José Elorrieta Artaza, el director de Montes asombrado por el crecimiento del pino que trabajó en la conservación del árbol de Gernika
José Elorrieta Artaza (1892-1970) fue director general de Montes del Gobierno de Euzkadi. Nació en Bermeo, localidad vizcaína en la que cursó sus primeros estudios, antes de examinarse de Bachillerato en Bilbao. Consiguió la calificación de “muy bueno” en la Escuela Especial del Cuerpo de Ingenieros de Montes en 1917. Ese mismo año, logró que se le adjudicase una jefatura superior creada por la Diputación de Bizkaia para dirigir Ganadería, Montes y Agricultura. Se le encomendó la redacción de un plan para “obtener en Bizkaia masas forestales de rápido crecimiento y a un bajo coste”, recoge el libro, con la tarea de “reconstruir el arbolado tradicional, que estaba destrozado por enfermedades”. En representación de la Diputación viajó al Segundo Congreso Forestal y Agronómico, celebrado en Sevilla en 1918.
Al año siguiente, en el marco de una propuesta de reforma de la Casa de Juntas, formuló una serie de medidas para la conservación del árbol de Gernika. Era de la opinión, según apunta el libro, de que el árbol debía sujetarse “con uno o dos cinchos de hierro en un trozo que amenazaba con desprenderse”. Proponía, además, “disponer en el interior del fanal un recipiente con sulfuro de carbono, para que el roble quedase expuesto a sus vapores durante dos o tres días”. Y, más tarde, “verificar el creosotado y hasta un baño de cloruro de cinc en la corteza y parte de la madera que se encuentra a la vista y repeler el tratamiento por el sulfuro de carbono después de estos baños”.
Viajó becado a Estados Unidos y allí se empapó de métodos de repoblación. En 1921 accedió al Cuerpo de Ingenieros del Estado, y siguió viajando y en contacto con expertos llegados de otros países. La crónica de un periódico lo describía en 1924 como “un hombre joven, ingeniero de reconocida competencia, adscrito a la Diputación, en quien se vinculan circunstancias poco comunes en estos tiempos de endiosamiento y vanidad”. Recoge también el libro que acometió labores de repoblación en lugares como Galdakao, Lezama, Areatza, Durango, Mundaka, Erandio, Sukarrieta y Trapagaran. El pino insigne era, en su opinión, “la gran revelación forestal” del siglo, con un crecimiento “asombroso”.
Su entrada en el Gobierno de Euzkadi se produjo el 14 de octubre de 1936, cuando fue designado director general de Montes, dentro del Departamento de Agricultura, encabezado por el consejero Gonzalo Nardiz. También recibió el nombramiento como ingeniero jefe de los Servicios Forestales de Euzkadi. Poco se sabe sobre su desempeño en estas funciones. Caída la ciudad de Bilbao en manos del bando sublevado, partió hacia Santander y luego llegó en barco a Francia. La represión se tradujo en un proceso de depuración que le despojó de su cargo y de los derechos adquiridos. Se le tildó de “enemigo del Movimiento Nacional”. También perdió su puesto en el Cuerpo Nacional de Ingenieros de Montes.
No tardó muchos años en regresar a España. Reseña el libro que para 1944 estaba ya trabajando de nuevo para el Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, encargado de repoblaciones. Aunque no pudo volver a trabajar para la Diputación, sí volvió a ser empleado público y, ascendido a ingeniero de primera clase, acometió labores de repoblación por toda España. Su trabajo se reconoció con el ingreso en la Orden Civil del Mérito Agrícola. Elorrieta, que formó parte de una comisión encargada de la reconstrucción forestal de la sierra de Guadarrama, en las provincias españolas de Ávila, Madrid y Segovia, fue, además, miembro del Consejero Superior de Investigaciones Científicas y de la Academia de Ciencias Forestales de Italia. Autor de unas impresiones sobre su viaje a Estados Unidos y de obras acerca de coníferas, pinos y castaños, se jubiló en 1962 y falleció en Madrid en 1970, a los 78 años.