchos ejecutivos estatales en noviembre en EE.UU.
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“¿Quiénes son los zetas?” Me preguntas, comentarista, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Los zetas, comentarista, los zetas eres tú.