Las fundaciones extremeñas llegan ya a la mitad de la población: más de 500.000 personas se benefician cada año de su labor
Más de medio millón de personas se benefician cada año de forma directa de la actividad de las fundaciones en Extremadura. En una comunidad autónoma que apenas supera el millón de habitantes, el dato sitúa al sector fundacional como uno de los principales actores sociales de la región, con un alcance que llega ya a casi la mitad de la población. Así lo constata el análisis realizado sobre el sector en 2025, que dibuja un ecosistema diverso, arraigado al territorio y con una incidencia social significativa, aunque atravesado por importantes retos estructurales.
“El sector fundacional extremeño está mucho más presente en la vida cotidiana de la gente de lo que a veces se percibe”, subraya el presidente de la Asociación de Fundaciones de Extremadura (AFEX), Carlos Zamora, quien destaca que “cuando hablamos de más de 500.000 personas beneficiarias no hablamos de cifras abstractas, sino de cultura, educación, atención social, inclusión y oportunidades reales en pueblos y ciudades”.
El estudio confirma una implantación territorial amplia, con presencia en toda Extremadura y un peso mayor en municipios de más de 20.000 habitantes, aunque también con una significativa actividad en el medio rural. La localización de las sedes no condiciona necesariamente el alcance de los programas, ya que muchas fundaciones desarrollan actuaciones de forma descentralizada. Además, un tercio de las entidades extiende su actividad más allá del ámbito autonómico, con proyectos de proyección nacional e incluso internacional.
Sociocultural, educación y asistencia social
Las áreas de actuación del sector son heterogéneas, aunque predominan las iniciativas socioculturales (63,64%) y de asistencia social (52,27%), a menudo combinadas con otros ámbitos como la educación, el emprendimiento, el desarrollo económico del territorio, la investigación o la salud. Esta transversalidad dificulta una clasificación rígida, pero amplía el potencial de impacto y de alianzas.
“El valor del sector no está solo en el número de personas atendidas, sino en la calidad de la intervención”, apunta Zamora. En ese sentido, aunque las fundaciones vinculadas a los ámbitos cultural y financiero concentran un mayor impacto cuantitativo, el estudio destaca que el impacto cualitativo es especialmente relevante en las áreas socioculturales y sociosanitarias, donde la atención individualizada resulta determinante. La atención a colectivos vulnerables —personas con discapacidad, infancia, población en situación de pobreza— es una prioridad para la inmensa mayoría de las entidades.
Voluntariado con margen de crecimiento
El análisis revela un sector comprometido pero con estructuras operativas modestas. El 80% de las fundaciones cuenta con personal asalariado, aunque en su mayoría con plantillas reducidas, lo que dificulta la especialización y la capacitación en áreas clave para una gestión autosuficiente. El voluntariado está presente en dos tercios de las entidades, pero con una movilización limitada.
“Hay un enorme potencial de crecimiento en la implicación ciudadana y en la profesionalización del sector”, señala el presidente de AFEX, quien considera que “Extremadura necesita reforzar su sociedad civil organizada con más formación, más trabajo en red y más reconocimiento institucional”.
Dependencia de subvenciones y baja autonomía financiera
En el plano económico, el estudio pone de relieve una alta dependencia de las subvenciones públicas. Aunque una cuarta parte de las fundaciones gestiona presupuestos superiores al millón de euros y destina una parte muy relevante de sus recursos a los programas que dan sentido a su actividad, solo un tercio disfruta de una diversificación financiera significativa. El mecenazgo privado sigue siendo minoritario, salvo en entidades de origen financiero, lo que limita la capacidad de planificación a medio y largo plazo.
“Sin estabilidad financiera es muy difícil innovar, crecer o consolidar proyectos”, advierte Zamora, que defiende la necesidad de “avanzar hacia modelos más autónomos y colaborativos, que mejoren la eficiencia tanto en los ingresos como en los gastos”.
Mucho impacto, poca visibilidad
Uno de los déficits más claros del sector es la comunicación. Las fundaciones perciben su impacto como alto (3,96 sobre 5), pero reconocen una visibilidad sensiblemente menor (3,43). Las redes sociales son el principal canal de difusión, aunque la eficacia de la inversión en publicidad se valora de forma moderada y existen brechas generacionales y digitales.
“Tenemos que contar mejor lo que hacemos”, insiste el presidente de AFEX. “No por vanidad, sino porque la visibilidad genera confianza, apoyo social y sostenibilidad”. En este ámbito, la asociación se plantea como un actor clave para impulsar estrategias coordinadas de capacitación y sinergia comunicativa.
Colaboración, desafíos y futuro
El trabajo en red es una de las fortalezas del sector: el 78% de las fundaciones colabora con otras instituciones, especialmente del ámbito público y del tercer sector. Sin embargo, persisten brechas en áreas como la I+D+i, el desarrollo cultural o el emprendimiento, donde la articulación interinstitucional aún es insuficiente.
Entre los principales desafíos, las entidades señalan la financiación inestable, la baja visibilidad, la brecha digital y la falta de apoyo institucional. Frente a ello, identifican oportunidades claras en la innovación, las alianzas estratégicas, la expansión territorial y la inclusión social. Las expectativas de futuro son moderadamente optimistas, siempre que se refuercen las capacidades organizativas y el respaldo estructural.
“El sector fundacional ya está sosteniendo una parte esencial del bienestar en Extremadura”, concluye Carlos Zamora. “Ahora el reto es consolidarlo, cuidarlo y hacerlo visible como lo que es: un pilar social imprescindible para la región”.
En una tierra marcada por la despoblación, la desigualdad territorial y las brechas sociales persistentes, las fundaciones no son un actor accesorio, sino una infraestructura cívica esencial. Llegar cada año a más de 500.000 personas en Extremadura es además de una cifra, sostener cultura donde no llega el mercado, acompañar a quien queda fuera del sistema y construir comunidad allí donde las instituciones y lo privado no alcanzan. Así que reconocer, fortalecer y dotar de estabilidad al sector fundacional no es una concesión, sino una responsabilidad colectiva y una apuesta por el derecho de la ciudadanía a una vida más digna, más justa y, por lo tanto, a una vida mejor.