EXPOSICIÓN
Una olimpiada con 1.000 jóvenes para pedir espacios y otras historias de lucha vecinal antifranquista al norte de Madrid
Este lunes 25 de mayo, a las 17 h, se inaugura en el Centro de Mayores de San Nicolás del barrio de Valdezarza la exposición Historia del Club Juvenil Villaamil Valdezarza y de la Asociación Juvenil San Nicolás (1968-1976). La inauguración estará guiada por la actriz Amparo Climent y recoge la memoria de algunos barrios del norte de Madrid donde el impulso del asociacionismo juvenil fue crucial para entender su evolución vecinal. Durante aquellos años, las zonas de Valdezarza, Belmonte, San Nicolás, Ofelia Nieto o Villaamil tenían aún calles sin asfaltar y carecían de muchos de los servicios básicos. Eran barrios jóvenes a los que le faltaban muchas cosas, pero sobraba gene joven con ganas de romper las cadenas del franquismo.
Lo que la muestra relata es una historia muy densa que comenzó en pleno franquismo y se desarrolló, como todo el movimiento vecinal, en diálogo con la cara más social de la Iglesia. Durante los años 1968 y 1969 la parroquia de Nuestra Señora de Altagracia, en Villaamil, imbuida del espíritu popular del Concilio Vaticano II, se acercó a los jóvenes del barrio. Allí, nació el Club Juvenil Villaamil -Valdezarza, formado por estudiantes y jóvenes trabajadores del barrio.
Muchos de estos jóvenes estaban imbuidos del sentimiento antifranquista del momento, que les llegaba a través de la música de autor o las lecturas clandestinas que caían en sus manos. En los primeros setenta, en las parroquias de la zona se empezaron a elaborar boletines como El Canalillo, que pasaban de mano en mano, con contenidos que cosían lo político y las reivindicaciones barriales.
Durante el verano de 1970 se pintaron las paredes del Club Juvenil de Villaamil y sobre el muro emergió la cara del Che Guevara, que había sido asesinado en la selva boliviana poco tiempo atrás. Detrás del mismo muro se producían debates sobre la Ley Sindical, charlas de educación sexual, representaciones teatrales o debates feministas. El hecho de que el local estuviera bajo el ala de la iglesia hacía posible saltarse el requisito, entonces obligatorio, de pedir permiso al Gobernador Civil de Madrid para celebrar estos actos. Cuando el espectáculo Castañuela 70 de las Madres del Cordero fue prohibido, sus canciones subversivas fueron llevadas al club. “Mientras se desarrollaba el recital, teníamos que estar vigilando en la puerta por si venía la policía para prohibirlo”, se dice en un audio que han preparado los organizadores de la exposición.
Había excusiones, recitales de Pablo Guerrero –vecino de Saconia–, guateques y hasta imaginativos ejercicios intelectuales, como un juicio al cristianismo con fiscal y abogado defensor. El club acabaría cerrando por decisión del párroco sin que las razones quedaran del todo esclarecidas. Sin embargo, a finales de 1971 tomaría el relevo la Asociación Juvenil San Nicolás, en la que recabaron algunos de los componentes del club de Villaamil organizados en un local cedido por un vecino.
La exposición da noticia del contexto convulso de la época y de cómo en los barrios se participaba de ello. Se puede ver en ella, por ejemplo, un boletín clandestino de CCOO con noticias sobre la huelga estudiantil de 1973. También se proyectó clandestinamente un documental sobre los crímenes de guerra en Vietnam y algunos miembros participaron en un mitin clandestino durante el descanso de la sesión continua del cine Montija (Bravo Murillo), animando a la participación en los actos del Primero de Mayo de aquel año. La colaboración con las parroquias de los barrios continuó. Por ejemplo, organizaron en dependencias de Nuestra Señora de Arantzazu un recital con la obra de Lorca. A mediados de 1973 alquilaron un nuevo local, que hubieron de desinfectar y limpiar de ratas antes de reanudar una exuberante actividad animada por los acordes de Víctor Jara o los conciertos ofrecidos en directo por cantautores como Luis Pastor.
La Olimpiada Juvenil de la zona Norte
A finales de 1975 alguien quemó la sede del club, por lo que se quedaron sin local, pero esto no frenaría su actividad. Los clubes juveniles proliferaban en otras barriadas de Madrid y se organizaban juntos para reclamar espacios para la juventud y centros deportivos municipales, entonces muy escasos e infradotados. En este contexto, surgió la idea de poner en pie la Olimpiada Juvenil de la Zona Norte. Para financiarlo, se organizaron mercadillos y un recital en el que participó la cantante Elisa Serna, que se celebró en la parroquia de Nuestra Señora del Val, situada en el Barrio del Pilar.
La muestra da noticia de forma especial de los cincuenta años de esta olimpiada vecinal, que mereció la atención de toda la prensa de la época. Participaron un millar de jóvenes inscritos en ciclismo, atletismo, judo, karate, frontón, tenis, baloncesto, ping-pong, ajedrez y fútbol. Los barrios representados eran el del Pilar, Saconia, Ciudad de los Poetas, Valdezarza, La Ventilla, Tetuán, Peña Grande, San Nicolás, Chamartín, Villaamil, Ciudad de los Periodistas y Fuencarral, además de los institutos Gregorio Marañón y Cardenal Herrera Oria.
En el momento de buscar instalaciones donde albergar las pruebas deportivas se encontraron con la negativa de polideportivos públicos y centros privados, que tenían las mejores instalaciones. Sin embargo, los jóvenes deportistas no se amilanaron. El periódico El País lo recogía así: “En vista de todas estas dificultades, los participantes van a comenzar a construir sus propias pistas en el barrio del Pilar, en la zona conocida por La Vaguada. Las demás modalidades se celebrarán, como podamos, en los diferentes barrios”.
Con el impulso de la olimpiada, que fue un éxito de participación, se lanzaron a seguir reivindicando espacios y la sempiternamente postergada legalización de la asociación. Para ello, hicieron una tienda de campaña casera con sacos y la plantaron en un lugar céntrico del barrio. En septiembre, llegó la ansiada legalización. Nacía entonces la Asociación San Nicolás-Dehesa de la Villa, en cuya primera junta directiva figuraban miembros de la asociación juvenil. Llegaron de la mano de la nueva asociación, que pronto cumplirá medio siglo, las primeras fiestas del barrio, con un fortísimo componente vecinal.
La exposición recuerda a través de fotografías, testimonios o noticias de la época aquella historia pionera de asociacionismo que fueron el Club Juvenil Villaamil-Valdezarza y la Asociación Juvenil San Nicolás. La imagen que encabeza este artículo pertenece a la reivindicación de un local en el que desarrollar sus actividades después de que alguien quemara el que venían utilizando. Un recuerdo que habla del espíritu del lema que lleva impreso cartel de la exposición: “No nos regalaron la libertad”. Conviene recordarlo.