Meloni logra aprobar su polémica reforma electoral en Italia ante las críticas por querer perpetuarse en el poder
El Gobierno italiano de Giorgia Meloni ha logrado aprobar este jueves de forma definitiva una polémica reforma electoral que, según detractores y opositores, busca favorecer su continuidad en el poder. La medida se ha aprobado en la Cámara de Diputados con 227 votos a favor y 164 en contra tras días de trámites, debate y dudas sobre el apoyo interno a la reforma entre parlamentarios de la misma coalición de la líder ultraderechista, quién incluso amenazó con dimitir si no se aprobaba una medida que la oposición de centroizquierda ha rechazado.
Con ello, Meloni obtiene una victoria de peso en uno de sus proyectos estrella, que supone la introducción de un nuevo sistema electoral para los comicios de 2027, aunque el Tribunal Constitucional podría intervenir si considera que ciertos artículos de la ley son inconstitucionales. Así lo advierten grupos críticos y entidades de la sociedad civil dispuestas a presentar apelaciones, y que harán que la corte deba deliberarlas próximamente.
La primera ministra ha apostado muy fuerte por su proyecto tras el fracaso de otra de sus reformas clave, la del poder judicial, que no pudo impulsar tras un referéndum en marzo en el que ganó el ‘No’. Giuseppe Conte, exprimer ministro italiano y líder del Movimiento 5 Stelle, ha señalado: “Para vosotros la democracia es un régimen iliberal desenmascarado, una autocracia”
Meloni ha defendido desde un unicio que la nueva ley dará más estabilidad al volátil sistema político italiano, históricamente muy inestable y marcado por la pronra caída de los Gobiernos. Sin embargo, el Ejecutivo de Meloni es el más largo de la historia de Italia desde el fin del fascismo y la creación de la República en 1946.
Su reforma, apodada Stabilicum o Melonellum, prevé que la coalición de partidos con más del 42% de votos obtenga una bonificación de 70 parlamentarios en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado, lo que le da una mayoría holgada para gobernar sin grandes tropiezos. Esto también altera la correlación actual de fuerzas en el sistema bicameral del país, compuesto por 400 miembros en la Cámara Baja y 200 en la Cámara Alta. A su vez, torpedea la tendencia hacia el bipartidismo que favorecía la ley electoral anterior, llamada Rosatellum y que estuvo vigente desde 2017.
Ya son cinco las reformas de ley electoral aprobadas en Italia desde los noventa. Sin embargo, para fuerzas de la oposición de centroizquierda, detractores de Meloni y multitud de analistas, el Melonellum busca modificar los mecanismos electorales para hacer que la actual coalición gubernamental pueda perpetuarse en el poder. Según críticos, marca un precedente peligroso al alterar los equilibrios entre formaciones votadas en las urnas, socavar el multipartidismo propio de las democracias liberales y debilitar un modelo de representación parlamentaria plural en favor de un sistema basado en mayorías ‘dopadas’ que son reforzadas artificialmente.
La ley elimina los distritos uninominales, en los que los votantes eligen a candidatos por áreas geográficas, y pasa a elegir a listas ya cerradas antes, a partir de un sistema proporcional con premio de mayoría. A su vez, el nuevo modelo incentiva la creación de grandes bloques contendientes según alianzas previas que si quieren aspirar al poder deberán juntarse en coalición y acordar ya antes quién será el cabeza de lista. En las papeletas electorales los líderes estarán bloqueados, y sólo parte de los candidatos podrán ser elegidos por los electores.
En la derecha, la referencia es clara, ya que Meloni es su cara visible y lo sigue siendo pese a la irrupción y ascenso en los sondeos de un perfil aún más a ultra, el exgeneral Roberto Vannacci, quién con su nueva fuerza Futuro Nazionale puede desequilibrar la correlación de fuerzas en la galaxia derechista italiana y robar votos entre el nicho electoral de Fratelli d’Italia, Lega y Forza Italia, las tres formaciones que hoy forman coalición.
De hecho, los analistas señalan que la reforma se diseñó en un inicio para dar ventaja a estas tres fuerzas y ayudarles a retomar el poder, pero el llamado efecto Vannacci quitaría votos especialmente a Lega, mientras las formación de Meloni también baja, y los sondeos indican que la coalición de Meloni podría no alcanzar el 42% necesario para obtener el premio de mayoría, lo que podría beneficiar a un centroizquierda que sí podría superar este umbral.
Sin embargo, entre la oposición de centroizquierda hay aún una división candente. El Partido Democrático (PD), Movimento 5 Stelle (M5S) y Alleanza Verdi-Sinistra quieren formar una coalición en lo que se denomina Campo Largo, a la que se podrían sumar también otras fuerzas, pero PD y M5S llevan meses sin alcanzar un pacto sobre quién debería ser cabeza de lista, o sobre el formato exacto de su coalición, lo que les pone en dificultad.
Mientras discuten sobre si celebrar o no primarias para elegir a un candidato, Meloni va marcando el ritmo político y se especula con que estaría creando el escenario para ir a elecciones anticipadas esta primavera, después de que a mediados de abril se cumplan cuatro años, seis meses y un día de legislatura, el umbral necesario para que todo diputado en su primer mandato se pueda asegurar el cobro de una pensión vitalicia.
“Tenemos que darnos prisa”, decía esta semana Giuseppe Conte, líder del M5S, según el diario La Repubblica, a sabiendas de que la nueva reforma puede perjudicar al centroizquierda si no se junta en coalición, que tendrá poco tiempo para prepararse para una campaña electoral que de facto ya hace meses que está en marcha.
Uno de los que se opuso con más acción a la reforma fue Riccardo Magi, diputado del partido +Europa, quién lidera una campaña contra el plan y hace una semana inició una huelga de hambre en protesta. “Esta es una ley electoral que transforma a una minoría en el país en una abrumadora mayoría en el Parlamento, y no tiene parangón en otras democracias liberales”, dijo Maggi, en lo que describe como “una democracia bloqueada”.
Por otro lado, el temor de Meloni de que la ley electoral se viera tumbada fue latente hasta el último momento ante el miedo de que miembros de su propia coalición se ampararan en el voto secreto para votar en contra. Esto ya pasó en julio en la Cámara de Diputados, cuando se debía aprobar una enmienda a la norma que se rechazó por sorpresa en votación secreta, lo que mostró los desacuerdos con diputados de la misma coalición.