Utopías 12: Franciscus
La semana del 21 al 27 de abril ha sido especial. Comenzó con la muerte del Papa. Dos días después, el 23 de abril, se celebró el día del libro. En Cataluña y los barceloneses estaban exultantes. Los últimos 23 de abril, estuvieron deslucidos por la lluvia y en este 2025: Cervantes, Shakespeare, Francisco y San Jordi, se pusieron de acuerdo para que el día fuese espectacularmente primaveral. Las ventas de libros en toda España sobrepasaron las de años anteriores.
Javier Cercas y su último trabajo: «El loco de Dios, en el fin del mundo», batió el récord. La editorial «Random House» podría tener el detalle de destinar una parte de los beneficios a los más pobres y marginados que tanto defendía Francisco.
El escritor fue solicitado por todos los medios de comunicación para que hablase del Papa.
San Jordi y Francisco debieron de maniobrar para que un ateo, anticlerical como se autodefine Cercas mantuviese un «cara a cara» con un President, Salvador Illa, que no oculta su condición de católico practicante. De esa conversación en el Palau de la Generalitat, lo que ha trascendido han sido un ramillete de mensajes que extrañan a mis oídos, porque son lo contrario a lo que el «innombrable con visera» y sus «monstruos» desplegados por el mundo, también por España, nos quieren acostumbrar.
Javier Cercas aprovechó el encuentro con Salvador Illa, para reivindicar una Europa que acoja a los necesitados; añadió que si él «fuera presidente, empezaría por cuadruplicar el sueldo a los maestros porque, -continuó diciendo-, un país no funciona sin educación y coincidió con el político catalán en que «la fraternidad y el humanismo llevan a levantar barreras que frenan la banalización del insulto, preludio de cosas peores». Vamos que un ateo y un católico si hablan, y piensan, no solo se encuentran, sino que coinciden.
En Catalunya, en el día del libro, festividad de San Jordi, es tradicional que el President de la Generalitat, haga una declaración institucional.
El de este año, yo lo leí la noche del 23 de abril en «La Vanguardia». Una declaración que recomiendo a quienes como yo, estén hartos de gritos, de conversaciones sin contenido, de hablar por no callar y de tanta estupidez y mala educación como nos rodea.
El President habló de «entendimiento y diálogo entre las personas»; de la figura del Papa Francisco y su compromiso con los más vulnerables y de San Jordi mártir, porque desobedeció al emperador Diocleciano y no persiguió a los cristianos, lo que en palabras de Salvador Illa fue «una lección de humanidad hoy tan necesaria de recordar, en tantas regiones del mundo en las que las minorías sufren la intolerancia». Además para el President, la tradición catalana de regalar un libro y una rosa es «un acto en favor de la creatividad, los valores humanos, la democracia y la convivencia».
A los suscriptores de los periódicos digitales se nos dan la oportunidad de comentar las noticias y artículos de opinión. Eché un vistazo a los comentarios de la declaración institucional de Illa y lo más «lindo» que leí fue «meapilas», así que me dejé llevar por el primer impulso y escribí: “A mí me gusta mucho Salvador Illa. Me gustan sus discursos y el contenido de sus mensajes. Hablar de paz, de amor, de respeto, me parece más interesante que hablar de guerra, odio, desprecio…
No soy catalana, ni vivo en Catalunya.
Me gusta Cataluña, lo que conozco de ella, y defiendo a los catalanes, cuando en mi tierra, La Rioja, se habla mal de ellos.
Por mi parte: Visca S. Jordi, visca Salvador Illa y visca Catalunya.
Posiblemente, me excedí, porque no sigo el día a día de la política catalana, ni estoy al corriente de los aciertos o desaciertos del Sr. Illa, pero estoy cansada de que la mayoría de las veces solo se oigan los gritos de los mismos.
Si un escritor ateo, viajó y habló con el Papa, si el mismo escritor y un político católico, hablan y coinciden en la defensa de la paz y en la necesidad de acoger a los necesitados, ¿por qué no puede ocurrir que en los funerales de Francisco, la conversación entre Zelenski y el del otro lado del océano y el encuentro entre Von der Meyer y el innombrable, sirvan para hablar de paz y no de guerra, para la conveniencia de ayudar al vulnerable, en vez de al invasor?.
UTOPIA número 12: AMÉN