Hay nombres que hablan por sí solos. Que solo con oírlos traen a nuestra mente sabores, olores e incluso momentos. Son precisamente esos nombres los que sientan la base sobre la que se asienta una de las gastronomías más valoradas del país, la riojana. Son lugares, proyectos y personas que a lo largo de los años han trabajado al servicio de la tradición, del buen producto, de la excelencia. Son los que han servido de ejemplo para todos los que han ido llegando después para dar todavía más lustre a un sector que no deja de reinventarse, pero que mira siempre atrás y abajo, a la tierra.
Este año, la Academia Riojana de Gastronomía ha querido premiar a tres de esos proyectos que simbolizan la constancia y el tiempo como seña de identidad y de garantía de profesionalidad. Tres proyectos centenarios de esos que se conocen en toda La Rioja y también más allá de nuestro territorio. Porque con estos galardones se reconoce mucho más que a una persona o una empresa; se reconoce una forma de hacer y entender las cosas.
Es el caso de la empresa de embutidos y jamones Martínez Somalo, premiada por su trayectoria, su constante evolución y crecimiento sin renunciar a su proceso artesanal y sus materias primas de máxima calidad. Se trata de una de las empresas más emblemáticas del sector choricero y un referente nacional para la alta gastronomía. Nació en Baños de Río Tobía en el año 1900 con el nombre 'La Gloria Riojana'. A día de hoy, la empresa está regentada por la cuarta generación de la familia que ha sabido encajar a la perfección la tecnología más avanzada con la tradición y el saber hacer heredado de sus antepasados. Sus productos, totalmente arraigados a la tierra, se encuentran en tiendas gourmet y restaurantes de más de 35 países del mundo.
Algo parecido sucede con otro de los premiados de este año por la Academia, la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja. Hablar de gastronomía en La Rioja es hablar inevitablemente de vino. La que fuera primera Denominación de Origen de España en 1925, acaba de cumplir su primer centenario acumulando por el camino numerosos hitos que han ido haciendo de los vinos de Rioja un sinónimo de excelencia. Presentes en 136 países y en cartas de restaurantes Michelin de los cinco continentes, nuestros caldos se han convertido en los mejores embajadores de esta tierra. Han hecho además de La Rioja la denominación más visitada de España, la que acoge mayor número de bodegas abiertas al público y la principal referente para el sector más especializado.
Y si algo está claro es que en La Rioja, si pensamos en vinos, pensamos casi de la mano en pinchos. De Laurel a San Juan pasando por los barrios de Logroño o las calles de Haro, Arnedo, Calahorra, Santo Domingo o el bar más pequeño del pueblo más recóndito. Esos pequeños bocados son también los que escriben la historia de esta región. El más antiguo de los que queda en el corazón de Logroño es el Blanco y Negro. Abrió sus puertas a finales del siglo XIX, cuando el ayuntamiento de la época decidió abrir laTravesía de Laurel a Bretón de los Herreros para dar permeabilidad al Casco Antiguo. Desde entonces, cada propietario ha ido manteniendo la especialidad que le ha dado carácter propio: el matrimonio y la bruschetta de queso de cabra. Esta trayectoria y esta evidencia de que la mejor gastronomía se puede comer también de pie y de un bocado, han hecho a este establecimiento logroñés merecedor de uno de los premios de la Academia.
Todas las imágenes de los IV Premios de la Academia Riojana de Gastronomía
“Ha sido una mágica coincidencia que los tres premiados superen el siglo de vida, lo que nos lleva a pensar que el tiempo es un gran compañero de viaje de la calidad que representan”, decía hace unos días Pedro Barrio, presidente de la Academia Riojana de Gastronomía. Los galardones han contado con el patrocinio del Gobierno de La Rioja, el Ayuntamiento de Logroño, Acción Social de Caja Rural de Navarra y UNIR, entidades que han querido mostrar su apoyo a todos esos proyectos que van tejiendo la identidad riojana a través del paladar.