Euskadi despide el verano más cálido y el segundo más seco de su historia e inicia un otoño de altas temperaturas
Este martes, formalmente, ha terminado el verano. El de 2026, en Euskadi, estuvo marcada por el calor y la sequía. Ha sido el más cálido desde que hay datos y el segundo más seco desde 1961, el año en el que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) comenzó a registrar la información, según ha explicado este martes el delegado territorial, Enric Armengol.
Uno de los episodios más destacados llegó justo al inicio con la ola de calor entre el 22 y el 24 de junio, cuando las tres provincias superaron los 40 grados. El 24 de junio, último día del episodio provocado por una intrusión de aire sahariano y una dorsal subtropical, fue el día más caluroso de todo el verano. El calor también se prolongó durante las noches, con temperaturas mínimas por encima de los 20 grados (noches tropicales) y récords especialmente destacados en algunos puntos.
En Hondarribia, de las 92 noches del trimestre estival, 51 fueron tropicales, más del doble que el récord anterior, de 25 noches en 2022. En el observatorio de Igeldo se contabilizaron 31 noches de este tipo, frente a las 13 del anterior máximo, registrado en 2003.
La falta de lluvia ha sido otro de los rasgos de este verano. Las precipitaciones apenas alcanzaron el 45% de la media habitual en el conjunto del territorio. A pesar de la sequedad y de episodios concretos como el incendio de Galarreta, en Álava, Armengol ha señalado que la cantidad y la intensidad de los incendios forestales registrados durante el verano no han alcanzado niveles preocupantes para los servicios de emergencia. Euskadi solamente dispone de un helicóptero para ello y desde fechas muy recientes. Lo comparten las tres diputaciones y el Gobierno vasco.
El calor también ha tenido consecuencias sobre la salud. El 85% de los fallecimientos atribuidos a las altas temperaturas se concentró entre la población de mayor edad. Ante esta situación, Armengol ha advertido de que Euskadi “no está adaptada” a estas temperaturas. Además, el delegado de el AEMET ha señalado que ni las infraestructuras están preparadas para afrontar las consecuencias de un clima cada vez más 'mediterranizado'.
Un otoño todavía cálido
Las previsiones para las próximas semanas apuntan a que las temperaturas seguirán por encima de lo habitual. Los modelos meteorológicos prevén que la anomalía de calor se mantenga durante las próximas seis semanas y señalan, con una probabilidad superior al 70%, que septiembre y octubre se situarán en el tercil superior de la serie estadística, es decir, entre los más calurosos.
En cuanto a las lluvias, los modelos apuntan a volúmenes cercanos a los valores normales para el otoño. Sin embargo, hay un factor que preocupa especialmente: la temperatura del mar, que acumula un exceso de 2,9 grados respecto a la media histórica. Armengol ha advertido de que esto puede ser “el combustible de la inestabilidad”, puesto a que ocasiona que el aire caliente puede contener más humedad y que las precipitaciones pueden producirse “con más fuerza”, dando lugar a episodios torrenciales e inundaciones.
Aunque queda lejos aún y sus previsiones son más inexactas, el AEMET también contempla de que el invierno continuaría manteniéndose como caluroso y que se repitan cambios bruscos entre irrupciones de aire cálido y frío. Ante esta evolución del clima, Armengol ha insistido en la necesidad de actuar sobre la causa del problema mediante la “descarbonización de la atmósfera” y ha remarcado que “hay que preocuparse y tomar medidas de adaptación”.
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