Los rostros de la acampada por la vivienda en Sol: “Estoy orgullosa de que mi generación esté haciendo todo esto”
Tras años escalando en los puestos del CIS, en diciembre de 2024 el problema de la vivienda se instaló para quedarse como la principal preocupación de los españoles. Casi dos años después, la situación es ya insoportable en el sentido más literal de la palabra.
Las miradas decididas de la Puerta del Sol de Madrid -que lleva ocupada primero por cientos, y después por miles de manifestantes desde el sábado por la noche- así lo reflejan. La mayoría de los acampados están en su veintena, y para muchos de ellos es la primera vez que viven algo así.
Es el caso de Míriam, 24 años. “Cuando vimos que la acampada iba en serio para mí fue como: 'Estoy muy orgullosa de que mi generación esté pudiendo hacer esto'. Acampé la madrugada del sábado al domingo porque sentí que se trataba de un momento histórico”, explica.
“Es un punto de no retorno”
Diego (19 años) e Iker (22) acamparon la primera noche y piensan quedarse la segunda. “Cuando se planteó, pensamos ‘tenemos que hacerlo sí o sí. Es la oportunidad’. Yo creo que es importante que en situaciones tan difíciles como esta estemos juntas, ocupando el espacio público, mirándonos a la cara, ayudándonos, y sosteniéndonos. Es una potencia política que no habíamos tenido hasta ahora y que creo que es un punto de no retorno”, dice Iker.
Desde 2025, la generación Z no ha dejado de sacudir el mundo liderando protestas contra sus gobiernos. Es el caso de Togo, Kenia, Madagascar, o Marruecos. Y ahora el de España. A Alex (24 años) le alegra estar demostrando que se puede ir más allá del ciberactivismo. “Hay que aprovechar la oportunidad de que no estamos solos y desahogarnos todos juntos”, clama.
Valeria Racu (31 años), es, sin duda, una de las caras más reconocibles de esta lucha, pues es una de las portavoces del Sindicato de Inquilinas de Madrid. “Los sindicatos de inquilinas llevan existiendo diez años, llevamos diez años poniendo esto encima de la mesa. Es un orgullo ver que ese trabajo de hormiguita está teniendo su impacto”, afirma.
“Si el decreto no sale el martes no sale, el Gobierno habrá desaprovechado la única oportunidad que le quedaba”
“En un mundo en el que parece que todo se está cayendo a cachos, que no hay nada que hacer, que siempre ganan los malos y tú solo tienes que aceptar, tienes que agachar la cabeza, ver que no, que en realidad cuando te organizas, cuando plantas el cuerpo junto a muchísimas otras personas, tenemos más poder, eso es muy potente”, prosigue.
“Si el decreto no sale el martes no sale, pues sinceramente, el Gobierno habrá desaprovechado la única oportunidad que le quedaba para mostrar que realmente está del lado de la gente y no del lado de los especuladores. Realmente creo que es la última oportunidad”, sentencia.
Pese a que las acampadas las están copando los más jóvenes, también hay personas de otras generaciones, como Daniel (53 años): “Hay que estar, hay que molestar, y hay que seguir”. No pudo vivir personalmente el 15M, por eso le emociona especialmente poder estar formando parte de este momento.
También ha sido decisivo el apoyo que han recibido de la marea verde por la educación pública, que, tras llevar a cabo su propia manifestación, ha acabado en Sol. A partir del mediodía se han desatado momentos de verdadera euforia, al haberse aunado las dos luchas que comparten un nexo: los derechos de la clase trabajadora.
El poder de convocatoria de las redes sociales
A medida que iba acercándose la tarde, iban apareciendo por doquier decenas de caras reconocibles para esta generación, como es el caso de las influencers Samantha Hudson y María Barrier (27 años), que estuvieron en la manifestación del sábado, y que piensan acampar esta noche.
“Lo que está sucediendo tiene mucho que ver con la capacidad de desmontar los imposibles”
“Maricarmen ha sido un símbolo que ha rebasado ya los límites de todas nosotras, la gota que ha colmado el vaso. Necesitamos que el martes se tomen medidas reales. Toda esta acampada y todo lo que está sucediendo tiene mucho que ver con la capacidad de desmontar los imposibles y de construir un futuro”, dice Hudson.
“Yo he vivido de alquiler toda mi vida. Mis padres nunca han sido propietarios y nos hemos cambiado cada dos años de casa. Ojalá que nadie tenga que pasar por eso. Es una putada tener que cambiar de barrio, de vida, de vecinos, cada dos años”, lamenta Barrier.
Adela también tiene 27 y su sensación es agridulce. “Hay momentos de bajón. Estamos muy orgullosa de estar organizándolo todo tan bien, y de que tanta gente nos esté apoyando tanto, pero no dejas de recordar por qué estás aquí, todas las personas a las que han desahuciado y siguen desahuciando, como a Maricarmen, y sabes perfectamente que esto no es un juego”, dice.
Otra de las grandes herramientas de esta generación son las redes sociales, que les han otorgado un poder de convocatoria enorme. Bake Gómez, creadora de contenido y periodista de 35 años, ha hecho uso de ellas, y ha animado a través de su Instagram a que la gente se acercara a Sol. “¿En qué momento hemos hecho que lo más básico sea imposible de alcanzar?”, expresa.
“Lo que estamos haciendo es romper el tablero de esta especie de Monopoly”
Algo así, concuerdan muchos de ellos, era inevitable, cuestión de tiempo, porque, sencillamente, no pueden más. Pese a que la crisis de la vivienda está afectando a todos los españoles, los datos de esta generación son inauditos, pues la tasa de emancipación juvenil ha tocado un mínimo histórico (14,5%). La vivienda es una ficha que cae como en el dominó en el resto de áreas de sus vidas. Si no la sostienen con fuerza, sienten que no habrá futuro posible.
“Lo que estamos haciendo es romper el tablero de esta especie de Monopoly. Se acaba la partida. Yo no quiero un mundo donde casos como el de Maricarmen estén legitimados. Entonces, hay que poner freno, porque si no, ¿dónde está el límite? ¿Hasta dónde van a llegar?”, se pregunta la creadora de contenido.
Aseguran que quieren que lo que se está fraguando estos días vaya más allá del martes. “Una vez esta acampada termine -cuando tenga que terminar- todo esto se va a intentar llevar a otros sitios. Se va a llevar a los barrios, a los centros de trabajo, a los centros de educación, a todos lados, porque es ahí donde tenemos que continuar cambiando las cosas”, afirma Racu.