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La vicepresidenta de la Asociación Riojana de Víctimas del Terrorismo (ARVT), Matilde Atarés, ha reclamado que “el recuerdo del 11 de marzo, lejos de dividirnos o incomodarnos, vuelva a ser un espacio de encuentro en torno a valores compartidos”. Ha añadido que “la verdad, la memoria, la dignidad y la justicia no sean palabras pronunciadas en los aniversarios, sino principios que orienten de manera constante la acción pública y el comportamiento institucional”.

Ha sido en el acto de conmemoración del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, que se ha desarrollado en el Espolón de Logroño, junto al Monumento a las Víctimas del Terrorismo. Se ha iniciado con un minuto de silencio en recuerdo a los asesinados.

Han acudido, entre otras autoridades, la presidenta del Parlamento, Marta Fernández Cornago, la delegada del Gobierno en La Rioja, Beatriz Arraiz, o el alcalde de Logroño, Conrado Escobar.

Atarés en el manifiesto por este día ha recordado, al inicio, de manera especial a las 192 víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, para a continuación señalar que “su memoria no puede depender de mayorías cambiantes, ni de relatos coyunturales, sino que debe sentarse sobre un compromiso firme y duradero de toda la sociedad y de todas las instituciones”.

Ante ello, ha reivindicado “una memoria que no se administre según conveniencias; una justicia que no se flexibilice según necesidades parlamentarias; y una dignidad que no se condicione a silencios estratégicos”, ya que “solo así podemos mirar al futuro con la tranquilidad de haber sido coherentes con los nuestros”.

En su intervención, Atarés ha recordado que el 11 de marzo “comprendimos que la rutina puede romperse en cuestión de segundos y que la violencia fanática es capaz de irrumpir en lo cotidiano para convertirlo en tragedia, dejando tras de sí un rastro de familias desechas, de proyectos truncados y de preguntas que, más de dos décadas después, siguen resonando en el corazón de quienes perdieron a los suyos”.

No obstante, ha manifestado que “junto al dolor, también emergió entonces una reacción colectiva de solidaridad y de unidad que demostró que, frente al terror, la sociedad española sabía mantenerse firme y cohesionada colocando a las víctimas en el centro y situando su memoria por encima de cualquier discrepancia ideológica o interés partidista porque durante un tiempo parecía evidente que acompañar a las víctimas no era una opción política sino un deber moral compartido”.

En este punto, Atarés ha lamentado que “esa certeza se ha ido erosionando y las víctimas asistimos con desconcierto a un clima en el que el simple hecho de reivindicar verdad, memoria, dignidad y justicia parece generar incomodidad o sustituir sospechas como si el recuerdo de quienes fueron asesinados hubiera dejado de ser un punto de encuentro para contrastarse en motivo de controversia”.

De hecho, ha asegurado que “muchas víctimas del terrorismo tenemos una sensación persistente de abandono; una percepción de que nuestras demandas de verdad y justicia quedan relegadas cuando entran a juego intereses que parecen considerarse superiores y de que nuestra voz solo resulta bienvenida cuando no cuestiona determinadas decisiones o determinados factos”.

Para la vicepresidenta de la ARVT “ese sentimiento se intensifica cuando observamos como mediante interpretaciones flexibles de la legislación penitencial y la aplicación de mecanismos que permiten retorcer la ley como la concesión de terceros grados o la aplicación del artículo 100.2, los terroristas abandonan la prisión antes de que las víctimas hayamos siquiera rozado la sensación de que se ha hecho justicia”. En este punto, ha citado la situación de semilibertad del etarra 'Txeroki' que condenado a 400 años de prisión “ha cumplido 17”.

Ante ello, ha señalado que “no hablamos desde el resentimiento ni desde el deseo de venganza, sino de la condición de que la justicia no puede percibirse como una realidad maleable que se adapta a coyunturas políticas cambiantes”. Todo ello, porque “cuando la aplicación de la ley transmite la impresión de que puede retorcerse para facilitar determinados apoyos o para aliviar tensiones parlamentarias, lo que se resiente no es sólo la confianza de las víctimas, sino la credibilidad misma del Estado de Derecho”.

Para la ARVT hay principios que consideran “irrenunciables”, como “la verdad como fundamento de cualquier memoria honesta; la dignidad como reconocimiento incondicional de quienes sufrimos el terrorismo; y la justicia como garante de que la ley se aplicar con rigor y coherencia sin excepciones interesadas”.