Las bombas nucleares podrían tener un papel frente a los asteroides y no sería el que muchos imaginan
El reloj empieza a correr en cuanto un observatorio detecta una roca que puede cruzarse con la Tierra antes de que haya tiempo para desviarla. El planeta necesita varias respuestas porque el plazo disponible cambia por completo lo que puede hacerse: con años de aviso bastaría una corrección pequeña, con meses harían falta operaciones rápidas y con apenas días quedarían medidas extremas.
Ese tiempo depende de cuándo se descubre el objeto, de su tamaño y de la trayectoria calculada. Por eso, la defensa planetaria parte de una regla bastante sencilla de entender: cuanto antes se localice el peligro, menor será la fuerza necesaria para apartarlo. Cuando el aviso llega tarde, la prioridad pasa a ser una actuación capaz de modificar el recorrido en muy poco tiempo.
Un estudio chino plantea enterrar una carga dentro del asteroide
Un trabajo publicado en Space: Science & Technology estudia precisamente esa última situación y propone abrir primero un cráter en el asteroide para colocar dentro una carga nuclear.
Wang Xiaowei, investigador de la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento, encabeza un equipo que ha calculado cómo esa detonación enterrada podría destruir o desviar rocas de unos 100 metros cuando otras técnicas ya no dispongan del plazo necesario. El objetivo operativo sería transferir la mayor cantidad posible de energía al cuerpo y expulsar material en una dirección útil para modificar su trayectoria.
Una explosión nuclear cerca de un asteroide pierde buena parte de su eficacia porque el vacío carece de atmósfera que transporte una onda expansiva. La acción útil procede del calentamiento y de la expulsión de fragmentos, que salen despedidos y provocan un retroceso en sentido contrario.
Los investigadores llaman acoplamiento energético a la parte de la energía que acaba moviendo realmente la roca. Una detonación alejada empuja menos, una carga sobre la superficie aprovecha mejor la energía y una explosión dentro de una cavidad puede transferir todavía más al encerrar el estallido contra el material.
La misión necesita vehículos potentes y varias fases previas
La operación exigiría medios difíciles de preparar con prisa. El estudio calcula que una plataforma capaz de aportar un aumento de velocidad de 10 kilómetros por segundo alcanzaría casi todas las amenazas virtuales incluidas en sus simulaciones. Esa misión necesitaría un lanzador pesado, una plataforma de transferencia y tiempo para observar la roca antes de escoger el punto de excavación.
El equipo podría examinar la superficie, elegir una zona adecuada y reducir la exposición de la carga a un choque frontal. Cada paso añade dificultad, aunque también permite controlar mejor dónde y cómo se libera la energía.
Ese esfuerzo parte de un problema que sigue abierto: muchos asteroides cercanos a la Tierra todavía no han sido localizados. La NASA registra alrededor de 16.000 objetos de este tipo y considera potencialmente peligrosos 1.784, una categoría que incluye cuerpos con órbitas próximas a la terrestre y tamaños superiores a unos 140 metros.
La etiqueta no significa que vayan a golpear el planeta, pero obliga a vigilarlos. El asteroide 2024 MK, de unos 150 metros, fue descubierto apenas 13 días antes de pasar cerca de la Tierra, un plazo que habría dejado muy pocas opciones para preparar una desviación pensado al milímetro y con cierta serenidad.
Una excavación previa busca aumentar el empuje sobre la roca
La propuesta del cráter previo intenta ganar eficacia cuando el aviso permite una misión algo más elaborada. Una nave acompañaría o estudiaría el asteroide, dispararía penetradores convencionales para abrir una cavidad profunda y situaría después la carga en su interior. El material expulsado actuaría como una reacción de empuje capaz de apartar la roca.
Los autores consideran que esa vía ofrece una transferencia energética mayor porque permite escoger el punto de excavación y detonar a mayor profundidad. “Los resultados demuestran que el modo de detonación con excavación previa ofrece un acoplamiento energético más fuerte gracias a la elección autónoma del lugar del cráter y a la detonación profunda”, concreta el estudio.
La alternativa rápida prescinde de esa preparación. Una primera nave chocaría a gran velocidad para abrir una cavidad poco profunda y otra carga detonaría cerca del punto alcanzado. El plan puede servir cuando apenas quedan días o semanas, ya que reduce la complejidad de la misión y prioriza la velocidad.
A cambio, el cráter podría quedar irregular, la sincronización tendría que ser muy precisa y la segunda nave debería atravesar los restos lanzados por el primer choque. Los investigadores plantean esa vía para emergencias en las que la rapidez tenga más importancia que el control de la detonación.
La misión DART mostró cuándo basta una colisión cinética
La NASA ya comprobó en 2022 que una modificación pequeña puede bastar cuando existe tiempo. La misión DART golpeó Dimorphos y cambió su órbita mediante una colisión cinética, una técnica apropiada para objetos detectados con suficiente antelación.
El estudio chino sitúa las cargas nucleares en otro escalón, reservado para rocas grandes descubiertas tarde y capaces de causar daños intercontinentales o mundiales. En esas condiciones, los autores proponen “usar la enorme energía generada por una detonación nuclear para destruir de forma inmediata el asteroide o desviar rápidamente su órbita”.
La diferencia decisiva sigue estando en el calendario: años de aviso permiten correcciones graduales, meses obligan a acelerar la misión y unos pocos días reducen la respuesta a opciones de emergencia.
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