Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Sánchez acepta un mando único en Ceuta y acelera las "medidas de choque"
El primer ministro de Canadá se planta y marca a Trump los límites de su chantaje
OPINIÓN | 'El regreso de la violencia visible', por Azahara Palomeque

He decidido que no quiero ser madre, pero ¿ser tía? Claramente, nací para esto

"El papel de la tía o el tío suele pasarse por alto y subestimarse, pero podemos ser figuras importantes en la vida de los niños, si queremos serlo. Y yo realmente quiero serlo".
24 de agosto de 2026 22:17 h

1

“¡No tiene hijos!”, le dijo un día mi sobrina más pequeña, Bonnie, a mi hermana refiriéndose a mí.

“Por eso tiene tanto tiempo para darte amor”, le respondió ella. Bonnie se quedó pensativa, con esa mirada profunda y sincera que tienen los niños pequeños cuando realmente están reflexionando sobre algo. Luego asintió con la cabeza, como diciendo: sí, es una respuesta muy acertada. Ojalá todo el mundo lo entendiera tan fácilmente.

En muchos sentidos, no soy una candidata adecuada para la maternidad. Necesito, por ejemplo, más de 10 horas de tranquilidad a solas al día para poder funcionar. He visto a mis amigas y a mi hermana convertirse en madres; me lo he imaginado con gran detalle, hasta el punto de resultarme insoportable, y he decidido que no es para mí.

Más allá de cualquier razonamiento lógico, simplemente nunca he sentido la necesidad de crear a una persona con mi cuerpo. Y no creo que sea obligatorio solo porque tenga los órganos para hacerlo.

¿Pero ser tía? Nací para esto.

Les daría cualquier cosa a mis sobrinas: mi collar favorito, mi última patata frita caliente, mi vida. Quiero a mis sobrinas con una devoción casi salvaje que roza la obsesión.

Ahora mismo tengo 17.088 fotos y vídeos de ellas en mi móvil, y la cifra sigue aumentando. Casi todos los días llevo camisetas que he mandado estampar con sus dibujos, o pulseras que ellas mismas han hecho en las que pone “TÍA KATIE”. He intentado guardar cada piedrecita, cada dibujo o cada pegatina de unicornio con purpurina que me han regalado. Mis armarios están llenos de galletas Tiny Teddy, y mi guardarropa, de conjuntos de emergencia en las tallas pequeñas correspondientes.

Sé que, con el mero hecho de vivir tal y como he elegido, les estoy mostrando diferentes futuros posibles para ellas mismas

Ahora comprendo mejor que nunca lo cerca que está el miedo del amor; me preocupo por ellas todo el tiempo. Cruzaría los mares, iría a la guerra o lucharía contra un león para protegerlas. En el futuro, quizá haya que sujetarme físicamente para impedir que me entrometa si alguien les hace daño.

La idea de que sufran incluso un pequeño inconveniente, por no hablar de un dolor real, me angustia. A veces me pregunto si, de hecho, no deberíamos envolver a nuestros niños en algodón.

El papel de la tía o el tío —o, como sugiere la música australiana no binaria G Flip, opciones de género neutro [en inglés] como “uncy” o “auncle” [en español podría ser “tíe”]— suele pasarse por alto y subestimarse, pero podemos ser figuras importantes en la vida de los niños, si queremos serlo. Y yo realmente quiero serlo.

Soy una adulta de confianza, la cuidadora de apoyo. Una guardiana de secretos, cuentacuentos, la encargada de darles la merienda. Una miembro entusiasta y dispuesta de esa comunidad de la que tanto se habla cuando se trata de criar a un niño.

Además, los niños hacen demasiadas preguntas como para que sus padres puedan responderlas todas. ¿Cómo llegan los colores al arcoíris? ¿Dios es una nube? ¿Qué es un cementerio? A veces, soy yo o su tío quien tiene que darles una explicación; y después, hablamos de cómo puede que acabemos de contribuir a su versión de la realidad.

Es una alegría y un honor saber que soy importante para ellas. Tardarán muchos años en comprender lo importantes que son ellas para mí

También sé que, con el mero hecho de vivir tal y como he elegido, les estoy mostrando diferentes futuros posibles para ellas mismas. Llevo una década en una relación de pareja, pero no tenemos planes de casarnos, así que les he transmitido la idea de que el matrimonio no es obligatorio. Me preguntan por mi vegetarianismo y mi sobrina de seis años, Poppy, ya ha decidido no comer pescado “porque es cruel con los peces”. Entienden que me gano la vida escribiendo (me han pedido libros infantiles en lugar de mis “aburridos libros para adultos que no tienen dibujos”) y han empezado a escribir sus propias historietas. A mi manera, intento enseñarles con delicadeza las cosas que me importan: leemos libros sobre pingüinos gais enamorados, hacemos manualidades sin preocuparnos por que sean perfectas y comemos lo que nos apetece.

Es una alegría y un honor saber que soy importante para ellas. Tardarán muchos años en comprender lo importantes que son ellas para mí.

Para ellas, soy alguien que siempre está ahí y les deja comerse el glaseado de su magdalena. Todavía no saben la suerte que tienen de tener dos padres cariñosos y atentos, y a tantos otros familiares que van de un lado para otro, deseando mimarlas.

Algún día se lo explicaré. Que su mera existencia me ha cambiado. Me ha convertido en la tía Katie, y no hay nada que me guste ser más que eso.

Etiquetas
stats