Liadan Ní Chuinn: “El dolor de mi literatura viene de la violencia colonial británica, su negación y sus repercusiones”

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —

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El primero de los seis relatos que componen Todos aínda aquí comienza con una escena: hombres armados y con pasamontañas paran el coche en el que circula una pareja. La mujer está embarazada. Sacan al hombre del automóvil, le exigen su documentación y comprueban que se trata de católicos. Les rompen el parabrisas y les roban el vehículo. Los dejan tirados en una cuneta en las afueras de la ciudad, una fría noche en el norte de Irlanda. Dos días más tarde, nace un niño, el narrador de la historia. “Las fotos son de color rosa, Michael Madigan aparece sonriendo y mi madre tiene esos cortes por toda la piel, pequeñas costras, algo parecido a coordenadas/pecas”, escribe Liadan Ní Chuinn, pseudónimo que firma el libro y del que apenas se sabe que tiene 28 años y nació en algúnn lugar de los Seis Condados. El cuento lidia, como otros de la colección, con un fantasma que todavía existe, el dolor producido por la violencia colonial británica.

“No puedo hablar por nadie más”, responde Ní Chuinn a la pregunta sobre la tristeza que supura cierta literatura irlandesa actual, “pero en la mía hay mucho dolor que procede de la pérdida de cultura e idioma que sufrimos por causa de la colonización británica. Ese dolor viene de la violencia y de la negación de esa violencia y de sus repercusiones”. Habla con elDiario.es a través del correo electrónico, mediado por su agente literaria. Pese a que Todos aínda aquí (Rodolfo & Priscila en gallego, traducción de Isaac Xubín; Segona Perfèria en catalán; Feltrinelli en castellano) es una de las sensaciones últimas de la literatura irlandesa, se desconoce la identidad y el género -la agente la menciona con pronombre neutro- de quien lo ha escrito. Su escritura, en todo caso, es precisa, casi quirúrgica, oscura y lírica, salvaje en algunos tramos. Y política, política sin rodeos. “En este libro me he centrado particularmente en la violencia más reciente del Estado británico. Todo se reduce a esto”, señala, “quienquiera que seas, como civil, tienes derecho a que el Estado británico no te mate”.

Ní Chuinn se extiende sobre el contexto en el que escribe. Nació en 1998, el mismo año en que británicos, unionistas y republicanos firmaron el Acuerdo de Viernes Santo que acabó con las manifestaciones más duras del conflicto colonial en el norte de Irlanda. “Aunque la guerra terminó, su impacto aún se siente”, resume, “pienso a menudo en la violencia olvidada del Estado británico en el norte de mi país y en lo que nos ha hecho. Pero eso no significa que todo haya acabado. El norte sigue bajo ocupación”. Los británicos mataron hombres, mujeres y niños, y sus soldados aterrorizaron a generaciones de personas, añade, “pero el Estado británico sigue sosteniendo que fue una fuerza neutral [en el conflicto entre unionistas y republicanos]. Se niega a reconocer lo que hizo aquí”. Además, las organizaciones paramilitares lealistas -que defienden la integración del norte en el Reino unido- existen. Todavía. Y, asegura Ní Chuinn, “amedentran comunidades, son responsables de la explotación sexual de jóvenes y del tráfico de drogas, y, en tiempos recientes, de horrorosos ataques racistas”. Los últimos sucedieron en Belfast el pasado mes de junio y adoptaron la forma de pogromo contra los migrantes.

Relatos sobre el trauma

Sobre ese telón de fondo se despliegan los seis relatos de Todos aínda aquí. No en todos la violencia es explícita, pero su eco sordo sí recorre estas historias sobre el pasado y el presente, los lazos que se desintegran, los vivos y los muertos, las lenguas amenazadas, los hijos y sus padres. Literatura del trauma. “Pienso mucho en el amor y en la atención”, afirma, “en todas las formas en que las personas cuidan unas de otras y en el orgullo que me produce, quizás porque sé que esto no es lo que los demás fuera del norte de Irlanda asocian con nosotros”. La familia y sus tensiones conforma otro de los núcleos del libro, escrito en un país de fuerte cultura católica. Para Ní Chuinn, de hecho, “la dinámica de una familia no puede separarse de la de su entorno”. Es decir, de las condiciones históricas, políticas, en las que vive. “Pensar sobre padres e hijos en Irlanda en muchos puntos de nuestra historia”, dice, “es pensar sobre todos esos padres encarcelados, internados, investigados, asaltados, secuestrados, gaseados, es pensar en los hijos de esa gente”. La sombra del conflicto, una vez más.

Pero Liadan Ní Chuinn confiesa, pese a todo, cierta visión animista de la realidad. De ahí el título de la colección, Every One Still Here (Todos aínda aquí en gallego, Encara hi són tots en catalán, Todos siguen aquí en castellano), sugerido por Declan Meade, su editor en Irlanda. Es una frase de Rusia, un relato que discute la exhibición de restos humanos en un museo “y la deshumanización del otro que, creo, cultiva la mencionada exhibición”. Como los poemas sobre los hombres momificados encontrados en la turbera que escribió otro irlandés de los Seis Condados, Seamus Heaney, en su implacable Norte (1975). Sea como sea, el Todos aínda aquí (Todos siguen aquí) remite “a un entendimiento del mundo animista en espíritu. Todos están aún aquí, vivos y muertos, todos sus miedos y sus dolores y sus consuelos y su amor. Nos afectan, los miremos directamente a los ojos o no”. Así, Ní Chuinn desconfía del individualismo, que percibe como núcleo de la literatura contemporánea: “Mucho de lo que se crea y se consume en la actualidad se basa en el individuo. Pero ninguno de nosotros es, nunca, un individuo”.

“Para mí y mi comunidad, Irlanda del Norte no existe”

Esa conciencia de lo colectivo atraviesa el libro. “Lo personal y lo político se entrelazan de manera brillante”, destacan sus editores gallegos, Rodolfo & Priscila. El discurso de Ní Chuinn lo ratifica una y otra vez. Irlanda del Norte, asegura, no existe, ni para ella ni para su comunidad. “Somos gente del norte. Soy una persona irlandesa, del norte de Irlanda. Pero Irlanda del Norte es el nombre de esa administración minúscula inventada por los británicos”, aclara. Más allá, agradece conversar con sus lectores en Galicia o Catalunya: “Creo que compartimos el aprecio por la importancia del lenguaje respecto a nuestros países e identidades”.

Todos aínda aquí fue un éxito -lo avalan los premios y las listas de final de año- contra pronóstico. La escritora escocesa Ali Smith lo celebró en una entrevista en The Guardian. Un primer libro, además de relatos y no una novela -comercialmente más viable, por lo general-, firmado con pseudónimo. Y que se interna en la selva de la herencia recibida, los vencidos y los asesinados, en un país traumatizado. “No tenía ni idea de cómo funciona nada de esto”, admite, “no sabía qué iba a pasar. Y aún menos que se iba a traducir a otros idiomas, algunos de ellos minorizados, lo que me resulta conmovedor”. En cualquier caso, concluye, “ojalá las ideas del libro sobre recordar y desafiar la deshumanización que se extiende por todas partes sean del interés de la gente, esté donde esté”.