Recusados los jueces Poncela, Cabero y Zulueta del caso de la OPE de Osakidetza y habrá que designar un nuevo tribunal
Los magistrados de la Audiencia Provincial de Álava Jesús Poncela, Elena Cabero y Ana Jesús Zulueta han quedado definitivamente apartados del tribunal que iba a juzgar el caso de las presuntas filtraciones de exámenes en las oposiciones médicas de 2018 del Servicio Vasco de Salud (Osakidetza). Los tres presentaron hace unas semanas su deseo de renunciar, los dos primeros por haber emitido ya resoluciones resolviendo recursos que entraban al fondo del asunto -básicamente la que obligó a reabrir una causa ya cerrada y a celebrar un juicio porque hay indicios de delito- y la tercera por haber sido una de las cuatro instructoras del expediente en la fase de investigación.
En una resolución firmada el pasado 20 de mayo pero conocida ahora y que viene firmada por los jueces Iñigo Madaria, Mercedes Guerrero y Beatriz Eva Román Gobernado, se explica que “examinadas las razones expuestas por los abstenidos para apartarse del conocimiento del asunto” se entiende que “resultan justificadas y necesarias” con el fin de “disipar cualquier recelo sobre la independencia y neutralidad del órgano encargado de la decisión del asunto”.
Se constata que Zulueta “efectivamente intervino en la instrucción”, lo que “impide el enjuiciamiento”. “Se vulneraría el derecho al juez imparcial”, se apunta. Y, sobre Poncela y Cabero, se entiende que la resolución que adoptaron para revocar el cierre prematuro de la causa y elevar a juicio al menos una pequeña parte del sumario, lo relativo al examen de Cirugía Plástica parte de un “estudio detallado y anticipado” de los indicios y un posicionamiento de su “calificación jurídica”.
“En definitiva, el conocimiento previo del proceso, vistas las circunstancias concurrentes, ha determinado un prejuicio susceptible de comprometer su neutralidad que sólo puede remediarse con su abstención”, entienden los colegas de Poncela, Cabero y Zulueta que han revisado el asunto. Sin embargo, ninguna de las acusaciones, ni la Fiscalía ni los sindicatos ESK y LAB, ni tampoco las defensas de las dos personas imputadas, una opositora de Cirugía Plástica y un vocal del tribunal de ese examen con quien tenía lazos familiares, habían considerado necesaria esta cautela.
La consecuencia evidente es que un proceso que lleva ocho años deambulando por los tribunales y que se iba a reactivar esta primavera con al menos la vista previa para el juicio queda de nuevo bloqueado a la espera de que se designe una nueva terna de magistrados. Los exámenes de Osakidetza bajo investigación se celebraron en mayo de 2018. Un mes después, elDiario.es/Euskadi y la Cadena Ser informaron de las primeras denuncias de la existencia de filtraciones. Abarcaban a decenas de categorías y se repetía un patrón común: notas altas y rayanas a la perfección en el caso de aspirantes cercanos a los autores de las preguntas. Una tortuosa instrucción, con cambios constantes de magistradas, ha desembocado en un juicio con todo archivado salvo las incidencias de Cirugía Plástica a pesar de indicios y testimonios en muchas más pruebas como Anestesia, Angiología o Cardiología.
Son dos las personas que se sentarán en el banquillo, la opositora Thais Salas y el doctor Alfredo Martínez Flórez, miembro del tribunal evaluador y pariente en aquel momento de la aspirante. La examinanda logró 48 aciertos de las 50 preguntas realizadas por su allegado, pero bajó a 24 de 50 en la segunda mitad, ya con otra autoría. Era una prueba de alta dificultad y, a pesar del dato de la segunda parte, su nota fue de las más altas, “muy por encima del resto de opositores”.
La Fiscalía ha solicitado dos años de prisión y cinco de inhabilitación para el doctor Martínez Flórez por “filtrar las preguntas” del examen. El ministerio público pide para ella un año de cárcel y el mismo tiempo de inhabilitación, así como la imposibilidad de que obtenga ayudas públicas durante ocho años. LAB y ESK, sindicatos personados como acusación, plantean condenas más elevadas. En un primer momento se barruntó la posibilidad de que los imputados llegaran a un acuerdo para admitir los hechos a cambio de una rebaja sustancial de la condena efectiva pero fuentes de su entorno lo descartan de plano. Su estrategia pasa por defender su inocencia total hasta el final.