Rubén Blades encanta al Mendizorroza con nostalgia y política en sus clásicos de salsa durante el Jazz de Vitoria

La expectación por ver a Ruben Blades era tal que el cartel de “sold out” colgaba de las taquillas desde hacía una semana. El Polideportivo de Mendizorroza se transformó en pura celebración con la llegada del cantante, acompañado por la potente Roberto Delgado Big Band. Fue una velada de casi tres horas de actuación que conectó la tradición de la salsa con la energía del público, destacando reflexiones políticas y carisma del icónico de salsa.

El ambiente en el pabellón, cargado de una energía colectiva, comenzó a caldearse con la propuesta de Magalí Sare y Manel Fortià, que, con una voz juguetona y un talento innegable en el contrabajo,cautivaron al público. “Kaixo Gasteiz”, saludaron al público los intérpretes de Barcelona y Girona, respectivamente, para abrir su presentación de una hora llena de reinterpretaciones del folklore iberoamericano. El dúo carismático y amable amenizaron la espera de Blades con una versión catalana de ‘Volver’, la emblemática ‘Tonada del cabestrero’, en honor a Venezuela, y la alegre ‘Menorca’, con un estilo ranchero que divirtió a todo el Mendizorroza.

Tras un magnífico preámbulo, un inicio instrumental de la Roberto Delgado Big Band preparó el terreno para la entrada triunfal del ícono. Mientras caminaba hacia el centro, la banda comenzaba a transicionar a la composición de ‘Plástico’, uno de los mayores éxitos de Blades conjunto a Willie Colón. Acabado ese inicio triunfal, fue cuando Blades lanzó una confesión que dotará de sentido a todo el repertorio de la noche: “Tengo más pasado que futuro”.

Esa mirada retrospectiva y llena de nostalgia no estuvo exenta de su característico interés político, dejando clara su intención de transmitir ideales de justicia al público gasteiztarra. Recordó cómo dejó la música durante cinco años para trabajar en la política de Panamá con ‘País portátil’, e insistió en la importancia de solventar “las causas de la migración” con su tema ‘Emigrantes’.

La noche viajó por la vida de Ruben Blades y por sus grandes éxitos, desde ‘Paula C’, escrita en 1978 en Nueva York sobre su primer gran amor, hasta el arreglo jazzístico de ‘Ya no me duele’. El punto de inflexión emocional se alcanzó con ‘Amor y control’, escrita debido al duelo por su madre fallecida, acompañada por ‘Fotografías’ y ‘Todos vuelven’.

El compromiso social de Blades volvió a aflorar con ‘Ligia Elena’, que aprovechó para criticar el racismo y lanzar dardos contra Donald Trump, acusándolo de “estúpido”, “sin ni una onza de espírutu”. Manteniendo esa línea, el cantante rindió homenaje a Venezuela, donde recientemente se vivió un doblete sísmico, con ‘María Lionza’, canción que narra la historia de una mujer de Yaracuy y que cobró especial relevancia en este contexto.

La recta final del concierto, que se extendió por casi tres horas en total, fue una sucesión de himnos como ‘El Cantante’ y ‘Juan Pachanga’. Al llegar a ‘Maestra vida’, Blades reflexionó sobre cómo una canción escrita a los 28 años adquiere una nueva dimensión ahora que tiene 78, generando retrospectiva sobre el paso del tiempo y los aprendizajes. Blades dejó uno de sus grandes éxitos para el final: ‘Pedro Navaja’. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, coreaba el público con especial ilusión, mientras el artista panameño se tomó una selfie y grabó vídeos con el público gasteiztarra de fondo.

Al prenderse las luces de Mendizorrotza, quedó en el aire la sensación de haber asistido a mucho más que un concierto de salsa. La propuesta de Blades, con su mezcla de rigor artístico y compromiso social, recordó que la música es un vehículo para la memoria y la ética.