“La esperanza nos mueve”: Sol mantiene viva la llama de la vivienda mientras crece el clamor por una huelga general
Son pasadas las tres y media de la tarde cuando empieza a chispear en el centro de Madrid. Más de mil tiendas siguen ocupando la Puerta del Sol, cuando se cumple una semana de la histórica manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas. Tras la decepción por los dos decretos Maricarmen derogados este viernes en la votación en el Congreso de los Diputados –con votos de PP, Vox y Junts en contra de ambos–, la organización sindical ha sacado a las calles a medio millón de personas, según el Sindicato–70.000 según Delegación del Gobierno–. Lucía, de 22 años y que lleva acampada desde el martes, cuenta que es consciente “desde muy pequeña” del problema de la vivienda.
Cuando estalló la crisis inmobiliaria y financiera de 2008 afectó a su familia directamente. “Fui creciendo, me fui formando, y ya cuando he sido adulta, me he interesado más”. Su tienda, justo en el centro de la plaza, mira directamente hacia la sede de la Comunidad de Madrid, donde su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, ha pedido al Gobierno desalojarla. “La huelga [general] es una herramienta muy eficaz, que nos puede ayudar mucho, aunque también afecta al trabajador promedio”, explica.
“Estamos ante un Congreso incapaz de sacar medidas valientes adelante por la vida de las inquilinas porque está secuestrado por el rentismo”, clamaba tras la manifestación de esta mañana una de las portavoces del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río. “Vamos a construir la huelga general que ya es un clamor social”. “La población está a favor de construir esta huelga general porque es la herramienta histórica con la que se han conquistado los derechos en este país y es la herramienta con la que vamos a conquistar el derecho a la vivienda”, añadía.
“Frustración” y “esperanza”
Lucía, que no ha ido a la manifestación para quedarse en Sol, mantiene “la esperanza” en el movimiento que se ha generado en torno al 26S. La esperanza es una de las palabras que más repiten estos días los jóvenes; también la “frustración”. “Estamos muy defraudados con el Gobierno, muy frustrados”, reconoce. Una frustración que se percibe de forma generalizada. Zero, de 19 años, también lleva acampando en Sol desde el martes. Es vecino de campamento de Lucía. “La organización es increíble”. “Se hacen grupos de whatsapp por la calle en la que estés y siempre hay gente dispuesta a ayudar”, asegura. Este joven detalla cómo se están organizando: con normas de convivencia, de respeto, y de limpieza. “Lo que veo es el respeto del uno al otro y la comunidad que se está creando”.
Asegura que le recuerda a cómo era la vida, antiguamente, en los barrios. “Salir a hablar con tus vecinos, ayudar al otro sin buscar nada a cambio”. “Y eso es lo que a mí me está llenando más, ver que podemos ser autosuficientes”, explica.
–¿Qué sintió ayer cuando se tumbaron los dos decretos de vivienda en el Congreso?
“La verdad es que me lo esperaba, pero siempre tienes la esperanza de que vayan a empezar a hacer las cosas bien”. “Yo creo que la esperanza es lo que está moviendo todo esto”, afirma Zero. De nuevo, la esperanza. Pero también la frustración. Así fue cómo vivieron el momento en que el Congreso de los Diputados tumbó el primer decreto –con los votos en contra de PP, Vox y Juntos– y del segundo –con el voto en contra de los tres primeros, y también del PNV. “Asumía que alguno caería, pero no pensaba que iban a ser los dos de golpe”, reconoce. “Cuando llegó la noticia, porque aquí la seguíamos de manera muy activa, de que habían tumbado el primero, ya asumíamos que el segundo también iba a caer”. “Y fue muy frustrante”.
Sin embargo, este joven tiene claro que quiere seguir. “Si hace falta estar un mes, pues se está un mes”. También Lucía, su compañera de lucha. “Tenemos que aprovechar la oportunidad, porque lo difícil ya está hecho, que era organizarse y salir a las calles”, explica. Y lanza un mensaje a la gente joven para que “estudiemos, no nos dejemos llevar por la ignorancia”. “El odio es muy fácil de comprar, pero lo difícil es precisamente venir aquí, querer a tu pueblo y hacer algo por ello”. “Hay que salir a las calles porque podemos cambiar las cosas”, insiste.
Debido a las lluvias que empezaron a caer estos últimos días, prácticamente todo el campamento está cubierto por toldos. Al acceder al interior, en una de las entradas de este sector –así llaman los acampados las diferentes zonas de Sol–, un grupo de mayoritariamente chicas come en el suelo. Jana, de 22 años, lleva desde el lunes manifestándose y desde el miércoles acampando. Esta mañana se ha acercado a la manifestación, desde la columna que salía de Atocha. “El ambiente era muy bueno”, explica. Para ella, como para otros jóvenes, son sus primeras protestas en torno a reivindicar la vivienda como un derecho.
–¿Cómo le afecta la crisis de vivienda?
“Ahora mismo”, explica, “soy estudiante pero también estoy trabajando por las tardes”. Estudia Trabajo Social y trabaja por las tardes para poder pagarse parte de los estudios. Se planteó estudiar en otra ciudad para poder acceder a un doble grado pero no lo vio viable. “Viendo los precios [del alquiler], te tienes que quedar con tus padres”, reconoce. De todas las propuestas que ha puesto sobre la mesa el Sindicato de Inquilinas, Jana cree que la más importante ahora mismo es “la reducción de los alquileres, porque dentro de lo que cabe creo que es lo más factible a corto plazo”. Además, cree que es necesario ampliar el parque de vivienda pública. “Si el Estado tiene más viviendas, es más fácil regular”.
Enfrente de ella está Chiara, de 20 años, que ya participó en la manifestación del sábado pasado. Después de tantos días acampando reconoce que el cansancio empieza a afectar porque “a nadie le gusta dormir en el suelo, incómodos, pasando frío y aguantando las lluvias”. Sin embargo, lo ve necesario. “Nos parece importante poner el cuerpo, aunque sea un sacrificio”. Ella cuenta que en su entorno social, la gente joven, mayoritariamente comparte sus valores. “Está de acuerdo no siempre con mis ideas, pero respeto mis derechos”, matiza.
A raíz de las manifestaciones de esta semana, que aún transversales están repletas de jóvenes de la Generación Z, siente que está habiendo “un despertar”. “Es que somos muchísimos. Es que realmente toda la gente estamos aquí preocupados por lo que nos interesa, por lo que necesitamos, por lo que creemos que es lo digno para vivir”, opina. Así, cree que no toda la gente joven es de derechas o de extrema derecha.
Belén, de 24 años, se sienta al lado de Chiara. El primer día que estuvo en la acampada fue el pasado lunes, junto a su amiga Gloria. “Pude venir porque teletrabajaba el martes, así que nos vinimos las dos, montamos la tienda y hubo amigos que nos trajeron colchón, mantas y todo lo necesario, los que no se podían quedar”, explica.
Reconoce, igual que otras compañeras suyas, que “no me lo esperaba, pero me he alegrado muchísimo” porque “es la primera vez que he sentido, en muchos años, esperanza política”. Además de las medidas concretas que ha puesto sobre la mesa el Sindicato de Inquilinas, pide una mejor cobertura mediática para explicar, políticamente, la diferencia entre grandes tenedores y pequeños propietarios. “Me parece muy importante, antes de establecer medidas o de darnos prisa con las leyes —que, por supuesto, hace falta—, diferenciar eso”, asevera.
Y pone como ejemplo, un autónomo que después de haber trabajado toda la vida se ha podido pagar un piso en contraposición de un fondo buitre que se compra un edificio entero y especula con la vivienda. Por eso, las medidas concretas, opina, no se pueden abordar de la misma manera para unos y otros. “Creo que la derecha y la ultraderecha están jugando con eso y creo que nos puede hacer mucho daño, porque hay gente que piensa que está en un grupo que obviamente no va a defender sus intereses”, lamenta.
La autoorganización: una de las claves
En otro de los sectores de Sol, cerca de la calle Mayor, un grupo de amigos charla sobre lo que está ocurriendo estos días. Josema, de 22 años, empezó a acampar el pasado domingo. “Es increíble. A mí me ha hecho recuperar la ilusión en la juventud y, ni siquiera en la juventud, en la gente. Es increíble la organización por dentro: no hay caos”, comenta. Este joven cuenta que ante cualquier contratiempo, incluido la lluvia, la gente se organiza de forma horizontal para solucionar cualquier problema.
Y en este sentido, reconoce el trabajo de base. “Yo pienso que, aunque en lo personal sí que pienso distinto, me gusta el Sindicato de Inquilinas, que es quien ha tenido el músculo de poder organizar todo esto”. “Estamos yendo todos a una para ver si así podemos hacer algo, porque somos mucho más fuertes que por separado”, considera.
En cuanto a los dos decretos tumbados este viernes, Josema no se muestra sorprendido. “Yo me lo esperaba porque, sinceramente, el PSOE sabe muy bien lo que ha hecho. Y el resto, ya sabemos cómo son”, afirma, respecto a los partidos conservadores que votaron en contra. “Aquí no se salva nadie. Tenemos una batalla contra la clase política y los de arriba”, recuerda, recordando uno de los lemas del 15M: “Somos los de abajo, y vamos a por los de arriba”.
Entre sus compañeros de sector está Emi, un joven de 20 años.
–¿Cómo está viviendo estos días?
“Tengo muchas ganas, la verdad, y mucha ilusión por el proyecto y, sobre todo, por la causa”. “Pero al final también decepciona un poco”, reconoce, recordando las votaciones de este viernes en el Congreso de los Diputados. “Tampoco teníamos mucha esperanza, pero algo de esperanza había, ¿sabes? Y estamos aquí intentándolo. Parecía que iba a salir al menos un decreto, que encima no llevaba ni los mínimos de lo mínimo, y es que ni eso”, lamenta Emi.
Este joven, como otros, cree que hay que mantener la energía que se ha concentrado estos días en la Puerta de Sol para ir hacia la huelga general este 14 de octubre. “Es un orgullo porque, al final, tú vives tu lucha y tu causa por ti mismo y, antes de esto, yo no era consciente de que había tanta gente y de que somos muchos que nos podemos organizar muy bien”, opina. Y pone en valor la autoorganización: “Ayer [viernes] cuando empezó a llover aquí, llovió un montón. Nos organizamos todos súper bien para poner las lonas, para hacer todo esto, cada uno mirando por todo el grupo”. “Súper, súper bonito”, añade.
El motor de las movilizaciones, la acampada de Sol, se mantiene encendido cuando son pasadas las seis de la tarde. A las ocho, en dos horas, los neonazis de Núcleo Nacional han convocado una movilización. Sin embargo, los manifestantes no les tienen miedo. Este sábado, la Policía Nacional ha desplegado a 500 antidisturbios debido a la convocatoria ultra, que pretende enfrentarse a los acampados, según Vozpópuli.
De momento, la “frustración” pero también la “esperanza” para luchar continúa encendida. “Permitid que la rabia os llene el pecho y, sobre todo, mantened la cabeza alta, porque estamos orgullosas y porque estamos mirando a un horizonte más justo, esperanzador, por el que merece la pena vivir”, concluyó la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, frente al edificio del Ayuntamiento de Madrid, que preside José Luis Almeida.