“Yo creí que en este pueblo pequeño no había asesinos”: los poemas subterráneos que el gallego Luís Pimentel escribió en la posguerra
Su figura era la de un hombre ensimismado, algo tímido, meditabundo. Paseaba las calles de Lugo, la ciudad donde había nacido en 1895 y donde trabajó como médico de guardia, y en ellas nacían sus poemas limpios y duros como un cristal. Murió en 1958 y en vida apenas publicó algunos versos en revistas y un opúsculo, Triscos (1950). Sin embargo, su obra póstuma, escrita sobre todo en castellano aunque traducida al gallego por colegas y amigos, es uno de los grandes monumentos de la poesía gallega del XX. Delicada y urbana, intimista pero atenta al sufrimiento colectivo, contiene además tramos terribles. El mayor de ellos, el ciclo Cunetas, sobre la represión fascista, escrito en 1947 y que no vio la luz hasta 1981, y aun entonces en pequeñas tiradas o disimulado en el interior de su opera omnia. La editorial Alvarellos lo recupera ahora en volumen exento: “Yo creí que en este pueblo pequeño / no había asesinos”.
“Se trata de un poemario mítico y además misterioso”, asegura el profesor Claudio Rodríguez Fer, autor del estudio introductorio de la nueva edición, “del que ya se empezó a hablar en los años 40. Pero, por razones obvias y dado que trataba sobre los asesinatos extrajudiciales del franquismo, no se podía publicar”. Son cuatro poemas, uno de ellos, Los fusilados, bastante largo, en los que Pimentel, conocido como autor por su lirismo y un existencialismo discreto y de línea clara, escribe una imprecación directamente política. “Tumbas son hoy las cunetas. / Hay manos en garra entre la hierba triste. / Los muertos / llevan un escapulario de piedra / con el número del kilómetro”, dice, y entonces “llegó el coche / con los hombres feroces”. “Es un caso único”, explica Rodríguez Fer a elDiario.es, “nadie escribió desde el interior sobre los fusilamientos y los paseos con esta fuerza. Son poemas en carne viva, nada panfletarios. También son un excepcional documento testimonial e histórico”.
“He jurado no ver nunca amanecer”
Luís Pimentel había estudiado medicina en Santiago de Compostela -y doctorado en Madrid- durante la dictadura de Primo de Rivera. De regreso a la ciudad natal, su amistad con Ánxel Fole, Ángel Johán o Ramón Piñeiro lo acercó al galleguismo y a los reducidos círculos más o menos vanguardistas, que orbitaban en torno a la revista Ronsel. Por carta mantuvo relación con el 27 español, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre. Pero era reticente a publicar sus propios libros. El que iba a ser el primero, Diario d'un médico de garda, se encontraba en imprenta cuando Franco se levantó en armas contra la II República. La editorial era Nós, del entonces alcalde de Santiago de Compostela, Ánxel Casal, paseado en Cacheiras y su empresa, destruida. Una versión posterior de esos poemas verían la luz solo en 1960 y en castellano, bajo el título Barco sin luces. La violencia fascista lo cercó: su hermano Carlos, también médico y teniente de alcalde socialista en Lugo, padeció prisión, al igual que su amigo el galleguista Ramón Piñeiro. Fole, el escritor, se escondió durante meses en la buhardilla de la casa de Pimentel. Ese es el paisaje histórico y moral de Cunetas.
“(Ya jamás serán alegres las banderas). / He jurado no ver nunca amanecer, / aunque me lo pida un pájaro / como una limosna”, dice el poema Los fusilados. Luís Pimentel quería desentenderse de la alborada porque esa era la hora de las ejecuciones. Las escuchaba desde casa. “Eran en el antiguo cementerio de Lugo, donde ahora está el Gran Hotel”, relata Rodríguez Fer, “en concreto en la parte de atrás del cuartel de la Guardia Civil de la Praza de Bretaña. Él vivía en Bispo Aguirre y oía el sonido de los disparos”. El poeta, escribe en Los fusilados, temía que el estruendo despertase a su hija, Rula: “Ahora está dormida / sobre el pecho dolorido de su madre. / ¡Dios mío! ¡Dios mío! / Que no oiga / el estallido del vuelo de las frías palomas”. El poema continúa por la periferia de la ciudad, los parajes por los que a Pimentel le gustaba pasear, hasta que el fascismo llenó los caminos de sangre: “donde la tierra quisiera ser campo, donde la ciudad / tira sus pájaros muertos”.
El 'Cunetas' apócrifo: guerrilla poética
“Todos estábamos obsesionados con Cunetas”, recuerda Rodríguez Fer, él mismo poeta y narrador cuya carrera comenzó en los años 70, “queríamos leer esos poemas. Y como no podíamos, incluso llegamos a escribirlos”. El profesor fabuló con una edición a cargo de una imaginaria Guerrilla Urbana de Lugo en su cuento Biblioteca de Borges, recogido años más tarde en Meta-relatos (Xerais, 1988). Pero es que además existió una operación real de guerrilla poética: el Cunetas apócrifo que, en 1966, publicaron bajo seudónimo Isaac Díaz Pardo y Luís Seoane en el libro clandestino Galicia hoy. “¡Outra vez, outra vez o terror! / Un día e outro día, / sen campás, sen protesta. / Galicia ametrallada nas cunetas / dos seus camiños”, dice el poema, atribuido a Pimentel, datado en Lugo en 1937. Hace ya años que los filólogos concluyeron que Pimentel no escribió ese texto -recogido como apéndice en la edición de Alvarellos-, sino que su autor o autores utilizaron algunos de sus versos, añadieron otros de su propia cosecha y de cariz más directamente político y confeccionaron un texto de agitación y combate.
“La filología es una ciencia”, sostiene Rodríguez Fer, “y puede llegar a determinar aún sin prueba documental pero con prueba filológica que Pimentel no escribió ese Cunetas”. El estudioso aventura incluso una hipótesis: la mano de Uxío Novoneyra, el gran poeta de O Courel, que en los años 50 residía en Madrid.
En cualquier caso, los cuatro poemas realmente escritos por Luís Pimentel en el Lugo oscuro y derrotado de 1947 con el título de Cunetas solo vieron la luz en 1981. Fue en una edición limitadísima, 215 ejemplares, en Entregas de la Ventura, un pequeño proyecto editorial dirigido por Juan Manuel Bonet y Andrés Trapiello. El original lo recibieron a través de un amigo, el pintor José Vázquez Cereijo, sobrino del poeta lucense. Aquel mismo año, la filóloga Araceli Herrero Figueroa los recopiló en Luís Pimentel. Obra inédita o no recopilada, publicado por la Diputación de Lugo. “La recepción fue nula”, lamenta Rodríguez Fer, “había tanta ansia de que esos poemas emergieran y cuando sucedió, nadie se interesó. Solo Xesús Alonso Montero y yo escribimos sobre Cunetas”. A su juicio, la nueva edición va a reparar esa injusticia histórica. Esta, además del ciclo completo, el estudio introductorio de Rodríguez Fer y el apócrifo, también incluye otros seis poemas que, explica, “pueden asimilarse a Cunetas” -entre ellos el estremecedor Xogo ruín: “Creceu e foi de aqueles”- y un epílogo del historiador Xurxo Martínez González.