“¿Por qué no hiciste nada?”: 'Sucia', el documental español nacido de una agresión sexual que aspira a los Oscar
“¿Por qué no hiciste nada?”. Es una de las preguntas que todavía persiguen a muchas víctimas de una agresión sexual, desplazando la mirada hacia la reacción de quien sufre la violencia en lugar de hacia quien la ejerce. A esa pregunta responde Sucia. ¿Por qué no hiciste nada?, el proyecto con el que Bàrbara Mestanza ha transformado su propia experiencia en un documental rodado durante seis años mientras avanzaba un proceso judicial que todavía continúa abierto. La película, codirigida junto a Marc Pujolar, nació sin presupuesto, grabada con los medios que sus autores tenían a mano y aprovechando el tiempo que les dejaban sus trabajos. Tras alzarse con el Gran Premio del Jurado de la Competición Internacional del Sheffield DocFest, se ha abierto para ellos una posibilidad tan inesperada como ambiciosa: emprender la carrera hacia los Oscar.
Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar grabaron una película sin saber exactamente cómo acabaría. No era una cuestión de suspense narrativo, sino de realidad: cuando empezaron a rodarla, la causa abierta después de la agresión sexual que sufrió la actriz en 2015 seguía abierta y la historia continuaba avanzando mientras la cámara estaba encendida. La película, presentada el pasado fin de semana en el Atlàntida Mallorca Film Fest, nació de una pregunta que atraviesa toda la trayectoria del proyecto: qué ocurre después de una agresión y qué sucede con una persona cuando el relato no termina en el momento de la violencia.
La película nació sin presupuesto, grabada con los medios que sus autores tenían a mano y aprovechando el tiempo que les dejaban sus trabajos
Antes de llegar al cine, Sucia pasó por otros dos formatos. Primero fue una obra de teatro y después un libro, dos aproximaciones diferentes a una misma experiencia que Mestanza fue transformando según las necesidades de cada lenguaje. “Es como un tríptico”, explica la actriz a elDiario.es desde Mallorca. “Es el mismo tema, pero son tres caras completamente distintas”. La obra de teatro, cuenta, era “una conversación interna entre mi cerebro y yo mientras me estaba pasando aquello”; la novela abordaba “toda la historia de autodestrucción que vives después de que te pase algo así hasta que te atreves a hablar”, mientras que el documental sigue “todo el proceso judicial durante estos últimos seis años”, cuenta la codirectora.
El salto al documental llegó cuando sus responsables entendieron que la historia necesitaba otro espacio para alcanzar a más personas. No se trataba únicamente de trasladar lo que ya habían contado, sino de acompañar un proceso que todavía estaba sucediendo y mostrar una parte de la violencia sexual que habitualmente queda fuera de los relatos públicos: la espera, la incertidumbre, el desgaste emocional y la relación con un sistema judicial que puede prolongarse durante años. “Cuando vimos que aquello podía ser útil, entendimos que lo más necesario era intentar llegar al máximo número de personas posible”, apunta Mestanza. “Y una película es el único formato que puede hacer que eso sea así”, señala la cineasta.
Antes de los reconocimientos internacionales y de la posibilidad de emprender una campaña hacia los Oscar, el proyecto fue durante mucho tiempo una película hecha en los márgenes de la industria audiovisual. “Partíamos de absolutamente cero presupuesto y hemos grabado con móviles, con ordenadores, improvisando constantemente. Mientras tanto, teníamos que seguir trabajando para poder vivir. Eso significaba que no podíamos dedicarnos exclusivamente a la película”, recuerda Mestanza. Una precariedad que no fue una decisión estética, sino la consecuencia de una necesidad: seguir grabando una historia que sentían que no podían abandonar.
Partíamos de absolutamente cero presupuesto y hemos grabado con móviles, con ordenadores, improvisando constantemente. Mientras tanto, teníamos que seguir trabajando para poder vivir. Eso significaba que no podíamos dedicarnos exclusivamente a la película
Con el tiempo, esa película que avanzaba sin garantías empezó a encontrar aliados. Para Marc Pujolar, ese acompañamiento ha sido fundamental: “Contamos con grandes compañeros, como Filmin, TV3 y Sábado Time, que se ha incorporado hace poco. Estamos construyendo una gran familia”. Tras conseguir 117.000 euros de presupuesto y terminar el rodaje y su edición final en junio del año pasado, el documental tuvo su estreno mundial en el Festival de Málaga, donde fue premiado, y recibió una mención en el Festival de Las Palmas de Gran Canaria, además de proyectarse en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, el D'A de Barcelona y el Atlàntida Mallorca Film Fest.
Antes de su llegada a los cines el próximo 20 de noviembre, Sucia continuará su recorrido internacional en el Lemesos International Documentary Festival de Chipre, donde se proyectará el 4 de agosto. Ese recorrido ha permitido que la película empezara a circular con fuerza, algo que sus responsables nunca habrían dado por hecho al tratarse de una historia rodada en catalán y tan ligada a un hecho personal y a un contexto judicial concreto.
Antes de su llegada a los cines el próximo 20 de noviembre, Sucia continuará su recorrido internacional en el Lemesos International Documentary Festival de Chipre, donde se proyectará el 4 de agosto
Sin embargo, el documental va más allá de la agresión y la posible resolución judicial. Cuando comenzaron a escribir el guion, Mestanza y Pujolar pensaban que la película estaría marcada por una pregunta concreta: qué ocurriría con el procedimiento judicial y si la persona acusada acabaría entrando en prisión. Sin embargo, durante el rodaje y especialmente durante el montaje entendieron que la historia apuntaba hacia un lugar mucho más amplio. “Nos dimos cuenta de que habla de algo mucho más profundo: de un proceso de sanación y de cómo cada persona tiene que encontrar su propio camino”, cuenta la codirectora.
Nos dimos cuenta de que habla de algo mucho más profundo: de un proceso de sanación y de cómo cada persona tiene que encontrar su propio camino
Tras vivir durante el rodaje un largo proceso judicial, el equipo de la película reflexiona sobre los posibles caminos a tomar por una persona que acaba de sufrir una agresión sexual. Para Mestanza, la denuncia puede ser una vía “legítima”, pero “no puede convertirse en una obligación ni tampoco ignorar las dificultades que implica enfrentarse al sistema”. “Si eso pasa por ir a comisaría, me parece maravilloso, pero creo que todos sabemos ya que es un proceso muy complejo y muy caro”, cuenta la actriz y cineasta que reconoce haber partido desde una posición muy concreta: “Mi historia es una historia de alguien privilegiado”.
En este sentido, insiste en que cada proceso es diferente y que la decisión debe partir de las necesidades de quien lo atraviesa. “Si lo que necesitas es ver a una amiga, hazlo. Si necesitas callar, calla. Si necesitas aislarte del mundo, apartarte, encerrarte en una habitación y no volver a tocar a un hombre en tu vida, hazlo. Solo tú sabes qué necesitas para salir de ahí”, concluye la codirectora.
El lado invisible tras la denuncia
Uno de los aspectos más importantes del documental es precisamente mostrar lo que ocurre entre la denuncia y una posible resolución judicial. “Poco a poco, mientras avanzas, te das cuenta de que hay muchas más partes de este proceso de las que imaginábamos, detalles y muchas más cosas que ocurren de las que nadie habla”. Entre ellas, Mestanza destaca las pruebas psicológicas a las que deben enfrentarse algunas personas denunciantes: “Tener que hacer un test psicológico durante tres horas delante de personas que no conoces para que determinen que eres una persona que habla de manera consciente y que no te estás inventando lo que cuentas”, señala la codirectora.
Tener que hacer un test psicológico durante tres horas delante de personas que no conoces para que determinen que eres una persona que habla de manera consciente y que no te estás inventando lo que cuentas
La mirada de Sucia también se distancia de una tradición audiovisual que, según Pujolar, ha contado en muchas ocasiones las historias de abuso desde el impacto. “Desde siempre ha estado muy relacionado con una estética más cercana al morbo y de construir una narrativa alrededor de casos de mucha repercusión mediática o que han afectado a muchísimas personas”, explica el cineasta. Frente a esa tendencia, el documental intenta acercarse al proceso desde otro lugar, más centrado en la experiencia de quien atraviesa la violencia y en todo aquello que ocurre después.
[Mi tradición audiovisual] desde siempre ha estado muy relacionado con una estética más cercana al morbo y de construir una narrativa alrededor de casos de mucha repercusión mediática o que han afectado a muchísimas personas
Finalmente, después de un largo recorrido que ninguno de sus responsables imaginaba, aparece la posibilidad de entrar en la carrera hacia los Oscar —gracias al premio obtenido en el Festival de Sheffield, reconocimiento que le otorga la precalificación para el certamen—. Para la codirectora, llegar hasta ese escenario significaría muchas cosas que todavía le cuesta asimilar. “Todavía necesitamos encontrar más financiación y apoyos para poder llegar, pero desde luego simbolizaría que lo que hacemos aquí es un producto creativo digno y útil para el mundo, que nuestras historias son importantes y urgentes”, concluye Mestanza.
Se abre así un nuevo capítulo para Sucia, la película que nació intentando responder a una pregunta íntima y que ha acabado formando parte de una conversación colectiva sobre justicia, reparación y las distintas formas de mirar hacia la violencia sexual.