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Los árboles que necesitamos en Madrid

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El progresivo calentamiento climático hace más necesario que nunca los árboles, especialmente en las calles de la ciudad. Pero ¿qué árboles son los más útiles? ¿Dónde conviene plantarlos y dónde no?

Una de las calles más sombreadas de Madrid, por la que da gusto pasear durante los días de calor, es la de General Álvarez de Castro, en Chamberí. Esta vía conserva una doble hilera de árboles gracias a la movilización vecinal. A finales de los años ochenta, el Ayuntamiento proyectó la construcción de un gran aparcamiento subterráneo que habría reducido las dos alineaciones arbóreas a una sola. Además, los ejemplares supervivientes habrían visto mermadas sus posibilidades de desarrollo al disminuir la cantidad de tierra disponible para sus raíces.

El caso contrario lo encontramos en la calle de Narváez. Allí, varios aparcamientos subterráneos redujeron las dos hileras de árboles existentes a una sola, y en algunos tramos las eliminaron por completo para dar paso a las rampas de acceso a los parkings. Lamentablemente, en aquella zona no existió un movimiento vecinal capaz de frenar el proyecto. Hoy, recorrer Narváez durante las horas de más calor resulta poco recomendable.

Las calles amplias y las grandes avenidas son las que más necesitan árboles de sombra. Lo ideal es que cuenten con una doble hilera; y cuando esto no sea posible, deberían plantarse especies de gran porte capaces de proporcionar amplias zonas de sombra.

Por el contrario, en las calles estrechas del centro histórico no siempre es imprescindible plantar árboles. Los alcorques ocupan un espacio valioso para el tránsito peatonal y, en muchos casos, la sombra ya la proporcionan los propios edificios. Tampoco parece conveniente plantar árboles de gran tamaño delante de monumentos que merecen ser contemplados. Es una lástima que hoy apenas pueda verse el Observatorio Astronómico desde la calle debido a los árboles plantados a su alrededor hace algunos años.

Las plazas tampoco deberían convertirse en desiertos de granito y cemento. Han de ser espacios agradables para la convivencia vecinal, con vegetación suficiente y zonas de sombra. Además de árboles, resultan muy útiles las pérgolas, con o sin enredaderas, que protegen del sol a los paseantes. Cuando se argumenta que una plaza no puede tener jardines porque bajo ella existe una estación de metro o un aparcamiento, conviene recordar que eso no siempre es cierto. La plaza de Olavide ofrece un buen ejemplo: sobre su aparcamiento subterráneo se extiende un agradable jardín que disfrutan diariamente cientos de vecinos.

En algunas calles amplias incluso podría recuperarse una figura urbana prácticamente desaparecida: el bulevar. Entre el último tercio del siglo XIX y el primero del XX llegaron a existir en Madrid cuarenta y cinco bulevares. Hoy apenas sobreviven cuatro: los de Ibiza, Sainz de Baranda, Juan Bravo y Reina Victoria. Los otros cuarenta y uno fueron sacrificados en favor del tráfico rodado.

Aquellos bulevares contaban con cuatro hileras de árboles: dos en las aceras y otras dos en el paseo central. Este último disponía de una zona empedrada para caminar, flanqueada por franjas de tierra y vegetación. Eran espacios pensados para el paseo y el encuentro ciudadano, lugares donde muchos madrileños disfrutaban de sus ratos de ocio.

Los árboles no solo proporcionan sombra. También contribuyen a refrescar el ambiente, favorecen la creación de corrientes de aire, producen oxígeno y absorben dióxido de carbono, además de retener partículas contaminantes y metales pesados en suspensión. Actúan asimismo como pantallas acústicas y embellecen el paisaje urbano.

Madrid tiene la fortuna de ser una de las ciudades más arboladas del mundo. Cuenta con cerca de cinco millones de árboles, de los cuales unos trescientos mil se encuentran en las calles.

Sin embargo, en muchas zonas de la ciudad todavía no se disfruta de una sombra suficiente. A veces porque no se han plantado los árboles necesarios; otras, porque no se han elegido las especies más adecuadas; en ocasiones, porque el mantenimiento resulta insuficiente; y con frecuencia porque determinados tramos han quedado desprovistos de arbolado debido a aparcamientos, estaciones de metro, terrazas u otras infraestructuras.

Basta con darse un paseo por Madrid durante una jornada de intenso calor para comprobarlo.

Sobre las especies arbóreas más adecuadas para nuestra ciudad hablaremos en un próximo artículo. Hasta entonces, procuren caminar por la sombra, si pueden.