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Sin malos humos en La Concha: Donostia empieza a multar por fumar y tener altavoces en sus playas

La temporada de verano en Donostia ha arrancado este 1 de junio. La principal novedad es la nueva ordenanza de uso y aprovechamiento de las playas, que prohíbe fumar y usar altavoces en La Concha y en las demás. Con esta medida, el Ayuntamiento busca avanzar hacia un modelo de playas “más sostenible, saludable y respetuoso con el entorno y con el descanso de las personas usuarias”. Las multas son altas, de hasta 750 euros, pero de momento se optará por informar. ¿Qué opinan los usuarios? Hay muchos que lo secundan, aunque no hay unanimidad.

La ordenanza viene acompañada con la campaña municipal ‘Itsasos’, presentada bajo el lema ‘Este verano respira y escucha el mar’. El Consistorio defiende que la prohibición del tabaco responde tanto a criterios medioambientales como de salud pública. Un estudio realizado junto a Azti, sociedad pública de estudios marinos, concluyó que las colillas representan el 38% de la macrobasura recogida en La Concha y el 50% en Ondarreta. Una prueba de ello es la actividad de la fundación europea, Surfrider. Esta organizó una limpieza en la playa Zurriola el pasado miércoles y en la que recogieron al menos 2.700 colillas. 

Tras años realizando campañas para mantener la playa libre de colillas, la prohibición llega con multas. El incumplimiento de las nuevas normas podrá acarrear sanciones de entre 100 y 750 euros, aunque el alcalde de Donostia, Jon Insausti, avanzó que inicialmente habrá un periodo de adaptación y pedagogía antes de comenzar a multar. Dependiendo de la gravedad del daño y del tiempo de reacción tras el llamamiento, la multa puede ser mayor o menor.

Entre quienes disfrutan estos días de las playas donostiarras predominan las opiniones favorables a las nuevas restricciones. Dos peregrinos griegos que recorrían el Camino de Santiago creen que la medida ayudará a proteger el entorno natural. “Es una muy buena decisión para proteger la fauna y la vida marina”, ha indicado uno de ellos. Donostia es “un lugar muy agradable para vivir y visitar” y debemos “cuidarla tanto turistas como locales”. Su compañero ha añadido que la prohibición del tabaco “también puede beneficiar a los propios fumadores, porque les da la oportunidad de reducir su hábito”. Ambos han respaldado igualmente la limitación de la música amplificada: “La música alta puede molestar a las personas que están alrededor y no quieren escucharla”.

También entre los residentes hay respaldo a las medidas. Una joven donostiarra de origen cubano considera que fumar en la playa supone “una molestia” para quienes se encuentran cerca. “Me parece bien que se regule. Si quieres fumar, puedes hacerlo fuera de la arena, donde no haya familias compartiendo espacio”, ha explicado. Aunque reconoce que la prohibición puede percibirse como restrictiva, cree que contribuye a reducir el consumo de tabaco, como indicaban los peregrinos, y a mejorar la convivencia.

En una línea similar, un vecino proveniente de México ha afirmado que, aunque fumar no le parece problemático si se recogen las colillas, entiende que la prohibición responde a la dificultad de corregir ciertos comportamientos. Sobre los altavoces, ha sostenido que “la playa en Donostia es un lugar de descanso y tranquilidad, no de fiesta y música”, por ende, ve lógico limitar aquellos usos que alteren ese ambiente.

Incluso entre los fumadores hay quienes respaldan la decisión municipal. Una mujer afincada en Donostia desde hace décadas reconoce que la medida puede ayudar a proteger el litoral. La vecina ha sido clara con ser fumadora y que, aun así, le “parece muy bien”, porque muchas personas son “incívicas y las colillas terminan en la arena”. Sin embargo, ha querido aclarar que considera que deberían seguir existiendo espacios habilitados para quienes consumen tabaco, puesto a que el exceso de restricciones pueden hacer parecer que las personas que fuman dan “asco”.

No obstante, algunas voces consideran que la medida puede resultar excesiva. Una exfumadora donostiarra, que dejó el tabaco hace once años, cree que prohibir fumar en espacios abiertos supone ir demasiado lejos. “Entiendo que pueda molestar si hay niños o personas mayores cerca, pero estando al aire libre… me parece excesivo”, ha afirmado. Otra vecina, favorable a vetar la música a gran volumen por la “invasión de sonidos” que genera, se muestra más dubitativa respecto al tabaco. “Animaría a evitarlo, pero no lo multaría”, ha señalado.

La conversación sobre la nueva ordenanza también ha reabierto el debate sobre la presencia de perros en las playas durante el verano. El Ayuntamiento decidió descartar su acceso durante las noches de verano, una posibilidad que figuró inicialmente en el borrador de la normativa. Un vecino argentino residente en la ciudad respalda la decisión y la sitúa en el mismo plano que las restricciones al tabaco y a los altavoces. Ha opinado que es “una de las mejores decisiones” que ha tomado el consistorio. Aunque reconoce que los dueños de perros pierden una posibilidad de uso durante el verano, recuerda que “durante diez meses al año pueden pasear por la playa sin restricciones” y considera razonable reservar los meses de mayor afluencia para quienes buscan disfrutar del arenal sin animales.