Cuando María Antonieta murió en la trasera de la Gran Vía

No, no pasó realmente, aunque sucedió en la cabeza del escritor Miguel Sawa y cobró vida en su libro póstumo de cuentos, Historias de locos (1910).

Miguel Sawa es un escritor desconocido, cuya memoria ha quedado enterrada por la figura -también a medio conocer- de su hermano Alejandro, vecino del barrio con placa en la calle del Conde Duque. A pesar de su obra breve, se le podría considerar como un pionero del género fantástico de nuestro país.

Perteneció al grupo de periodistas bohemios que se juntara a finales del XIX para editar, desde un piso de la calle del Pez, La Democracia Social. De esta publicación, a su vez, nacería la mítica revista Germinal, con sede en Molino de Viento. En ambas dejaron textos algunos nombres señeros de la generación del 98 (Maeztu, Baroja o Valle Inclán), y también aquel grupo de bohemios que frecuentara el barrio: los Ernesto Bark, Eduardo Zamacois, Joaquín Dicenta o los hermanos Sawa.

Historias de locos reúne una serie de cuentos narrados por locos en primera persona, a veces desde el manicomio. En los textos de Sawa se pueden encontrar rastros de Baudelaire, Poe, Maupassant o Flaubert. La obra fue reeditada por la editorial Renacimiento en 2010, con objeto del centenario de la muerte del autor.

Manuel Machado escribiría unas líneas a la muerte de Miguel: Un ademán caballeresco, / un corazón bueno y valiente, / con un talante quijotesco / y una gran fantasía ardiente. Esperemos que pronto Miguel Sawa merezca, para empezar, la página que hoy no puede encontrarse en la Wikipedia.