El rastro de Corea del Norte en el mayor robo de la historia: quién es Park Jin Hyok, el hacker más buscado del mundo
Corea del Norte es un régimen aislado. Asfixiado por las sanciones internacionales y con unas fronteras clausuradas desde la pandemia, su comercio exterior oficial es prácticamente inexistente. Así, ¿cómo puede un régimen paria no solo subsistir, sino también financiar un costoso programa armamentístico que incluye misiles balísticos y arsenal nuclear? El apoyo de socios como China y Rusia es clave, pero el arma secreta de Pyongyang está en el ciberespacio. Internet, totalmente censurado para su población, se ha convertido en su salvavidas.
Tal y como documenta el Grupo de Expertos de la ONU sobre Corea del Norte, cuyas investigaciones se detuvieron en 2024 por el veto de Rusia, el régimen de Kim Jong-un ha construido una estructura nacional dedicada a los ciberataques y al espionaje. Ha convertido el desfalco de criptomonedas, la extorsión digital y la venta de herramientas para el cibercrimen en una de sus principales fuentes de ingresos, apoyado en unidades de élite que trabajan al servicio de diversos brazos del gobierno.
El rastro de sus hackers aparece en los 6.300 millones de dólares (unos 5.650 millones de euros) sustraídos a la criptoplataforma Binance a finales de octubre. El mayor robo de un solo golpe de la historia. Detrás, un nombre tristemente familiar para los investigadores: Park Jin Hyok.
El rostro del cibercrimen norcoreano
En el cartel de los más buscados del FBI, el rostro de Park Jin Hyok aparece enmarcado en una fotografía de carné con fondo azul, chaqueta marrón y camisa oscura. Ni siquiera la inteligencia estadounidense sabe decir qué edad tiene, aunque sitúa su fecha de nacimiento en algún momento entre 1981 y 1984. En los archivos policiales figura bajo múltiples identidades: desde variantes de su nombre real hasta alias como Kim Hyon Woo, Andoson David o Watson Henny.
La descripción que hace de él el FBI está lejos de quitarle méritos. “Park Jin Hyok es un programador informático norcoreano presuntamente patrocinado por el Estado y acusado de formar parte de una trama criminal responsable de algunos de los ciberataques más graves de la historia”, dice su ficha. El asalto a Binance del pasado 29 de octubre ha devuelto su nombre a la primera línea de las investigaciones internacionales.
El FBI no ha presentado una acusación individual contra Park por este golpe específico, preparado durante meses y que incluyó entrevistas de trabajo falsas a los ingenieros de Binance hasta lograr hackearlos. El aviso emitido por la agencia estadounidense atribuye esa operación a TraderTraitor. Así denomina Washington a una de las caretas que utiliza el conocido grupo Lazarus (APT38, en los registros de ciberseguridad). Es exactamente la misma conspiración criminal que Park lidera, según la acusación del Departamento de Justicia estadounidense.
Todo empezó con una venganza
El estreno de Park en las grandes operaciones internacionales documentadas por Estados Unidos llegó en noviembre de 2014 con el ataque contra Sony Pictures Entertainment. El detonante fue The Interview, una comedia de Hollywood sobre un complot de la CIA para asesinar al líder norcoreano Kim Jong-un. Pyongyang calificó la película de “locura provocativa e imprudente de EEUU” y en octubre envió una carta al Consejo de Seguridad Nacional estadounidense advirtiendo de que los responsables de difamar a su liderazgo recibirían “la debida represalia”.
La venganza se gestó desde septiembre de 2014. Utilizando cuentas falsas, el grupo de Park rastreó a ejecutivos de Sony y a los actores de la película. Les enviaron enlaces con código malicioso camuflados como alertas de seguridad de Facebook, currículums de estudiantes de diseño o supuestas galerías de fotos de famosos desnudos. Cuando los infectaron, saltaron a los sistemas internos de Sony. Entonces desataron el caos.
El equipo de Park configuró el hackeo para borrar el registro de arranque de miles de ordenadores de la compañía y bloquear sus pantallas con un audio de seis disparos y un grito. Después filtraron películas inéditas, datos financieros confidenciales y correos electrónicos privados de la dirección. Sony se vio obligada a desconectar unos 8.000 ordenadores. Para los investigadores, fue la primera gran demostración de cómo Corea del Norte iba a utilizar los ciberataques como instrumento de represalia geopolítica.
El salto al dinero y los trabajadores falsos
Mientras ejecutaban el sabotaje contra Sony en octubre de 2014, las mismas cuentas operativas controladas por el grupo de Park empezaron a rastrear bancos en Bangladés. Lo que comenzó como una herramienta de represalia política se transformó en una vía para saquear el sistema financiero internacional y obtener divisas fuertes para un Estado asfixiado por las sanciones.
En enero y febrero de 2015, desde direcciones de correo falsas conectadas directamente con la infraestructura de Park, los hackers enviaron mensajes a empleados del Banco Central de Bangladés haciéndose pasar por un aspirante a un puesto de trabajo llamado Rasel Ahlam. “Estoy sumamente entusiasmado con la idea de formar parte de su empresa y espero que me den la oportunidad de presentar mi caso con más detalle en una entrevista personal”, decían los correos, que adjuntaban un enlace para descargar un supuesto currículum. Al menos tres trabajadores descargaron el archivo trampa.
Estoy sumamente entusiasmado con la idea de formar parte de su empresa y espero que me den la oportunidad de presentar mi caso con más detalle en una entrevista personal
Los intrusos permanecieron ocultos dentro de la red del banco durante casi un año, avanzando lentamente para no levantar las sospechas de sus equipos de ciberseguridad. En enero de 2016, alcanzaron la pasarela informática con la que la entidad se conectaba a la red interbancaria mundial SWIFT. La aprovecharon para enviar órdenes de transferencias fraudulentas con las que lograron sustraer 81 millones de dólares. Solo los cazaron porque un apagado accidental de los servidores del banco inutilizó uno de los programas que utilizaban para ocultarse.
Pero lo más valioso que obtuvieron fue el método. En los años siguientes, el grupo de Park lanzaría el ataque del falso aspirante contra bancos de Vietnam, Filipinas, Polonia, México, Sudamérica y África. La cuantía de los desfalcos nunca ha sido totalmente reconocida por las entidades, pero se estima en varios cientos de millones de dólares que, tras el debido proceso de blanqueo, acabaron en Corea del Norte.
El devastador WannaCry
La tercera etapa en el historial atribuido a Park y sus cómplices llegó el 12 de mayo de 2017 con WannaCry. Fue un ataque global de ransomware (secuestro de datos) que desató el caos a escala mundial. El programa cifraba los archivos de los ordenadores infectados y exigía un rescate de 300 dólares en bitcoins para devolver el acceso, una extorsión que se propagaba de forma automática y llegó a infectar más de 200.000 equipos en más de 150 países.
Está considerado el mayor ciberataque contra el público general de la historia y el primer gran aviso de que, en un mundo donde todo está conectado, todo se vuelve vulnerable. Cayeron hospitales, instituciones públicas, sistemas críticos, universidades y todo tipo de empresas. La recuperación se extendió durante meses, con incontables archivos que se perdieron para siempre.
La investigación reveló que solo unos cientos de víctimas pagaron, sumando un botín total de 140.000 dólares. Eso sí, WannaCry no tenía ningún mecanismo para desencriptar los archivos tras el pago, convirtiéndose también en el primer gran ejemplo de por qué nunca hay que aceptar los chantajes de los ciberdelincuentes. Otro detalle a menudo olvidado es que el programa de ataque de Park y su equipo se basó en una herramienta de explotación de vulnerabilidades desarrollada por la NSA.
Un estándar para ciberatacar
WannaCry fue el punto que permitió al FBI desenmascarar a Park y trazar su trayectoria. “En suma, el alcance y los daños de las intrusiones informáticas perpetradas y provocadas por los sujetos de esta investigación, incluido Park, son prácticamente incomparables”, reza la orden de arresto contra él emitida en 2018, que se ampliaría posteriormente en 2020: “debe ser considerado un riesgo internacional”.
Nunca será detenido mientras el régimen de Kim Jong-un siga en pie. La investigación estadounidense une los actos de Park a las acusaciones contra el país. “El gobierno norcoreano, a través de un grupo patrocinado por el Estado, robó un banco central y a ciudadanos de otras naciones, tomó represalias contra la libertad de expresión para coartarla al otro lado del planeta y creó un malware destructivo que afectó indiscriminadamente a víctimas en más de 150 países, causando daños por valor de cientos de millones, si no miles de millones, de dólares”, acusó el entonces fiscal de Seguridad Nacional, John C. Demers.
Tras WannaCry, Corea del Norte industrializó la fórmula empleada por Park y su equipo, centrándose en las plataformas de criptomonedas. Ingeniería social, falsas ofertas de empleo, robo de credenciales y meses de subterfugio antes de vaciar la caja. El mismo modus operandi denunciado ahora por Binance. Lo que comenzó hace una década como una operación de venganza por una comedia de Hollywood se ha convertido en el banco central en la sombra que financia los misiles y el arsenal nuclear de Pyongyang.
0