ANÁLISIS
Por qué la terminal petrolera de la estratégica isla de Jarg sigue intacta tras los bombardeos de EEUU e Israel en Irán
La isla de Jarg, por donde pasa el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán, es posiblemente el objetivo económico más sensible del país. La terminal de exportación ha permanecido hasta la fecha intacta, sin embargo, durante la ofensiva aérea de EEUU e Israel.
Los expertos señalan que bombardear el enclave o capturarlo con fuerzas estadounidenses probablemente provocaría un aumento sostenido de los precios del petróleo, que ya se encuentran en fuerte alza, ya que equivaldría a sacar del mercado la totalidad de las exportaciones diarias de crudo de Irán.
“Si se ataca Jarg el precio del barril, que el lunes era de 120 dólares [unos 110 euros], podría dispararse hasta los 150 dólares [unos 138 euros]”, afirma Neil Quilliam, del grupo de expertos Chatham House. “Es demasiado importante para los mercados energéticos mundiales”, concluye.
Aunque EEUU ha atacado 5.000 objetivos en Irán y en la región, hasta ahora se ha abstenido de bombardear la infraestructura petrolera del país. Aun así, los precios del crudo siguen siendo casi 20 dólares [unos 18 euros] por barril más altos que antes del comienzo de los bombardeos, ya que el temor a represalias iraníes ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz al tráfico de petroleros.
Si se ataca Jarg, el precio del barril de crudo podría dispararse hasta los 150 dólares, es demasiado importante para los mercados mundiales de la energía
La fuerza aérea israelí atacó el sábado dos refinerías de petróleo y dos depósitos, sumiendo así a Teherán en lo que algunos residentes describieron como una “oscuridad apocalíptica”, en la que una espesa columna de humo negro cubrió la capital. Desde entonces no se han registrado nuevos ataques.
Jarg, una isla coralina de ocho kilómetros de largo situada en el golfo Pérsico, a 43 kilómetros del continente, es el punto final de los oleoductos que parten de los yacimientos petrolíferos del centro y el oeste de Irán. La terminal fue construida por el conglomerado petrolero estadounidense Amoco, y confiscada por Irán durante la revolución de 1979.
Mientras que la mayor parte de la costa iraní es limosa —fangosa y poco profunda—, lo que impide la entrada de los grandes petroleros utilizados por la industria petrolera, Jarg está lo suficientemente cerca de aguas más hondas.
En un contexto normal, pasan por Jarg entre 1,3 y 1,6 millones de barriles de petróleo al día, aunque Irán aumentó el volumen a tres millones diarios a mediados de febrero, según el banco de inversión JP Morgan, en previsión de un ataque liderado por EEUU. La entidad financiera también indica que las instalaciones guardan otros 18 millones de barriles como reserva.
¿Tomar Jarg?
Varios medios de comunicación han insinuado el interés de la Casa Blanca por “capturar Jarg”, incluida una breve referencia explícita atribuida a fuentes gubernamentales en una pieza del medio digital estadounidense Axios. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, no ha descartado atacar Irán con fuerzas terrestres, aunque no hay un gran número de soldados estadounidenses desplegados en la región.
Michael Rubin, que asesoró al Pentágono sobre asuntos de Irán e Irak durante la presidencia de George W. Bush, afirmó la semana pasada que había planteado la idea a cargos de la Casa Blanca, con el argumento de que podría paralizar económicamente al régimen iraní. “Si no pueden vender su propio petróleo, no pueden pagar las nóminas”, señaló.
Antes de la última ofensiva de EEUU e Israel, la mayor parte del crudo iraní de Jarg se exportaba a China. Pero la naturaleza interconectada del mercado conlleva que una pérdida permanente del suministro para la exportación afectaría a los precios a nivel mundial, en un momento en el que otros 3,5 millones de barriles diarios, en su mayoría procedentes de Irak, también están fuera de servicio debido al cierre de Ormuz.
La isla de Jarg es tan importante para la economía iraní que destruir sus instalaciones supondría abandonar cualquier pretensión de estar librando una guerra para mejorar el futuro de Irán
Lynette Nusbacher, exoficial de inteligencia del Ejército británico, señala que destruir Jarg o dañar las instalaciones de exportación “acarrea el riesgo de provocar un aumento del precio del petróleo que afectaría a la economía y que no bajaría rápidamente”. Israel no la atacó en la guerra de 12 días del verano pasado, y su compleja infraestructura podría tardar años en repararse en caso de ser golpeada.
También hay un argumento político a más largo plazo. “La isla de Jarg es tan importante para la economía iraní que destruir sus instalaciones supondría abandonar cualquier pretensión de estar librando una guerra para mejorar el futuro de Irán”, sostiene Nusbacher, ya que privaría a un futuro régimen sucesor de unos ingresos petroleros vitales.
Además, dado su tamaño, cualquier intento de tomar la isla requeriría probablemente una operación considerable y sostenida, mayor que una incursión típica de las fuerzas especiales. Aunque adueñarse de ella permitiría a la Casa Blanca, teóricamente, poder influir sobre Teherán, Quilliam argumenta que es muy probable que tal esfuerzo resultara contraproducente.
“Si EEUU se hiciera con el control, estaría fragmentando la industria petrolera iraní. Irán tendría producción, pero no podría exportar, mientras que EEUU no podría producir. Eso provocaría una caída en picado de los mercados; sería un verdadero punto muerto”, afirma el analista.
Traducción de Emma Reverter