El primer eclipse en más de un siglo opaca la Semana Grande de Donostia
Desde 1912, la Península Ibérica no había vuelto a ser testigo de un eclipse solar total, pero la tarde de este miércoles ha puesto fin a una racha de más de un siglo. Coincidiendo con el verano y, especialmente, con la Semana Grande de Donostia, parecía inevitable hacer una fiesta en honor al fenómeno. Horas antes, centenares de personas con gafas homologadas –o no– han acaparado el muro y la plaza de Sagüés para ser testigos del doble atardecer que traía consigo el eclipse.
La ciudad integró el evento en su programación oficial, aunque la actividad institucional de EITB en Sagüés ha funcionado más como telón de fondo que como motor de la cita. La gente se ha organizado por su cuenta, ocupando cada espacio del muro, mientras la tarima oficial se limitaba a proyectar el avance de la Luna y a recordar insistentemente el uso correcto de las gafas homologadas.
Previo al eclipse, en la plaza de Catalunya, los más pequeños participaban en la expedición de “pasaportes de astronautas”. Entre simuladores de eclipses, magos e hinchables, las familias hacían cola para que los niños pintaran sus propias gafas de papel y aprendieran un poco más sobre este evento astronómico. Una familia le comenta a este diario que les ha parecido una “buena forma” de entretener a los niños y, a la vez, explicarles un fenómeno que no habían vivido anteriormente.
A medida que se acercaba la hora, Sagüés recibía a más y más personas que querían disfrutar del eclipse. La experiencia visual ha dejado huella entre los asistentes, que destacaron la “curiosidad” de ver cómo el entorno se transformaba por completo. Un joven describe con asombro el primer atardecer del día, seguido del segundo amanecer, en cuestión de minutos. Incluso le ha resultado “gracioso” ver cómo las gaviotas han abandonado repentinamente la Zurriola durante el eclipse, como si creyeran que se había hecho de noche.
Sin embargo, no todo fue calma. Una joven donostiarra señalaba la “compra desesperada” de gafas protectoras durante los días previos, comparándola con el acopio de papel higiénico durante la pandemia de la COVID-19. La saturación de advertencias sobre el peligro para la vista le generó “un poco de estrés”, pero no el suficiente para quitarle las ganas de contemplar el eclipse con sus gafas.
El fenómeno duró apenas unos minutos, segundos, podría decirse. En Donostia, además, el eclipse alcanzó una ocultación del 99%, por lo que el Sol no llegó a quedar completamente cubierto, a diferencia de en Vitoria o Bilbao. Tras los aplausos y las celebraciones, muchas personas comenzaron a abandonar la plaza inmediatamente, algo que lamentó un residente boliviano: “La gente no ha valorado tanto el momento”. Él, en cambio, se había ilusionado a última hora, ya que se había enterado esa misma mañana de que habría un eclipse.
Al caer definitivamente la noche, Donostia ha recuperado el curso habitual del día con el rutinario atardecer, y la Semana Grande ha reanudado sus actividades con un poco de música sobre el escenario. Y, por supuesto, fuegos artificiales en La Concha y helados. Los eclipses de 2027 y 2028 en España no se podrán ver con la misma intensidad en Euskadi.
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