Objetivo: formar hoy el talento del mañana
La primera edición del Foro Impacto de elDiario.es invitó a reflexionar, de la mano de los mejores expertos, sobre la transformación del modelo productivo español a través del conocimiento. En ese contexto, la segunda mesa del encuentro, titulada ‘Cerrar la brecha: formar hoy el talento del mañana’, reunió a Ana María Aguilar Manjón, del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE); Francis Blasco, decana de la Facultad de Comercio y Turismo de la Universidad Complutense de Madrid, y Rafael Puyol, presidente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Una interesante charla que estuvo moderada por la periodista de elDiario.es Laura Olías, que situó el debate en el impacto social de la transformación del empleo.
“En un mercado laboral transformado por la investigación y la vanguardia, esta mesa trata de analizar cómo garantizar el acceso a la alta cualificación y a las profesiones de futuro de manera que no sea un nuevo factor de exclusión social”, introdujo Olías. “El aprendizaje continuo ha de ser un motor de la igualdad de oportunidades”, añadió.
Un cambio de modelo
La primera pregunta del debate giró en torno a si España está inmersa en un cambio de modelo productivo. Para Ana María Aguilar, del SEPE, la respuesta es positiva, aunque matizada. “España ha comenzado a trabajar un cambio en el modelo productivo, apoyado en el talento, el conocimiento y la cualificación”, señaló, destacando el crecimiento de los perfiles STEM (iniciales de) y la expansión de los servicios avanzados.
Sin embargo, advirtió de que el proceso es todavía incipiente. “El recorrido es corto”, apuntó, en referencia a un cambio que se ha reforzado con la Ley de Empleo 3/23, pero que todavía presenta importantes desequilibrios. El principal, explicó, es la necesidad de que la transformación llegue no solo a los perfiles altamente cualificados, sino también a quienes requieren recualificación. “No basta con que crezca el empleo de alto valor añadido”, insistió.
Aguilar subrayó además el desajuste entre oferta y demanda laboral. “Existen lugares donde hay mayor demanda de empleo que no cuadra con la oferta disponible”, explicó, situando ahí una de las principales líneas de actuación del SEPE: la intermediación y la formación orientada a la empleabilidad real. “Nuestro empeño es que el éxito de la transformación no solo se centre en la generación de talento, sino también en el trabajo con las empresas”, añadió.
Desde la universidad, Francis Blasco planteó el debate en otros términos. Más que hablar de si existe suficiente talento formado, propuso preguntarse si ese talento responde a las necesidades reales de la economía. “¿Tenemos suficiente talento para dar respuesta a un sector de alto valor productivo?”, se preguntó. Para la decana, el foco no debe limitarse a los sectores tecnológicos, sino a la productividad del conjunto del sistema económico. “La economía real se basa en que haya una alta productividad en todos los sectores”, defendió.
Blasco reivindicó el papel de las competencias técnicas en todos los ámbitos, no solo en los más innovadores. “Soy defensora de las ‘hard skills’, del conocimiento de cómo funcionan las cosas”, señaló, poniendo como ejemplo la transformación tecnológica del sector primario. “La agricultura de hoy no tiene nada que ver con la de hace 20 años”.
El objetivo, según defendió, no es concentrar el talento en unos pocos sectores, sino extenderlo a todo el tejido productivo. “No se trata de renegar de los sectores, sino de hacerlos más productivos y competitivos”, resumió.
Rafael Puyol, por su parte, aportó una visión estructural del problema desde la universidad. “Formamos cada vez más talento, indudablemente. ¿Pero el que necesita el tejido empresarial? No siempre”, afirmó. El presidente de UNIR señaló el déficit de titulaciones STEM y la baja presencia femenina en estos ámbitos, pero también un factor menos visible: la distancia entre vocación y empleabilidad. “Los estudiantes eligen su carrera por motivos vocacionales, no por criterios de empleabilidad”, explicó.
A ello se suma la fuga de talento cualificado. “Hay alrededor de 400.000 españoles trabajando fuera: médicos, ingenieros, investigadores…”, apuntó. Un volumen que consideró significativo en un contexto de creciente necesidad de perfiles especializados. Además, advirtió de un problema demográfico de fondo: a partir de 2030, la universidad española empezará a recibir cohortes más reducidas debido a la caída de la natalidad. “Vamos a formar menos talento del que vamos a necesitar”, resumió.
El debate incorporó después la dimensión del desajuste estructural del mercado laboral español. Aguilar subrayó la llamada “paradoja” de convivir con altas cifras de desempleo y puestos sin cubrir. “El principal problema es el desajuste entre las competencias que se ofrecen y las que demandan las empresas”, explicó. En su análisis, el déficit no se concentra tanto en los niveles universitarios como en la formación intermedia. “La carencia significativa está en perfiles de grado medio, especialmente en Formación Profesional”, señaló.
Retención del talento y el papel de la IA
En el tramo final, la conversación se centró en cómo retener el talento. Puyol apuntó directamente a las condiciones del mercado laboral. “Si la temporalidad fuera menor y las remuneraciones y condiciones fueran mejores, no perderíamos ese talento”, afirmó. También diferenció entre movilidad temporal y fuga definitiva. “Si se van, adquieren experiencia y vuelven, no hay problema. Pero si se van de forma permanente, estamos perdiendo un talento que vamos a necesitar cada vez más”, advirtió.
El cierre del debate estuvo marcado por el papel de la inteligencia artificial en el futuro del empleo y la formación. Para Ana María Aguilar, la IA “abre una oportunidad enorme” y ya está transformando los entornos laborales al eliminar tareas repetitivas y automatizar procesos. Sin embargo, advirtió de la necesidad de ajustar su regulación en el ámbito del empleo. “Aunque se cumplan los estándares normativos, existen brechas en aplicaciones de selección de personal que deben superarse para evitar sesgos y exclusión”, señaló.
Francis Blasco subrayó el impacto en el tejido empresarial. “La empresa tiene que ser capaz de realizar las inversiones necesarias para adaptarse a la IA, que puede mejorar muchísimo la productividad”, afirmó, aunque advirtió de que el reto es desigual entre sectores. “Las universidades estamos preparadas; veremos si el mercado laboral también lo está”.
Por su parte, Rafael Puyol defendió que la IA ya es imprescindible en el ámbito universitario, pero advirtió de cinco condiciones clave: formación del profesorado, financiación adecuada, democratización del acceso, control del consumo energético y definición de un marco ético. “Cuando se cumplan esas condiciones, la inteligencia artificial va a revolucionar cualquier tarea universitaria”, concluyó.