La Escuela Infantil Santa Bárbara de Aldea Moret se rebela contra el olvido con arte y dignidad comunitaria
En la Travesía Artesanos s/n de Aldea Moret —un barrio con una profunda historia vinculada a la minería que ha condicionado de forma decisiva su desarrollo demográfico, económico y cultural—, la educación pública de primera infancia busca hacerse oír. La Escuela Infantil Santa Bárbara, dependiente de la Consejería de Educación y Formación Profesional, ha lanzado una ofensiva comunitaria para ponerse en el mapa de Cáceres y exigir a las administraciones un entorno urbano digno para sus niños y niñas de 0 a 3 años y sus familias.
Ubicada en una vía con muy poca afluencia de personas que resulta desconocida para buena parte del vecindario de Cáceres, la escuela ha decidido romper con esa invisibilidad a través del arte. Para lograrlo, el centro retomó el contacto con Ana Claudia Domínguez Domínguez, una antigua alumna e hija de una de las trabajadoras de la casa. Ana Claudia, que hoy cursa la carrera de Bellas Artes en la Universidad de Granada, dio sus primeros contactos con el pincel en esta misma escuela junto a su TEI (Técnica Educativa en Educación Infantil) Amparo.
Hoy, la joven creadora ha vuelto a la que fue su primera escuela para regalarle un gran mural en la puerta exterior. La obra refleja con fidelidad la identidad del centro: una escuela que atiende a la primera infancia, abierta a la diversidad, con gusto por el arte y plenamente integrada en la naturaleza, cuidándola y disfrutando de ella. Para plasmar esta esencia, Domínguez ha utilizado una estética con trazos muy parecidos a los que emplean los niños y niñas en sus propios dibujos, pero aportando su particular visión artística.
Abandono institucional frente a las puertas del centro
El colorido de la fachada contrasta con la realidad del entorno exterior. Si bien la Travesía Artesanos permite a las familias aparcar sin ningún problema para dejar y recoger a sus hijos, la calle padece una acusada falta de cuidados y mantenimiento.
La comunidad educativa ya ha comunicado directamente sus demandas al Ayuntamiento de Cáceres para exigir actuaciones inmediatas en la zona. Entre sus principales reclamaciones se encuentran la reparación urgente del pavimento de la vía, la puesta en marcha de planes de limpieza y cuidado continuo tanto de la calle como de sus inmediaciones, y la intervención prioritaria en el antiguo edificio donde se realizaban los exámenes de conducción, un inmueble desatendido que degrada la imagen y el entorno del centro.
“Queremos poner en el mapa nuestra Escuela y, por ende, las familias se merecen un mayor cuidado del acceso a las mismas”, denuncian desde el centro público, recordando que la calidad de la enseñanza pública debe ir acompañada de un entorno urbano limpio y seguro.
Un modelo familiar, verde e intergeneracional
Frente a la desatención del espacio exterior, el interior de la Escuela Infantil Santa Bárbara funciona como una comunidad educativa estrechamente unida. Al ser una escuela pequeña, de una sola línea y con tan solo tres clases, el ambiente es abiertamente familiar. Todo el personal conoce perfectamente al alumnado y a sus familias, lo que permite atender y adaptarse con agilidad a sus necesidades específicas. Este arraigo provoca que, pasados los años, los antiguos alumnos sigan visitando el centro y que muchas familias continúen trayendo a sus familiares y conocidos.
A su vez, el proyecto pedagógico del centro explota al máximo sus recursos espaciales y sociales mediante una estrecha conexión intergeneracional. La escuela comparte recinto exterior con el Centro de Día 'Francisco Chanclón', instalación con la que realizan actividades compartidas de forma periódica y celebran de la mano las distintas festividades del año entre los más pequeños y los mayores del barrio.
Asimismo, el centro promueve la educación al aire libre y el contacto permanente con el medio natural. La escuela cuenta con un gran espacio exterior que permite a los pequeños pasear y descubrir los cambios de las distintas estaciones del año, además de disfrutar del juego libre en su gran patio, su arenero o participar en actividades de agua durante la temporada de verano.