Innovación con propósito: el desafío de poner la tecnología al servicio de la sociedad y no solo de los mercados

elDiario.es

4 de junio de 2026 11:54 h

0

Bajo el título ‘Innovación con propósito: transferir conocimiento para mejorar la sociedad’, la primera mesa del ‘I Foro Impacto. Innovación con propósito’, organizado por elDiario.es, arrancó con una premisa clara: la tecnología no debe ser solo una ventaja competitiva para unos pocos, sino una herramienta de igualdad real. 

La mesa comenzó abordando, en primer lugar, los obstáculos para democratizar la innovación. Carlos de la Cruz Molina, director de tecnología e internacionalización del CDTI, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, rompió el hielo señalando que el talento en España es abundante, pero el problema es de dimensión. “Actualmente no se pueden hacer innovaciones locales, hay que innovar a nivel global porque todas las tecnologías se mueven muy rápido por todo el mundo”, afirmó De la Cruz, subrayando que tras la guerra de Ucrania, a los retos verde y digital se han sumado la seguridad y la soberanía tecnológica. 

Por su parte, Yolanda Rueda, presidenta de la Fundación Cibervoluntarios, puso el foco en la necesidad de que la innovación nazca de la escucha activa. Para Rueda, el gran desafío es que la ciudadanía deje de ser solo una usuaria pasiva para convertirse en proponente. “El gran reto que tenemos en la innovación precisamente es que podamos estar atendiendo a las necesidades, y eso solo es posible si ponemos a la ciudadanía en el centro del diseño de esas innovaciones”, defendió. También advirtió sobre la barrera del lenguaje técnico: “Por muy bueno que sea el servicio, las personas no lo entienden... por la forma en la que se tiene de llevar esa comunicación”. 

José Luis Moreno de Castro, gerente de innovación de Ecoembes, apeló al “poder de la colaboración” para conectar la ciencia con la empresa. Según Moreno, el éxito reside en una triple derivada: valor económico, social y medioambiental. “Tenemos que hacernos entender mucho mejor con el ciudadano; los ingenieros, físicos y sociólogos debemos esforzarnos en que se nos comprenda mejor”, admitió, retomando la barrera del lenguaje y señalando la conexión entre industria y ciencia como el mayor reto actual. 

Ciberoptimismo frente a las Big Tech

Ya avanzada la conversación, surgió la preocupación por la concentración de poder en el sector digital. Yolanda Rueda se definió como “ciberoptimista”, recordando que internet ha facilitado el mayor intercambio de conocimiento de la historia, pero mostró su inquietud por cómo el poder se ha concentrado en pocas manos. “Hemos pasado de ser internautas que navegábamos y descubríamos a ser usuarios... necesitamos una soberanía digital ciudadana donde pasemos a ser agentes activos”, reclamó, denunciando que el tercer sector ha tardado en digitalizarse para frenar discursos como el de que “la privacidad ha muerto”. 

Siguiendo esta misma línea, Carlos de la Cruz destacó que España no ha perdido el tren de las “tecnologías profundas”, como la IA, la biotecnología o el software, pero admitió la complejidad de competir con gigantes de EEUU o China. La clave, según el representante del Ministerio, es la soberanía tecnológica europea basada en principios propios. “Capacidades de desarrollo, tenemos, no me preocupa; lo que necesitamos es que esos desarrollos tengan una implantación real en la Unión Europea con nuestros principios europeos”, explicó. 

José Luis Moreno añadió un punto de orgullo nacional al señalar que España es pionera en reciclaje y tecnologías para ciudades inteligentes. “Tenemos que ser más valientes como industria a la hora de ir a Europa a vender nuestras capacidades... a veces parece que lo que viene de fuera es lo mejor y tenemos muchas cosas que explicar al resto”, alentó. 

Ética, algoritmos y huella ecológica

Uno de los momentos más intensos de la charla llegó con la discusión sobre la ética en los algoritmos. Ante la pregunta de si es posible controlar que los avances técnicos respeten los derechos humanos, los ponentes fueron tajantes. “No solo es posible, sino que hay que hacerlo. Si no, estaremos generando herramientas que dejarán a mucha gente fuera o con sesgos”, sentenció Rueda.  

De la Cruz recordó que el nuevo Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE ya prohíbe sistemas de “riesgo inaceptable” que atenten contra la democracia. Aunque las multas a multinacionales son millonarias, reconoció que las empresas a veces las asumen como un coste más, por lo que Rueda insistió en la importancia del pensamiento crítico. Moreno, por su parte, pidió no caer en el catastrofismo: “Desde la invención de la imprenta siempre hemos tenido miedo a las cosas nuevas. Lo más importante es dar herramientas a la gente para que elabore su propio criterio”. 

El impacto medioambiental de la IA también ocupó un lugar central en el debate. “Si comparamos la IA con el con el ser humano, el ser humano consume muy poca energía y toma decisiones con muy poquitos datos, yo creo que somos mucho más eficientes que la IA”, resolvió De la Cruz, que advirtió sobre el enorme consumo de agua y energía de los centros de datos: “La IA se ha convertido en una herramienta necesaria, pero nos tenemos que plantear si no estamos despilfarrando recursos... a lo mejor hay que madurar y dejar de jugar a determinados juegos”. Moreno coincidió en la necesidad de usar la tecnología con responsabilidad, revelando que incluso el diseño de un prompt tiene un coste ecológico en tokens, que se traduce en consumo energético. 

Para cerrar la mesa, los participantes coincidieron en que la rentabilidad económica y el impacto social no están reñidos. Rueda destacó cómo muchos jóvenes emprendedores sociales están surgiendo al identificar necesidades reales en sus comunidades. Carlos de la Cruz confirmó esta tendencia: “En nuestra convocatoria Neotec para empresas de base tecnológica vemos que cada vez hay más emprendimiento relacionado con fines sociales. A la gente le gusta saber que lo que hace vale para algo”. Sin embargo, José Luis Moreno aseguró que retener el talento que haga posible esta visión es hoy más difícil que hace 20 años, debido a que la movilidad es extrema.

La mesa finalizó con un reconocimiento a la “masa científica” de España, personas que, en palabras de Moreno, “nunca paran de estudiar” para que la sociedad avance.