El 'Melonellum': Meloni pisa el acelerador para aprobar una polémica reforma del sistema electoral de Italia
Mientras los comicios previstos para 2027 se acercan y el ambiente de precampaña se hace patente en Italia, la ultraderechista Giorgia Meloni acelera estos días el proceso para aprobar una nueva ley electoral que muchos opositores y analistas ven diseñada para favorecer su continuidad en el poder. Algunos críticos también la perciben como un paso que pondría en peligro los equilibrios de la democracia parlamentaria surgida tras el fin del fascismo, así como una vía para afianzar una mayoría con la que asegurar la futura elección de un presidente derechista.
El plan —bautizado popularmente como Melonellum— prevé que la coalición de partidos que supere el 42% de votos obtenga un premio en forma de escaños extra. Esto supondría una bonificación de 70 parlamentarios en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado, lo que daría a la lista más votada una mayoría holgada para gobernar sin grandes tropiezos. Todo ello cambiaría la correlación de fuerzas del sistema bicameral del país, compuesto por 400 miembros en la Cámara Baja y 200 en la Cámara Alta. También dejaría atrás la actual ley electoral, llamada Rosatellum y aprobada en 2017, con un modelo más orientado a reforzar el bipartidismo.
“Esta ley supone un grave paso atrás para la democracia. Los ciudadanos renunciarán a toda libertad y poder al emitir su voto. Se transforma una minoría parlamentaria en mayoría, con una bonificación que distorsiona la representación y hace que el voto sea desigual”, denuncia a elDiario.es Riccardo Magi, diputado opositor y líder del partido progresista +Europa. La formación inició una campaña de recogida de firmas para oponerse a la medida, que ve contraria a la Carta Magna. “La Constitución dice que los votos de la ciudadanía deben ser libres, iguales y democráticos, pero con este sistema ya no lo serán”, argumenta.
Un voto con valor doble
Según alerta, “el voto de un votante de la coalición beneficiada por el premio de mayoría valdrá el doble que el de uno que vote por fuerzas minoritarias”, un modelo “inexistente en otras democracias europeas”. La ley también elimina los distritos uninominales, en los que los votantes eligen a candidatos por áreas geográficas, para pasar a elegir solo a listas ya cerradas previamente, a partir de un sistema proporcional con premio de mayoría.
A su vez, el nuevo modelo incentiva la creación de grandes bloques contendientes según alianzas previas. Estas también tendrán que acordar antes de los comicios quien será la persona candidata a primer ministro. Esto, según algunos medios y analistas, puede jugar a favor de Meloni, que desde hace años lidera un partido y un Ejecutivo muy centrados en su figura, mientras la oposición no tiene todavía a un líder de referencia claro.
“Meloni busca un sistema electoral más simple y decisivo que el actual, que evite empate o un escenario sin vencedor claro”, explica a elDiario.es el politólogo Roberto D’Alimonte, de la Universidad LUISS de Roma, que ve con buenos ojos este modelo, aunque lamenta que no se pueda celebrar segunda vuelta si los resultados entre los dos grandes contendientes son ajustados. “En este sistema, quien obtiene un voto más gana”, dice.
Mayoría fuerte para elegir al futuro presidente
Tras varios reveses este 2026, como la derrota en un referéndum clave para reformar la Justicia que marcó su mayor fracaso de la legislatura, la primera ministra defiende que le urge modificar la legislación electoral para garantizar la gobernabilidad. Sin embargo, para muchos expertos, otra de sus intenciones es asegurarse una mayoría fuerte en caso de victoria para tener ventaja ante la elección del presidente de la República en 2029. Estos meses se especula que Meloni y sus aliados buscan colocar a un futuro jefe de Estado de ideología derechista que les sea más cercano para controlar una institución históricamente asociada al centroizquierda.
Según D’Alimonte, “si Meloni gana y su coalición obtiene mayoría absoluta de escaños, estará en posición de elegir al próximo presidente de la República”, que en Italia es el equivalente al jefe de Estado, un cargo que hoy ocupa el octagenario Sergio Mattarella, de raíces democristianas, que dejará la presidencia en 2029.
Esta ley supone un grave paso atrás para la democracia. Los ciudadanos renunciarán a toda libertad y poder al emitir su voto. Se transforma una minoría parlamentaria en mayoría, con una bonificación que distorsiona la representación y hace que el voto sea desigual
Tras ello, se activará la elección de un nuevo candidato en las cámaras Baja y Alta. Se necesitan dos tercios de sus miembros a favor para validarlo, o la mayoría absoluta si en tres rondas previas no se logra una elección. En este caso, Meloni podría tener mayor capacidad de situar a su perfil idóneo para un puesto al frente de una institución clave como la Jefatura de Estado, lo que sería un hito de “prestigio” para la derecha.
Para la primera ministra, “es importante” tener en el cargo a alguien “que le sea amigo”, ya que “el presidente tiene muchos poderes, entre ellos el de designar al primer ministro, disolver el Parlamento o rechazar leyes”, destaca a elDiario.es Gianfranco Pasquino, politólogo y profesor emérito de la Universidad de Bolonia. De hecho, medios y analistas han planteado que la propia Meloni podría postularse para el cargo. En una reciente entrevista, la primera ministra aseguró que era hora de “romper el tabú” y abrir las puertas a que Italia tenga un futuro jefe de Estado “que no sea de centroizquierda”.
Meloni promete estabilidad
En un país donde los cambios de ley electoral son comunes —ha habido cuatro desde 1993—, Meloni alega ahora que su propuesta dará más estabilidad tras años de volatilidad política, varios gobiernos con líderes de perfil técnico y recurrentes caídas de ejecutivos antes del fin de su mandato, aunque la coalición que lidera batirá récords en septiembre por ser la más longeva desde que se fundó la República en 1946.
Según Pasquino, la propuesta de la mandataria es “errónea” y se basa en un “cálculo electoralista”. Con el actual Rosatellum, los partidos de coalición de Meloni “creen que no ganarían los comicios, por lo que introducen una ley nueva con premio de mayoría” que les dé más posibilidades de vencer.
si Meloni gana y su coalición obtiene mayoría absoluta de escaños, estará en posición de elegir al próximo presidente de la República”
“La bonificación para la mayoría anula la noción de representación política”, lamenta Pasquino, quien asegura que la idea de Meloni de asegurar la gobernabilidad a través de esta reforma “es del todo equivocada”. Para el experto, “las leyes electorales de todo el mundo [fijan cómo se] eligen los parlamentos, pero ellos quieren elegir al Gobierno”. “La estabilidad no se logra con reglas electorales, sino que depende sobre todo de la capacidad de las coaliciones para mantenerse unidas y de sus líderes”, concluye el académico.
Una ley con efecto 'boomerang' para Meloni
De hecho, según señalan el mismo profesor y otros expertos, la estrategia atribuida a Meloni podría resultarle contraproducente, ya que los sondeos indican que su bloque de derecha y ultraderecha podría perder los comicios ante una potencial coalición opositora centroizquierdista, dando a la última el premio de la mayoría.
Según encuestas recientes, si los partidos progresistas concurren juntos en el llamado Campo Largo, obtendrían casi un 44% de votos, por delante del 42,2% que recabarían Fratelli d’Italia —partido de Meloni— junto a sus socios de la Lega —liderada por Matteo Salvini— y Forza Italia, formación del difunto Silvio Berlusconi. Para algunos analistas, cuando Meloni planteó inicialmente la reforma no contemplaba aún la irrupción del ultra Roberto Vannacci, quien se escindió de la Lega para crear este febrero Futuro Nacional, una nueva fuerza que presiona al gobierno desde la derecha más extrema y sobre la que aún no queda claro si podría pactar con la dirigente.
Según Magi, “Meloni y sus aliados probablemente cometieron un error al pensar en una ley a su medida, ya que se equivocaron en los cálculos, porque entre medias surgió Vannacci, que hace saltar todas las previsiones”. Por ahora, las fuerzas de oposición cierran filas contra la reforma, aunque ahora buena parte de las fuerzas están más bien focalizadas en crear vías para formar una coalición conjunta y evitar la división que les llevó a presentarse por separado en los comicios de 2022, cuando salieron perjudicadas y perdieron claramente ante la derecha.
La reforma “no favorece a nadie, favorece a los italianos”, declaró en junio Meloni, rechazando las acusaciones de quienes aseguran que fomenta este modelo por interés. “Si buscas crear una ley que te permita ganar, pierdes automáticamente”, añadió. Ahora sigue tramitando la propuesta en la Cámara de Diputados para someterla a votación este mes y que después se vote en el Senado. Su meta es que la norma se apruebe antes del receso de agosto o tras el regreso de las vacaciones. Las elecciones están previstas para otoño de 2027, aunque varias fuentes han indicado estas semanas a la prensa que podrían anticiparse a la próxima primavera.
“La ley electoral ya fue aprobada en comisión, y el 14 de julio se inicia su votación” en la Cámara de Diputados, cuenta Magi sobre la tramitación de la propuesta. Según denuncia, la coalición de Meloni “adoptó un proceso acelerado” que limita las intervenciones de la oposición o su capacidad para presentar enmiendas. “Nosotros, como fuerzas opositoras, haremos todo lo posible para retrasar o bloquear esta legislación basura”, concluye.