Pañuelos negros en las fiestas de Vitoria por los asesinados del 3 de marzo y los indultados en agosto de 1976
El 6 de agosto de 1976, hace ahora medio siglo, llegaron en un Talgo a la estación de Vitoria tres indultados por el recién elegido presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Eran los últimos presos tras la represión que siguió al 3 de marzo, cuando la Policía Armada todavía franquista aunque el dictador muriera unos meses antes, irrumpió a tiros en una asamblea obrera y asesinó a cinco personas e hirió a decenas más. Este jueves de fiestas de Vitoria, coincidiendo con el quincuagésimo aniversario de esa llegada en tren, se ha celebrado un acto en homenaje a los dos liberados que siguen vivos, Imanol Olaverría y Juan José Santisteban, y, de alguna manera, se ha cerrado el ciclo de actos en memoria de los sucesos que cambiaron la historia de la ciudad, que se han venido celebrando durante todo el año.
El Boletín Oficial del Estado (BOE) recogió la medida de gracia el 4 de agosto, los reclusos salieron de Carabanchel el 5 y llegaron un día después en tren desde Madrid. “El Talgo era un tren para ricos. Nunca me había montado”, bromea sobre aquel viaje Santisteban, uno de los presos, en una breve entrevista con este periódico. Recuerda igualmente la llegada a la estación y un recibimiento masivo y popular, al que siguió una manifestación por toda la calle de Eduardo Dato. Y recuerda a la Policía. Los 'grises', otra vez, disolvieron “eficazmente” aquella concentración. De nuevo cargas.
Eran unas fiestas extrañas las de 1976, un año de gran convulsión en una Vitoria que despertaba políticamente. Habían empezado precisamente el día del indulto, el 4 de agosto. Pero la bajada de Celedón fue diferente. La escenografía era la misma: una gran bandera de España presidiendo la Virgen Blanca, un escudo franquista en la balconada de San Miguel y las autoridades del régimen esperando al personaje festivo. Quien les había dado la mano desde la misma creación de la fiesta en 1957, el blusa José Luis Isasi, se negó a hacerlo en 1976 y las cuadrillas tampoco hicieron 'paseíllos'. A última hora, el blusa y torero Enrique Orive asumió el protagonismo y quiso ser Celedón para salvar el expediente. En aquel chupinazo, mientras unos celebraban, otros protestaban. Se exhibieron ikurriñas, entonces ilegales. Se puede ver aquí el vídeo de aquellas fiestas.
Este 2026, representantes de casi todas las cuadrillas de blusas y de 'neskak', pertrechados de pañuelos negros, y al frente de todos ellos Celedón, Iñaki Kerejazu, se han reunido a última hora de la tarde en el pórtico de la catedral de María Inmaculada llamados por la asociación Martxoak 3. Frente a ellos, varios centenares de personas, quizás millares, han aplaudido el izado de las fotografías de los asesinados Pedro María Martínez Ocio —que era miembro de la cuadrilla Los Silenciosos—, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda, al igual que a los homenajeados Olaverría y Santisteban y al difunto Jesús Fernández Naves, considerado uno de los líderes del movimiento sindical que derivó en el 3 de marzo. También se ha mencionado a los presos que fueron encarcelados en Nanclares de la Oca por motivos similares. “Muy bonito, muy bonito”, gritaba una mujer del público después del 'aurresku' conmemorativo.
Con la ciudad sumida en el desenfreno por las fiestas de La Blanca, una charanga cuyos miembros leían las partituras desde sus móviles mietras tocaban ha cambiado las tonadillas habituales festivas por el 'Am3ts berriak', la canción conmemorativa del aniversario. Después, se ha regalado el pañuelo negro a Olaverría y Santisteban. Nerea Martínez, portavoz de Martxoak 3, ha asegurado que hace 50 años “las autoridades franquistas intentaron dar una imagen de normalidad” en las fiestas que no se correspondía con la realidad de una sociedad que reclamaba justicia desde el “duelo, rabia e impotencia”. Ha ironizado también, en un dardo a la alcaldesa socialista Maider Etxebarria, que el entonces no democrático primer edil José Casanova se lamentaba de la “politización” de las fiestas igualmente.
Martínez se ha felicitado de que Vitoria se haya “vestido de negro” este día de 2026 en recuerdo a los hechos de 1976. Ella misma ha mostrado su pañuelo. Una 'neska' ha explicado que “el pañuelo de luto es una tela de memoria con largos hilos que van desde 1976 hasta hoy”. El Celedón Kerejazu ha querido poner en valor al Celedón durante la dictadura, Isasi, por negarse a salir en 1976, aunque luego lo retomó hasta 1979. “Decidió escuchar a Gasteiz. Se alineó con el pueblo”, ha manifestado un Kerejazu que se ha dicho más nervioso en este acto que el día del chupinazo.
Los presentes han gritado 'Herriak ez du barkatuko!' ('¡el pueblo no perdonará!') y, ya al final, '¡Policía asesina!'. Entre el público ondeaba una única bandera. No eran ikurriñas como en el Celedón de 1976. Era una bandera de España roja, amarilla y morada. Este republicano ha gritado también, hasta casi quedarse sin voz, ''¡Martín Villa, asesino! ¡Fraga, asesino!“.