OPINIÓN

Bruselas va a flipar con Cáceres: pero, ¿quién no desea que Cáceres sea Capital Europea de la Cultura?

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Parece ser que la sola propuesta ha obrado el milagro de fusionar las voluntades de todo Cáceres en un idilio colectivo, donde las ideologías y los barrios se disuelven en un río de entusiasmo social. ¿Quién no desea que Cáceres sea Capital Europea de la Cultura?

Hasta los activistas de Cáceres Verde han dejado a un lado sus reticencias al contemplar el vanguardista proyecto del Ayuntamiento para la avenida Virgen de la Montaña. ¿A quién le importan unos cuantos árboles maduros de gran porte o los frondosos setos de durillo cuando, a cambio, la diplomacia local nos regala una majestuosa “acera-plaza” de catorce metros de ancho, pavimentada con el material más puntero del siglo XXI: el hormigón? El jurado de Bruselas quedará fascinado ante esta revolucionaria deconstrucción del refugio climático del centro.

Incluso los asociados de AMECECA, una organización cacereña dedicada a la recuperación de la memoria histórica y democrática, apoyan la candidatura a pesar de haber visto que el monumento más urgente para sumarse al olimpo del patrimonio local sea la Cruz de los Caídos de la Plaza de América. Qué mejor carta de presentación ante la Comisión Europea que iniciar los trámites para declararla Bien de Interés Cultural (BIC).

A partir de ahora, este polémico monolito comparte con orgullo el mismo estatus legal que las grandes joyas históricas de la ciudad, codeándose en igualdad de condiciones con el Conjunto Histórico de la Ciudad Monumental, las murallas milenarias o las Cuevas de Maltravieso.

Hasta las personas que colaboran en el Refugio San Jorge de Cáceres, como asociación animalista que se desvive por el bienestar de las criaturas indefensas, asimilan con tristeza cómo el Ayuntamiento de Cáceres considera el maltrato de animales en la Plaza de Toros como uno de los grandes hitos artísticos y eventos culturales de primer orden.

Tristeza que se acrecienta al conocer que la Junta de Extremadura, gobernada por la coalición PP y Vox, ha elevado el presupuesto destinado a la tauromaquia en un 500% hasta los 1,78 millones de euros, de ellos, 550.000 € para la difusión cultural. Nos tememos que, después de la Cruz de los Caídos, será la tauromaquia la que se tramite como Bien de Interés Cultural; sin duda, una magnífica credencial taurina para encandilar a un jurado europeo que, supuestamente, mide la excelencia de una ciudad por sus valores de sostenibilidad, progreso y sensibilidad ética.

Incluso las colaboradoras y colaboradores de la Fundación ReBross, institución sin ánimo de lucro que sostiene a pulso nada menos que cinco proyectos culturales en la ciudad. Es una estampa de resignación ver cómo se asimila que la mejor forma de premiar su impecable trayectoria —que desde 1993 incluye el alumbramiento de la icónica revista Versión Original, el aplaudido Festival de Cine Español de Cáceres, la colección de libros Versión Original, que el año que viene celebra su 25 aniversario, el Congreso Versión Original, centrado en el periodismo cultural, que presentará su tercera edición, y el recién nacido CineClub Cáceres— sea, precisamente, asfixiarlos financieramente.

De los cinco proyectos, el Consistorio solo colabora en el Festival de Cine con una ayuda congelada desde hace años que ignora la subida del IPC, sabiendo todos que la revista Versión Original dejó de tener apoyo municipal en 2025. Será interesante ver cómo le explica el Ayuntamiento al jurado de la Comisión Europea que su estrategia para ganar la capitalidad cultural consiste en despreciar la labor de instituciones culturales privadas de la propia ciudad.

Una candidatura, la de Cáceres a la Capital Europea de la Cultura en 2031, que pone de manifiesto a cada paso las contradicciones existentes entre la estrategia institucional del Ayuntamiento y la realidad cultural de la ciudad. Mantiene, a pesar de ello, el milagro de la unanimidad social, por más que esta se muestra cada vez más debilitada.