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¿Existe la política exterior feminista? Estados y sociedad civil se unen para hacer diplomacia frente a la reacción ultra

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En 2014, Margaret Wallström era nombrada ministra de Asuntos Exteriores de Suecia y tomó una decisión: poner en marcha una política exterior feminista, es decir, una diplomacia en la que la igualdad de género fuera un asunto central y transversal. Algunas de las medidas de Wallström tuvieron respuesta de países como Arabia Saudí o Israel, que llegaron a retirar a sus embajadores de Estocolmo.

Doce años después, Madrid acoge este martes y miércoles la V Conferencia de Política Exterior Feminista, un encuentro de alto nivel en el que participan 60 ministerios de Asuntos Exteriores de todo el mundo y representantes de organismos y organizaciones internacionales. La cumbre se celebra entre la reacción antiderechos que recorre el mundo y la crítica de la sociedad civil, que pide más coherencia y recursos para que la palabra 'feminista' no sea solo una etiqueta bonita. La mejor prueba de que el mundo de 2026 es muy distinto al de 2014 es que ese país pionero en política exterior feminista, Suecia, ha renunciado a ella desde que en 2022 una coalición conservadora llegara al Gobierno.

Pero, ¿qué significa tener una política exterior feminista? “Implica orientar las prioridades a través de la lente del feminismo y de las mujeres como jugador central en todas las sociedades. Que todas las acciones que se desarrollan dentro de la política exterior, de los vínculos multilaterales, y de la contribución al desarrollo se hagan a través de esta lente para que mejore la consistencia de los derechos humanos y ampliar el concepto de seguridad, que no debería estar centrado solamente en la defensa sino girar mucho más sobre las condiciones dignas de vidas libres de violencia”, explica Susana Malcorra, que fue ministra de Relaciones Exteriores de Argentina y es presidenta y cofundadora de GWL Voices, una organización que aglutina a lideresas de todo el mundo y de la que también forma parte Wallström.

Lejos de ser un movimiento estructurado, prosigue Malcorra, ha sido más bien una iniciativa de diferentes países que han ido sumándose a la idea. “No hay un estándar, hay ciertos principios de funcionamiento y el deseo de ampliar la base”, explica. Ese es uno de los objetivos de la Conferencia de Madrid: avanzar en estándares comunes, hablar de financiación y de cómo hacer frente al retroceso que ya está sucediendo en distintos lugares del mundo.

“Es una apuesta transformadora de algunos países en cómo se entiende su política exterior, en cómo la igualdad puede ser un tema central en el multilateralismo, pensando no solo en la igualdad de derechos entre mujeres y hombres sino en una apuesta transformadora para abordar el mundo desde los principios feministas: transformar los espacios de diálogo, no ver a las mujeres solo como sujetas de protección sino de derechos y como quienes pueden liderar la política, poner en el centro la eliminación de la violencia, acabar con las estructuras que relegan a las mujeres a segundos planes, cómo cambiar realidades requiere de mayor inversión, trabajar en la autonomía económica desde una perspectiva feminista, hablar de derechos sexuales y reproductivos...”, enumera Paola Yáñez, coordinadora general de la Red de Mujeres Afro Latinoamericanas, Afro Caribeñas y de la Diáspora.

Yáñez participaba este lunes, junto a decenas de líderes feministas de todo el mundo, en el Foro de la Sociedad Civil previo a la Conferencia. Distintas voces advertían de la necesidad de cerrar la brecha entre la etiqueta 'política exterior feminista' y la práctica. “No puede haber un feminismo hegemónico que se centre en unas mujeres y olvide a todas las demás, la solidaridad es para todas las mujeres, no solo para unas pocas. No puede haber política exterior feminista si se apoyan las políticas de un país que está llevando a cabo un genocidio y una limpieza étnica”, asegura Paola Salwan, directora de la organización Women Deliver. Salwan urgía a recuperar la financiación para el activismo feminista: “Estamos encantadas de ayudar a contener el fascismo pero necesitamos recursos”.

Varias activistas insistían en el problema actual con la financiación. Aapta Garga, de Women Deliver, aportaba algunos datos: solo el 0,1% de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) va a parar a las mujeres, países como Kenia deben destinar más dinero a pagar los intereses de su deuda que lo que reciben para AOD y la financiación privada también se está retirando de la inversión en proyectos con mirada feminista. “La financiación para investigaciones en feminismo es mínima, menos aún que para el activismo feminista, mucha va para los thinks thanks que piensan bastante similar a como lo hacen las élites o a 'clubes de chicos' antifeministas”, apuntaba Lina Abu Habib, experta de la Universidad de Beirut.

Faye Macheke, codirectora de la organización Awid, avisaba del aumento de gasto en defensa y de la reducción en cooperación. “Las organizaciones antiderechos [sexuales y reproductivos] duplican la financiación que reciben cientos de organizaciones feministas juntas”, señalaba. Macheke cuestiona la mirada desde la que se juzga quién produce conocimiento y quién merece inversión: “Hablamos de algo más profundo, de quién se considera suficientemente creíble para ser apoyado y financiado, y las organizaciones de base no suelen tener la misma consideración que las que tienen grandes estructuras. El conocimiento también se produce en campos de refugiados, en zonas militarizadas o en grupos humanitarios que atienden las crisis de manera directa”.

Una declaración política final

La Conferencia concluirá con una declaración política a la que podrán adherirse los estados. El Ministerio de Exteriores es quien ampara el encuentro. Según el ministro José Manuel Albares, la conferencia busca “avanzar en la consolidación de una diplomacia feminista global, transformadora, inclusiva y guiada por la igualdad” en un contexto internacional marcado por conflictos, retrocesos democráticos y un aumento de las desigualdades. El encuentro abordará las barreras que existen para el liderazgo de las mujeres en instituciones políticas, la presencia femenina en la mediación y mantenimiento de la paz y la seguridad, la feminización de los cuidados o la reforma de la financiación para el desarrollo con perspectiva de género.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el propio Albares inaugurarán la Conferencia, mientras que la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que en un inicio no estaba invitada (sí otros cargos de sus departamentos) clausurará el evento el miércoles.

“España es un referente en igualdad y la política exterior feminista es una seña de identidad del Gobierno y vamos a continuar trabajando con todos los países que comparten nuestros valores para hacer frente a la ola reaccionaria que amenaza los derechos de las mujeres. Es una amenaza real que pretende devolvernos a tiempos pretéritos y responderemos dando zancadas hacia delante también a nivel internacional”, asegura Redondo a elDiario.es