En Madrid, la Navidad dura seis meses: de finales de Septiembre hasta finales de Marzo permanecen en nuestras calles los adornos del Ayuntamiento
Este martes, 29 de Septiembre de 2026, caminaba por el Puente de Toledo cuando me sorprendió ver toda una serie de pérgolas con campanitas y guirnaldas y un lema repetido en todas ellas: «¡Feliz Navidad!»
Semana a semana, a lo largo de los meses de octubre y noviembre, la empresa contratada para colocar los adornos y las luces irá llenando las calles y plazas de Madrid de motivos navideños. El encendido oficial de las lucecitas tendrá lugar en la última semana de noviembre y lucirán hasta el 7 de Enero, aunque permanecerán colgadas y apagadas hasta finales de marzo.
Dicen que la causa de que tengamos instalados los adornos navideños durante seis meses —¡medio año!— tiene que ver con que la concesionaria de estos trabajos posee muy pocos operarios. Por eso les lleva tres meses colocar las luces, y otros tres meses retirarlas. De modo que, cuando entre la primavera, podremos seguir contemplando el inelegante belén de luces que ocupa todos los arcos de la Puerta de Alcalá.
Siguiendo con esta tendencia, no debería extrañarnos que el próximo año los Veranos de de la Villa comiencen en el mes de Enero. Así el consistorio dispondrá de más tiempo para preparar los cada vez más escasos eventos culturales del estío. De igual manera, las fiestas de San Isidro podrían durar cinco o seis meses, y con ello el Ayuntamiento ganaría muchos apoyos. Las procesiones de Semana Santa podrían empezar en Agosto, y de ese modo los sufridos turistas tendrían algo con lo que distraerse en las tórridas tardes estivales. Eso sí, habría que prolongar dicha semana hasta el Domingo de Resurrección, para no molestar a la jerarquía católica.
A nadie le extrañaría esta dilación. Hoy en día nos parece de lo más normal que el Black Friday dure casi dos semanas. ¿Acaso ignoran que la Semana Fantástica de El Corte Inglés dura tres semanas?
Volviendo a las eternas navidades, hoy cualquier filósofo madrileño podría sentenciar: “Navidad de navidades, todo es pura Navidad”. Pero, yo me pregunto: ¿qué sentido oculto tiene llenar la ciudad de lucecitas durante medio año? Porque está claro que la Navidad no puede estirarse mucho más. Hombre, podría durar todo el año, y entonces los honrados contribuyentes no tendríamos que pagar por colocar las luces y luego por retirarlas, Se quedarían siempre donde están, y así, por fin, con el ahorro conseguido, el alcalde podría bajarnos sensiblemente los impuestos.
Mientras los madrileños miramos las lucecitas, no vemos a las personas sin hogar que duermen en las aceras. No nos damos cuenta de problemas muy acuciantes, como el de la vivienda, ante el cual el Ayuntamiento se ha desentendido por completo. Lejos de tratar de ayudar a los ciudadanos, ha favorecido a los inversores y a los fondos buitre y se ha hecho el remolón ante los millares de pisos turísticos sin licencia.
Las luces nos impedirán ver que los servicios sociales son claramente insuficientes; que las obras públicas se prolongan aún más que las propias navidades; que la ciudad está en manos de las grandes empresas, las constructoras y las multinacionales, las cuales, en un alarde de simpatía y generosidad, contribuyen a poner muchas más lucecitas navideñas y, ya por estas fechas de comienzos del otoño, empiezan a vestir a sus empleados con trajes de Papá Noel.
Al final, he llegado a pensar que tanta lucecita de colores no tiene por objeto iluminar la ciudad, sino, por el contrario, oscurecer su realidad.