La impresionante plataforma de saltos de esquí que diseñó Zaha Hadid, la primera arquitecta que ganó el premio Pritzker

Crédito: Vidar Nordli-Mathisen / Unsplash

Laura Cuesta

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En las afueras de Innsbruck, ciudad austriaca conocida por la práctica de deportes invernales, se levanta una de las instalaciones más reconocidas del mundo del salto de esquí. Hablamos del trampolín de saltos de Bergisel, todo un símbolo de la localidad que esconde años de historia y que está relacionado con una prestigiosa arquitectura iraquí.

La historia de este espacio se remonta a un siglo atrás. El primer trampolín de salto de esquí de Innsbruck se construyó en la década de 1920, cuando este deporte comenzaba a ganar popularidad en los Alpes. Gracias a las ampliaciones que se fueron haciendo, Bergisel pasó a formar parte de los circuitos internacionales y acogió el Campeonato del Mundo de Esquí Nórdico en 1933.

Su consolidación llegó con los Juegos Olímpicos de Invierno de Innsbruck. La llama olímpica ardió en Bergisel por primera vez en el año 1964, cuando este histórico trampolín se convirtió en el escenario de las pruebas de salto de esquí. Pero a finales del siglo XX, las exigencias deportivas hicieron necesaria una renovación del recinto, y Zaha Hadid entró en acción.

El diseño de Zaha Hadid

El proyecto fue encargado a la arquitecta iraquí, ganadora del Premio Pritzker, que le dio un toque mucho más futurista a la construcción. La obra, que fue inaugurada en el 2002, está compuesta por una torre de hormigón de 48 metros y por el propio trampolín, que sortea la montaña de Bergisel y tiene una longitud de 98 metros y una inclinación de 35 grados.

Debajo de la impresionante estructura, se encuentran las gradas que pueden acoger hasta 28.000 espectadores al mismo tiempo. Estos tienen la oportunidad de disfrutar de diferentes eventos deportivos, siendo uno de los más conocidos el Torneo de las Cuatro Colinas, que tiene lugar a principios de enero y atrae a saltadores y visitantes de todo el mundo.

El uso del hormigón, el acero y el vidrio, junto con las formas curvas características de la arquitecta de Hadid, transformaron una simple infraestructura deportiva en un icono arquitectónico reconocible en todo el mundo. De hecho, aunque este lugar está reservado principalmente para la práctica del salto de esquí, el monumento atrae turistas todo el año gracias a su mirador panorámico.

Desde las alturas, se pueden ver los tejados de Innsbruck, la capital del Tirol, así como impresionantes paisajes naturales que incluyen el valle del río Eno, el pico de la Nordkette o las montañas de Patscherkofel, entre otros.Toda la instalación de Bergisel, incluyendo el funicular, el telesilla de la torre, la cafetería panorámica y la terraza de observación, está abierta al público todos los días de 9 a 18 horas.

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