ENTREVISTA
María O'Donnell, la periodista que indaga en los conflictivos años 70 en Argentina: “Milei justifica lo que hizo la dictadura de Videla”
María O’Donnell se encontró en 2014 con detalles inéditos del secuestro por el que se pagaron 60 millones de dólares de 1974, más de 400 millones actuales, el rescate más grande de la historia. Ese día empezó a gestarse un libro que al año siguiente vería la luz y se convertiría en bestseller, y también una curiosidad obsesiva alrededor del grupo guerrillero responsable del rapto de los empresarios Jorge y Juan Born, y uno de los grandes protagonistas de la convulsa década de los 70 en Argentina.
O’Donnell, una de las periodistas más reconocidas de su país, conduce cada día un programa informativo en la radio desde las seis de la mañana. Pero los madrugones no le han impedido investigar y escribir otros tres libros relacionados con la que fue la guerrilla urbana más poderosa de América latina, clave en el regreso de Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, luego perseguida por el propio peronismo y más tarde aplastada por la dictadura de Jorge Rafael Videla.
O’Donnell ha estado de visita en Madrid y Barcelona para presentar el último título de la saga, Montoneros, una historia visual (Ed. Planeta, de momento solo en ebook en España), parte retrato de época y a la vez biografía de un movimiento que salta a las primeras planas de los periódicos en 1970 con un asesinato impensable: el del expresidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, artífice de la represión contra la resistencia peronista. Después vendría una época de auge que sumó a sus filas y consiguió el apoyo de miles de jóvenes que soñaban con cambiar el mundo por uno más justo, una militarización feroz y el aniquilamiento por parte del aparato represor militar. Todo en apenas una década.
Consciente de la forma en la que esta especie de “manual de escuela” sobre uno de los capítulos más turbulentos y divisivos de la historia argentina dialoga con el presente, O’Donnell habla en esta entrevista sobre la situación de su país, la importancia de la memoria, Javier Milei y los peligros de la polarización.
La introducción del libro, del periodista Ernesto Tenembaum, sostiene que “para una persona democrática, es un riesgo contar lo que ocurrió antes de marzo de 1976 [fecha del golpe de Estado]” en Argentina. ¿Por qué? ¿Y qué la llevó a asumir ese riesgo?
Creo que un debate informado coopera para que las cosas no se discutan en el aire y de manera manipulada. Hubo un tiempo en que una generación de jóvenes en Argentina creyó que tomar las armas era una opción legítima para conseguir un mundo mejor. Salió todo muy mal y eso generó mucho drama. Traigo ese tiempo y ese contexto con la esperanza de generar herramientas para una discusión más seria, menos fundada en emociones fáciles.
Esto último no es fácil, y menos en el momento de enorme polarización que vive Argentina. ¿Qué papel juega la historia de los años 70 en la discusión política?
Argentina hizo un trabajo muy profundo, no solo en materia de memoria, sino de castigo efectivo. El Juicio a las Juntas en 1985 estableció jurídicamente que en el país existió un terrorismo de Estado, caracterizado por el funcionamiento de centros clandestinos de detención, torturas y apropiación de niños. El argumento que reaparece con el Gobierno de Javier Milei es que existen “dos verdades”, y equipara los crímenes horrorosos cometidos por las guerrillas con los del Estado, un argumento con el que se justifica lo que hizo la dictadura de Videla.
Aunque es innegable que la guerrilla cometió delitos gravísimos, los procesos judiciales hicieron una distinción acabadamente documentada cuando señalaron a las Juntas Militares por crímenes de lesa humanidad: dictaminó que al haber sido cometidos por el propio Estado, utilizando su aparato represivo, esos delitos poseen un estatus jurídico completamente distinto, y que la represión a las organizaciones armadas debía haberse hecho estrictamente con la ley en la mano.
El libro precisamente señala que el terrorismo de Estado del Gobierno militar se extendió más allá de la 'lucha' contra la guerrilla.
La historia demuestra que la represión militar fue mucho más allá de la cúpula o de los integrantes armados. Para comienzos de 1977, a un año del golpe de marzo de 1976, el propio Videla afirmaba que las guerrillas estaban aniquiladas. Sin embargo, la dictadura se extendió hasta 1983.
En el marco de la Guerra Fría y bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional promovida por Estados Unidos, el objetivo real fue el disciplinamiento generalizado de la sociedad civil, persiguiendo al pensamiento disidente, a los sectores intelectuales y a la juventud movilizada. Para ello emplearon el método del “desaparecido”, una herramienta atroz con la que el terror se multiplicaba.
La clave distintiva de Montoneros fue su inserción directa en un movimiento de masas como el peronismo
¿Qué es lo que le resultó tan apasionante de la historia de Montoneros?
El furor y la incandescencia. Es muy difícil que los procesos políticos ocurran de manera tan extraordinaria en tan poco tiempo. Perón se pasa casi 20 años acá en España, pero irrumpe una guerrilla que lo lleva de vuelta a Argentina en el 72-73. Inmediatamente, estos jóvenes se enfrentan con Perón, que era una especie de abuelo enfermo con el que no se entendían. Y de pronto muere Perón, Montoneros vuelve a las armas, llega un año 75 muy violento y, enseguida, el golpe del 76.
Montoneros fue una de las tantas guerrillas que operaron en América Latina en esa época. ¿Qué hizo de ella un caso tan particular, qué la convirtió en la más poderosa de la región?
La clave distintiva de Montoneros fue su inserción directa en un movimiento de masas como el peronismo. A diferencia de las guerrillas de izquierda en Latinoamérica, Montoneros surge con una impronta muy particular: una juventud católica y popular que exigía el retorno de Juan Domingo Perón. Ninguna otra guerrilla latinoamericana contaba con un líder popular de semejante magnitud en el exilio.
Esa identidad peronista le permitió a Montoneros sacar a dos millones de personas a la calle, cosa que no pasó con ninguna otra guerrilla. Además, en las primeras elecciones con el peronismo no proscrito (pero sin Perón), las que llevaron a Héctor J. Cámpora al poder, ellos pusieron candidatos en todos lados. Muy pocas guerrillas participaron en el juego democrático, al menos de esa manera.
Montoneros fue un movimiento, una organización político militar que cuando tuvo más presencia política fue muy popular y tras la muerte de Perón, sobre todo a partir de 1975, sufrió una acelerada militarización y un repliegue violento que la desconectó totalmente de la realidad social
Después de cuatro libros sobre Montoneros, ¿cómo los definiría? ¿Eran idealistas, ingenuos, revolucionarios, criminales?
Diría que depende del momento, porque tuvo muchas etapas, y diría también que no todos fueron montoneros de la misma manera. Fue un movimiento, una organización político militar que cuando tuvo más presencia política fue muy popular y tras la muerte de Perón, sobre todo a partir de 1975, sufrió una acelerada militarización y un repliegue violento que la desconectó totalmente de la realidad social. Por eso creo que es difícil mirar a Montoneros en un único momento.
En ese derrotero de militarización y desconexión resulta central la figura de su líder, Mario Firmenich, que vive aquí en España.
El libro plantea varias cuestiones sobre el liderazgo y las decisiones de Firmenich. Montoneros tuvo muy mala fortuna con un líder que aún hoy no muestra empatía alguna con la muerte de los propios compañeros, que se fue al exilio en el peor momento y ha sobrevivido a todo, pero no ha hecho una verdadera autocrítica. Yo creo que entre los exintegrantes hay como un cierto cuidado con criticarlo. Esta asociación casi indivisible entre la figura de Firmenich y la totalidad de la experiencia militante complica el debate honesto sobre el fracaso de una organización en la que la mayoría de los miembros terminaron siendo asesinados.
Gracias al abundante material gráfico y el diseño de Fernando Rapa, el libro funciona como una especie de manual escolar que relata una historia desconocida para las generaciones más jóvenes, pero que otras vivieron en primera persona. ¿Cuál es la aportación que hace el libro para ellos?
El valor fundamental del libro radica en ofrecer una visión de conjunto que jerarquiza los hechos y recupera el contexto social de la época. Frente a la inmediatez de la era digital y la inteligencia artificial, donde la información se fragmenta y sintetiza automáticamente, funciona como un ejercicio enciclopédico clásico que permite al lector llevar el hilo de la historia y sacar sus propias conclusiones. La inclusión de recuadros documentales, fotografías de época, portadas de diarios y la recuperación de la estética pop y de movilización de los años 70 —con diseños que recuerdan las serigrafías estilo Andy Warhol de las tapas de discos de discursos de Perón— ayudan a reconstruir el clima social de ese momento. Tanto para los docentes en las aulas como para los contemporáneos que vivieron esos años y buscan ordenar sus recuerdos, el formato impreso estructurado devuelve una perspectiva integral de la historia.
Mencionaba antes la guerra de Malvinas como el epílogo de la dictadura de Videla. ¿Cómo analiza el giro radical que el Gobierno de Javier Milei ha hecho en su posición sobre este tema?
Hay un componente claro de oportunidad política e intereses estratégicos convergentes. La aparición de una bandera en el Mundial de Fútbol reavivó esa reivindicación, y a eso se sumó el enojo de Donald Trump con Inglaterra por la falta de apoyo en el ataque a Irán. Esto ha generado un escenario insólito donde la histórica posición británica –los isleños quieren ser ingleses, y aunque la ONU me lo diga no voy a negociar nada– pierde el respaldo automático de Estados Unidos.
El presidente utiliza las redes sociales para canalizar su ira e intolerancia a la crítica mediante agresiones verbales explícitas
Y hay nuevos componentes de intereses económicos.
Los cerca de 3.000 isleños de Malvinas gozan de un PIB per cápita sumamente alto gracias a la venta de licencias de pesca, y ahora impulsan un proyecto de exploración petrolera encabezado por un consorcio anglo-israelí. Frente a este escenario, Milei amenaza con vetar a esas empresas de otros megayacimientos como el de Vaca Muerta, y con negarles soporte logístico en el continente, porque las islas están muy lejos de todo.
En todo caso, sí, es cierto que Milei pasó de declararse admirador de Margaret Thatcher [la primera ministra británica en el momento de la guerra] y estar muy poco conectado con el nacionalismo a aprovechar este momento reivindicativo: es oportunidad con oportunismo, las dos cosas.
¿Cómo vivió los ataques personales que sufrió por parte del presidente Javier Milei y su entorno?
El presidente utiliza las redes sociales para canalizar su ira e intolerancia a la crítica mediante agresiones verbales explícitas. Ha calificado de forma recurrente a periodistas y opositores con términos como “sorete”, “mierda mal cagada”, “ensobrado” o “mandril”. Como periodista, el desafío es utilizar esa información para comprender hacia dónde se dirige el enojo presidencial sin caer en la normalización de la violencia ni reaccionar desde lo personal. No es normal que el jefe de Estado utilice un lenguaje descalificador e impropio de cualquier ámbito institucional. En una escuela, un centro de trabajo o una universidad, el maltrato y las burlas por el aspecto físico están sancionados porque constituyen bullying. Que el presidente lo ejerza vulnera las normas básicas de convivencia democrática.