Los refugios climáticos de Donostia brindan aire fresco a la Semana Grande: “Se aprende a valorar la naturaleza”
La Semana Grande de Donostia ha buscado novedades en su programación más allá de la clásica combinación de fuegos artificiales y helados. En colaboración con la Fundación Cristina Enea, el programa de 2026 ha reservado un espacio para conocer los refugios climáticos de la ciudad y acercar a los ciudadanos a estos espacios verdes y a su flora y fauna, un plan alejado del clásico cliché de ruido, música y calles abarrotadas de las fiestas vascas.
Del 10 al 14 de agosto, la Fundación Cristina Enea ha realizado visitas guiadas a diferentes refugios. En cada recorrido, los asistentes han podido conocer un poco más sobre el parque, pero, sobre todo, sobre su biodiversidad y su importancia dentro del entorno urbano. Los espacios visitados han sido Aiete, Ametzagaina, Urgull, Cristina Enea y Ulia.
Mientras se recorren estos paisajes verdes, la monitora de la Fundación Cristina Enea explica las diferentes especies de árboles, cómo distinguirlas, su papel en la regulación de la temperatura e incluso algunas normas de urbanismo, como la conocida regla 3-30-300. Esta establece que cada persona debería poder ver al menos tres árboles desde su vivienda, vivir en un entorno con un 30% de cobertura vegetal y tener un espacio verde de al menos una hectárea a menos de 300 metros de su hogar.
La cantidad de asistentes estaba limitada y las reservas se realizaban a través de una página web. Sin embargo, muchas personas no eran conscientes de que era necesario inscribirse y la monitora se encontró con la sorpresa —grata para ella— de recibir a más visitantes de los previstos. El martes, por ejemplo, solo había cuatro personas inscritas para la visita a Ametzagaina, pero finalmente fueron más de 20. Aunque la actividad estaba inicialmente planteada para familias con niños de entre 4 y 10 años, los perfiles fueron muy variados y acabó convirtiéndose en una propuesta para todo público interesado en la naturaleza.
Dos mujeres presentes en la visita del martes cuentan que ya habían participado el día anterior en el recorrido por Aiete. Quieren realizar todas las visitas que puedan porque consideran que es “otra forma de vivir la fiesta”, que les permite disfrutar de “un momento más tranquilo y para aprender” sobre la naturaleza y la ciudad. Ambas coinciden en que este tipo de actividades “deberían hacerlas más seguido”, ya que consideran importante poner en valor estos espacios.
En la misma línea, un padre que acudió a la visita de Ametzagaina con sus dos hijas explica que se trata de “una oportunidad” para disfrutar de la naturaleza “en familia”. De esta manera, asegura, las niñas “aprenden a valorar la naturaleza” desde pequeñas y pueden desconectar de la rutina y del móvil. Después de la visita, reconoce que le gustaría participar en otra junto a sus hijas.
La experiencia en cada parque no solo resulta particular por su biodiversidad. La Fundación Cristina Enea ha querido incorporar también elementos culturales a los recorridos. Durante la visita, un mago o un malabarista aparecía de repente durante unos minutos para entretener a los asistentes con sus trucos. Más adelante, después de un recorrido entre subidas, bajadas y caminos rodeados de vegetación, el grupo barroco de Donostia ponía música al cierre de la actividad, completando una experiencia que permitía alejarse, aunque fuera por unas horas, del ruido y el ritmo de la ciudad.