Apartidistas pero no apolíticos y con espíritu asambleario: qué queda del 15M en Madrid 15 años después

Si tenías veinte años el quince de mayo de 2011 ya habrás cumplido los treinta y cinco. Si tenías treinta y cinco, estás en la cincuentena. Este viernes se cumplen 15 años del comienzo del 15M, un movimiento ciudadano nacido de una manifestación que nadie esperaba, convocada por la plataforma Democracia Real Ya y otros colectivos en 58 ciudades españolas. Todo se precipitó la madrugada del 16 de mayo. Esa noche, la Policía desalojó a las personas que acampaban en la Puerta del Sol y 19 de ellas acabaron detenidas. Lo que sigue es historia y está muy contada. La acampada de Sol (también el resto de campamentos en numerosas ciudades y pueblos), la extensión a los barrios y el impulso de movimientos y mareas (la de la vivienda, la de la educación o la sanitaria) durante un ciclo de movilización que duró varios años.

Queda lejos ya pero sobreviven, como veremos, unos cuantos colectivos y prácticas de movilización que son herederas directas de lo que acaeció en 2011. Conmemorar significa “traer a la memoria juntos” y esa cualidad plural parece perfecta para la celebración que se está llevando a cabo estos días.Los actos del 15 aniversario se han elaborado desde Espacio Común 15M, una suerte de plataforma asamblearia –como todo en el universo quincemayista– que vela por el legado y la continuidad del movimiento, especialmente cuando asoma el mes de mayo.

“Se creó en el cuarto aniversario del 15M. Empezaban a quedar ya menos asambleas y nos preguntamos qué iba a pasar con las redes del movimiento que seguían funcionando, que eran muchas”, explica Deme, participante de Espacio Común 15M. Se produjeron muchas reuniones a lo largo del año -en Sol o en El Retiro- para conformarlo. “Es como un grupo de trabajo, un espacio muy flexible que ha servido como hilo conductor para la gente que quería organizar cosas en los distintos aniversarios. En todos se ha hecho algo, incluso durante la pandemia, cuando organizamos muchas charlas online”. Espacio Común 15M tiene un programa de radio que se emite los jueves en Ágora Sol Radio y un blog en el que se pueden conocer todas las convocatorias asociadas al aniversario.

Este año el acto central es la asamblea, que tendrá lugar el día 15 a las 18.30 h. en la Puerta del Sol. Estarán presentes figuras asociadas con el 15M como el politólogo Carlo Taibo, que ya estuvo hablando en la plaza en 2011, o Angustias, “la abuela del 15M”. Por el camino, se habrán organizado una exposición en el CSO La Enredadera con centenares de imágenes del fotógrafo Juan Plaza, un puesto en la Feria del Libro de Vallekas, otra exposición en el Teatro de Barrio, o la proyección de documentales sobre el 15M, entre otras cosas. Y algunos otros actos que se pueden consultar al final de este artículo.

La asamblea como primer centro de las movilizaciones

Las relaciones asamblearias volvieron a fraguarse durante el 15M. En un momento de máximo descontento social y pérdida de fe en la democracia representativa –también en el bipartidismo–, las lógicas organizativas que legitimaron la toma de decisiones durante las acampadas de mayo terminaron perpetuándose. Hoy, han sido asumidas por muchas de las asociaciones y colectivos que surgieron entonces como un ritual político en tiempos de crisis. 

La Asamblea Popular de Carabanchel fue una de esas ramificaciones que nacieron en el 15M y continuaron formando parte del tejido social madrileño. Es una de las estructuras vecinales más longevas desde entonces. Daniel, uno de sus integrantes, recuerda aquellos primeros días como un movimiento “impredecible y espontáneo” que encontró en los barrios su verdadera consolidación. “Cuando salió del centro de Madrid y llegó a los barrios, la gente empezó a definir cómo quería organizarse”, explica. 

La asamblea mantiene grupos de trabajo centrados en servicios públicos, comunicación y autodefensa laboral; además de reuniones periódicas y campañas concretas. No es sencillo, reconoce Daniel: con el tiempo, a veces disminuyen los recursos, la disponibilidad de sus miembros o las prioridades que atender. “La actualidad también nos atropella y, a veces, obliga a centrarse en las necesidades inmediatas del barrio y dejar a un lado otros proyectos que te gustaría hacer, pero para los que no siempre hay margen”, indica. 

Sus principales frentes han sido los servicios públicos, la comunicación o cuestiones de autodefensa laboral, en un mercado precario que ya caldeó el ambiente durante el 15M. La vivienda, que es hoy según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) el principal problema de los españoles, se trabajaba desde una comisión interna de la que luego derivó el Sindicato de Vivienda de Carabanchel. 

Esta organización pasó a actuar como una estructura independiente centrada en el auge de precios y el boom inmobiliario del distrito, que también se acentuaba en otros puntos de la capital. Ambas entidades continuaron colaborando y compartiendo espacios en el EKO, uno de los centros sociales okupados más conocidos de la zona, que organiza movilizaciones y acciones comunes entre colectivos.

La transformación urbana de Carabanchel y la subida de precios han cambiado profundamente el distrito desde 2011. Daniel señala que la llegada de inversiones, galerías y nuevos usos del suelo han acelerado procesos de encarecimiento y desplazamiento vecinal que afectan a toda la ciudad. En paralelo, la asamblea ha impulsado campañas contra la explotación laboral —especialmente de trabajadores migrantes en situación irregular— y movilizaciones por la sanidad pública en barrios como Abrantes. “Identificas un problema y actúas”, resume.

Aunque reconoce que el clima político y social es hoy muy distinto al de 2011, Daniel rechaza la idea de que haya desaparecido la movilización social. Menciona las protestas docentes, las plataformas sanitarias, los sindicatos de inquilinas o las redes de autodefensa laboral nacidas en muchos casos del ecosistema asambleario del 15M. “No es todo tan multitudinario ni tan ruidoso como entonces, pero siguen pasando cosas”, afirma. 

Para él, la continuidad de colectivos como los sindicatos de vivienda demuestra que parte de aquella energía se institucionalizó, dando lugar a estructuras de barrio capaces de sostener conflictos concretos en el tiempo. Pese al desgaste acumulado tras quince años de actividad, la Asamblea Popular de Carabanchel reivindica haber resistido gracias a su “carácter intergeneracional” y a la persistencia de muchos de los problemas que atraviesan. 

Comunicar la ¿revolución? Madrid en Acción y Ágora Sol Radio

La rama comunicativa del 15M es, probablemente, una de las que ha demostrado más viveza a lo largo de los últimos lustros. Y lo que queda. Cada dos meses (a veces cada uno) sale a la calle Madrid en Acción, un periódico de papel que es heredero directo del Madrid 15M, que nació como cabecera de las asambleas del movimiento. Hablamos con Carlos, que lleva en el equipo de la publicación desde el principio y ha maquetado miles de páginas sobre política popular.

El Madrid 15M comenzó como una propuesta de la Asamblea Popular de Villaverde. “La idea surgió en diciembre de 2011 y en febrero sacamos el primer número”, explica Carlos. El periódico, alimentado por las diferentes asambleas del 15M, tenía un peculiar modelo económico que está en la base de su éxito. Cada una de las asambleas compraba lotes de periódicos, iba a recogerlos a un punto central –el EKO de Carabanchel– y luego los distribuía. Así sacaron 78 números de forma ininterrumpida y, en realidad, es exactamente lo que siguen haciendo, aunque años después cambiaran el nombre a Madrid en Acción porque daban servicio a los colectivos sociales madrileños en lugar de a las extintas asambleas de barrio.

En los mejores momentos llegaron a tirar 40.000 ejemplares, durante mucho tiempo salían 10.000 y aún hoy, tras haber superado diversas crisis del papel, imprimen unos 6.000 periódicos.“El archivo se perdió con los servidores donde estaba almacenado todo lo del 15M pero tenemos los PDF y pronto los pondremos en la página de Madrid en Acción. Estás de bajón, te pones a mirarlos y de repente te vienes arriba”, dice Carlos.

Otra de las patas comunicativas del movimiento fue Ágora Sol Radio, que sigue emitiendo y goza de buena salud, ahora en el estudio que tienen en el Centro Social Seco. La idea inicial, surgida en el seno de la Comisión de Comunicación de Sol, era emitir un boletín pero las idea bullían y pronto se convirtió en una emisora con diferentes programas en su parrilla.

Juan Carlos fue una de las miles de personas que acudieron a la manifestación que dio lugar a la acampada. En aquella época les acompañaba su hija, que era un bebé y se hartaría de ir a manis en los siguientes años. “Empezaba a hablar y comenzó a corear aquello de que no, que no, que no nos representan, pero en vez de representan decía que no nos representen. Creo que fue clarividente”, cuenta divertido Juancar. Pronto se involucraría con sus colegas Juanfer y Jarri (con los que ya había velado armas en Radio Vallekas) en la aventura de las ondas quincemayeras. Durante el camino, se les unieron otros aliados (Paco, María, Rober o David) y hoy en día siguen emitiendo el programa Barrio Canino dentro de Ágora Sol Radio.

El primer estudio de la acampada se formó con materiales donados o prestados y aún quedan reliquias en el estudio actual. “A algunos de los que llevamos más tiempo nos conectan emocionalmente con la historia de la radio”, explica Juancar. Ha habido seis estudios de Ágora Sol Radio: en la propia acampada, en un local cedido en la calle de la Montera, en otro de Antón Martín, en el Centro Social Seco de la calle Aguerri y Arruej y dos en el Centro Cultural Las Californias (el actual Seco), en un espacio municipal cedido a colectivos del barrio. “Hay dos micros (los que más se utilizan, son el 1 y el 5 para nosotros). Otro guardado en el armario que tiene una etiqueta pegada con un teléfono. Lo que se necesitaba se pedía por twitter y empezaba a llegar el material. Seguramente este micro era prestado pero su dueño nunca volvió a por él”. Juancar sigue enumerando objetos: se acuerda de unos cables o de un cuaderno, custodiado en un cajón, en el que están apuntados los materiales cedidos y los datos de sus dueños originales.

Otra de las personas habituales frente a sus micros es Amparo. Es pensionista y, a sus 84 años, esta vecina de Carabanchel pertenece a otro de los colectivos más reconocibles de aquella época: los Yayoflautas. Son grupos activistas de jubilados que defienden los servicios públicos o mejoras en derechos sociales. Amparo llegó hasta ellos por pura curiosidad. “Me acababa de jubilar y descubrí quienes eran y lo que hacían. Me interesó muchísimo, porque siempre he intentado estar al tanto de lo que ocurre, y quedé con ellos en una cafetería. Allí llegaron varios con los chalecos amarillos [característicos ya entonces de este colectivo] y, en pocas horas, me enamoré de todo. Salí de ahí siendo ya una yayoflauta”, rememora con alegría años después, siendo ya una de sus voces más activas y públicas. 

Cuando estalló el 15M, Amparo atravesaba una situación personal delicada y no pudo vincularse demasiado al movimiento. Pero cada día lo seguía desde la televisión o la prensa. “Me recordó al Mayo del 68: una revolución espontánea, sin partidos”. El colectivo al que ella se adhirió surgió poco después, inspirado por aquel clima de indignación. Con una anécdota sobre el nombre por el que se hicieron conocidos y que aún conservan. “Esperanza Aguirre llamó una vez perroflautas a la gente que protestaba por sus derechos. Y dijimos: pues entonces, ¡somos yayoflautas!”. 

En este tiempo han seguido asistiendo a manifestaciones, concentraciones reivindicativas o asambleas, y colaborado puntualmente con otras entidades. También con representantes de distintos grupos políticos, aunque siempre con una máxima: “somos apartidistas, pero no apolíticos”. Los yayoflautas han acompañado protestas contra los recortes, por la vivienda o contra la guerra, siempre desde una militancia atravesada por la edad y por una conciencia generacional muy concreta: la de quienes sienten que “muchos de los derechos conquistados se están perdiendo”, explica. “Nos preocupa el futuro de nuestros hijos y nietos”, revela Amparo, que pasa a hablar de cuestiones latentes como “el alquiler imposible, las residencias deterioradas y una sanidad pública cada vez más castigada”.

El paso de los años también les ha supuesto algunas despedidas. “Ya no somos tantos, porque han muerto muchos compañeros”, añade Amparo en un hilo de voz. Y el cuerpo ya no responde igual. “Antes hacíamos las manifestaciones enteras; ahora, a veces nos quedamos a medio camino porque nos duelen las rodillas”. Hace año y medio dejaron incluso de reunirse cada lunes en Sol, una plaza que ahora sienten irreconocible. “Han hecho la política del cemento”, lamenta Amparo, que mira alrededor y apenas encuentra rastros del espíritu comunitario de 2011. Aun así, siguen saliendo a la calle siempre que pueden y hace unas semanas estrenaron una nueva pancarta: una flor con pétalos republicanos para recordar, dice, que “ya no somos ancianitos y que seguimos siendo rebeldes”.

Casas okupas y locales vecinales: del EKO o El Sol de la Conce

La plaza es el espacio por excelencia del 15M. El movimiento nació y se desarrolló con sus protagonistas sentados en el suelo de la calle, pero pronto se extendió a otros espacios de sociabilidad. “Los centros sociales okupados dejaron de ser espacios marginales y se llenaron de vecinos, ¡Entraron las abuelas!”, explica Deme de Espacio Común 15M. Ciertamente, las casas okupas fueron los cuarteles de invierno del 15M cuando las plazas se enfriaron.

 Ya en tiempos de la acampada había tenido importancia el saber acumulado de centros sociales céntricos como el Patio Maravillas (“Cerrado por revolución, disculpen las molestias”, se leía en su puerta) o el CSO Casablanca. Ambos fueron cruciales en el establecimiento de estructuras físicas o digitales, entre otras cosas. Algunos de los centros sociales okupados se llenaron de personas ajenas al movimiento de okupación, como el citado Patio Maravillas o el CSA La Enredadera, donde se trasladó la actividad de la Asamblea Popular de Tetuán durante el invierno.

Durante el 15M se llevaron a cabo también okupaciones, como la accidentada y efímera experiencia del Hotel Madrid, en el centro de la ciudad. Pero también otras más ligadas al 15M en los barrios como la de La Morada en el distrito de Chamberí o EKO Carabanchel. El gran centro social de Madrid -ahora amenazado de desalojo- nació en 2011 cuando un centenar de personas del entorno de la Asamblea Popular de Carabanchel decidió entrar al gran edificio de la calle Ánade para darle vida.

El 15M se extendió también por huertos urbanos o locales alquilados, más cercanos al asociacionismo vecinal, donde muchas de las comisiones emanadas de las asambleas encontraron refugio. Una de las entidades vecinales que nacieron del impulso y el tejido del 15M es El Sol de la Conce. Como en otros lugares, en el Barrio de la Concepción también se creó una asamblea de barrio. “Se generó con éxito y duró mucho, incluso en 2013 encontramos reuniones periódicas junto al metro. Más que otras, que languidecían. Es difícil determinar cuándo se extinguió porque ya la asamblea no se reunía semanalmente, era los sábados y luego pasó al viernes por la tarde (que tuvo más éxito)…”, cuenta Roberto, que es participante del espacio vecinal.

Siguieron organizando actividades en locales cedidos por entidades del barrio y, de forma natural, vieron que fundar una asociación les vendría bien. “Con estatutos nuevos y capital pequeño de aquellos que manteníamos regularidad de reuniones. En febrero de 2015 alquilamos el local que hasta día de hoy es nuestra sede social”, explica. Añadieron al nombre el referente geográfico de Sol y el apelativo popular del barrio, La Conce. Y continuaron el camino.

Las asambleas son abiertas y la cuota de socio es de 5 euros mensuales. “Somos en torno a 400 socios ahora, pero por el local pasan unas mil personas al mes. Tenemos muchas actividades diarias, algunas dentro de local y otras externas. Hay personas que participan en dos o tres, otras que siendo socias no vienen habitualmente”, explica Roberto.

Siguen la máxima de pensar en global y actuar en local. Se ocupan de los problemas del barrio y dan mucha importancia a la cultura. Son, como el mismo movimiento, políticos pero apartidistas. “Hay personas que nos vinculan a la izquierda, Podemos y después Más Madrid y Más País. Participan militantes de otros partidos, como PSOE, IU, también Anticapi. Siempre con abierta tolerancia y no adscritos a ningún partido”. 

Prácticas y saberes de la movilizacion: de Legal Sol al Archivo 15M

Antes del 15-M, la España democrática ya había vivido otras movilizaciones masivas. Con el intento de golpe de Estado en 1981, un millón y medio de personas se lanzaron a las calles de Madrid en defensa de la democracia. En 2003 volvió a haber una amplia respuesta social durante las manifestaciones del No a la guerra contra el gobierno de José María Aznar y su incursión en Irak. Pero, hasta mayo de 2015, pocas concentraciones ciudadanas se habían prolongado tanto en el tiempo, llegando a ramificarse en plataformas que aún resisten.

Las acampadas duraron casi un mes. Aunque, para lograrlo, hubo que formar a contrarreloj a una población poco acostumbrada a la burocracia de una protesta sostenida. Con 23 años y mientras aún cursaba sus estudios, Sol recorría los campamentos improvisados explicando a desconocidos cuáles eran sus derechos ante una identificación policial, cómo solicitar oficialmente una manifestación o qué hacer en caso de detención. “Había muchísimo desconocimiento”, recuerda ahora, a los 34 años.

Sol aún forma parte de la Comisión Legal Sol, una de las agrupaciones que surgieron en aquellos días para asesorar a los manifestantes junto a la Real Casa de Correos. No solo los ayudaban a título individual, también informaban a las distintas comisiones del movimiento o hacían de enlace con la Policía durante la acampada. Lo que nació como una red improvisada hace 15 años se ha convertido ahora en un espacio consolidado de apoyo legal a activistas o colectivos sociales. 

Entre sus miembros quedan pocas abogadas colegiadas, pero la mayoría tiene conocimientos legales básicos sobre cómo coordinar protestas e incluso asesorar en procedimientos judiciales. Sol recuerda cómo en el 15M vivió en sus carnes una “represión policial desmedida” frente a “movilizaciones pacíficas y ordenadas”, pero cree que ahora se han desplegado nuevas formas de presión: las sanciones económicas. 

“Con la ley Mordaza impulsamos iniciativas nuevas como Buroresistiendo, un portal para recurrir sanciones u ofrecer asesoramiento en caso de denuncia”, detalla. La comisión sigue activa y su trabajo actualmente se centra en ayudar a colectivos madrileños, organizando formaciones o participando en sus procesos penales y administrativos. En los últimos años, además, se han ido adhiriendo a causas vinculadas a nuevos movimientos que van tomando fuerza, como el ecologista.

Este artículo pretende ser, además de una fe de vida del movimiento, un ancla a la memoria del 15M. Pero es esta una preocupación que surgió en el interior de las asambleas desde el principio. La pequeña ciudad de la Puerta del Sol tuvo su propia biblioteca. Pronto, se creó también un archivo. Y ambos siguen existiendo.

Hablamos con Ana, que sigue participando del grupo que mantiene Archivo 15M, que actualmente está ubicado en dependencias del Centro Social Tres Peces Tres, en Lavapiés. Nos cuenta que el archivo y la biblioteca estaban ubicados en el Centro Social Okupado Casablanca, en el mismo barrio, cuando salieron de Sol. Después del desalojo de Casablanca, los libros y el material de archivo fueron llevados a otro espacio okupado. “Raíces, en Malasaña, que estaba vacío y era propiedad de un fondo. La policía secreta siguió a los compañeros que estaban trasladando los libros, los acusaron de usurpación y estuvieron años encausados”, explica Ana. Posteriormente, el archivo estuvo en el Centro Social Okupado EKO y actualmente en Tres Peces Tres.

En el archivo hay, por ejemplo, carteles originales, que han salido a exposiciones en el Reina Sofía –donde alguno se restauró–, a La Casa Encendida o fuera de España. Alguno de ellos se ha llevado este aniversario al Teatro de Barrio para una expsición. Custodian otros materiales, alguno tan especial como la urna donde se metían las propuestas de la gente en Sol.

En tiempos del 15M se montó también Audiovisol, que gestionaba la cantidad ingente de imágenes que se grabaron en la acampada. “Cuando se disolvió el colectivo, del que también participaba, los discos duros acabaron en mi casa porque yo vivía enfrente de La Tabacalera, donde nos reunimos”, explica Ana. Hoy en día, después de haberse trasladado la información a soportes actuales con la ayuda de Medialab, las grabaciones están junto con el archivo en Tres Peces Tres. “Por mi casa han pasado muchas personas que estaban haciendo tesis o documentales, están mejor allí”, explica la bibliotecaria del 15M.

El 15M sigue aquí: qué vino para quedarse y cuándo puede repetirse

Quince años después de la explosión de las plazas, el recuerdo del movimiento está muy teñido por la impronta de los partidos políticos que nacieron de su sustrato años después, pero su legado está muy presente entre los movimientos sociales y mantiene su primigenio carácter apartidista. Así sucede con el movimiento de la vivienda, que ha transitado de las camisetas verdes de la PAH –que sigue trabajando por el derecho a la vivienda– a la eclosión de los sindicatos de vivienda y sindicatos de barrio, algunos de los cuales, como el de Hortaleza, hunden sus raíces directamente en el 15M.

Si hay palabras o sensaciones que se repiten entre distintos testimonios, esas han sido las asambleas, la política apartidista o el apoyo mutuo, practicado entre grupos distintos pero en sintonía. A la pregunta de qué es lo que queda hoy de todo lo que trajo o prometió el 15M, muchas de sus respuestas también pasan por estos mismos conceptos. Seguramente, faltan muchas voces en el coro polifónico que hila este intento de agrupar a los habitantes desperdigados de Sol. Algunas tan armoniosas como las de la Solfónica, otras tan sistemáticas como las de la 15Mpedia. Pero no son pocas las que presentamos y nos hablan de las pervivencias del movimiento..

Para los miembros de la Comisión Legal Sol, por ejemplo, el gran legado del 15M fue haber generado una “cultura de movilización y de apoyo mutuo entre personas que nunca antes habíamos militado”, exponen a Somos Madrid con una certeza: “El asamblearismo y esa forma de organizarnos nos ha impregnado a muchas, y la prueba es que aquí seguimos”. 

Algo similar, y también su razón de ser, es lo que exponen desde la Asamblea Popular de Carabanchel. “Puede que en la acampada de Sol hubiera mucha concienciación y rabia que ahora se ha desinflado, pero si decimos que ya no queda movilización social estamos jugando a la profecía autocumplida: sí, en 2011 todo era más ruidoso y multitudinario, pero también ahora hay manifestaciones desde muchos frentes que se sostienen en el tiempo y traen nuevas reivindicaciones. No hay más que mirar a las educadoras infantiles de Madrid”.

Ana, del Archivo 15 tiene claro que se consiguieron cosas pero le quita importancia: prefiere seguir mirando hacia delante. “Tengo ya 59 años y he participado en multitud de movimientos sociales, ¿quién se acuerda ya de muchos de ellos? También se consiguieron reivindicaciones en ellos pero no importa quién lo hizo, hay que ir a por lo siguiente. Te pongo un ejemplo del 15M. Antes estaba prohibido grabar a los concejales en los plenos de tu municipio, a pesar de ser tus representantes. En el pueblo de mi marido, donde había una pequeña asamblea del 15M, alguien entró a grabar y le llamaron perroflauta. Hubo un movimiento generalizado para conseguir que se pudiera hacer –con un hashtag famoso, #grabatupleno– y hoy día está permitido”, dice Ana, que es docente y siempre se lo explica de esta forma a sus alumnos.

Cuando le preguntamos a Juancar de Barrio Canino sobre lo que queda del 15M se refiere a las prácticas. “Radio hace mucha gente, pero nosotros hacemos una radio asociativa y asamblearia. No son prácticas que nacieran en el 15M pero sí se establecieron como un estándar de funcionamiento para nosotros. Toda la radio la rige una asamblea y todo sale de una comisión de trabajo. Y nos ha funcionado muy bien. Rompe con la lógica habitual de asociaciones culturales, con sus juntas directivas, comisiones de trabajadores y proyectos públicos”. El colectivo Ágora Sol Radio siempre ha sido numeroso (entre las veinte y cuarenta personas) y, destaca Juancar, bienavenido gracias a las prácticas horizontales.

“Otra cosa que permanece en el colectivo desde tiempos del 15M es la diversidad. A una radio se acerca gente muy diferente. Personas con una visión más musical o contracultural (están los heavys, los poperos, el que dibuja o el rastafari de Tetuán). También los que somos más anarquistas o de entornos activistas, el que ha estado empadronado en todas las okupas de Madrid, la persona con más de ochenta años, gente del activismo queer…y todos convergemos haciendo cosas comunes”, recalca con tono firme, de orgullo.

Juancar se pone muy serio para subrayar la potencia de la radio libre y horizontal como laboratorio de prácticas ciudadanas. En una radio hay que aprender técnica y desenvolverse con ella, por lo que establecieron un sistema de madrinajes para enseñarse entre sí, que consideran muy propio del 15M. “Vimos que era importante la gestión del conocimiento dentro del colectivo, que fluyera horizontalmente para que no se produjeran relaciones de poder basadas en el conocimiento y nadie se convirtiera en imprescindible”, explica.

Deme, de Espacio Común 15M, habla de algunos de los impactos que el 15M tuvo y cuyos rescoldos aún se mantienen. “Está aún en la horizontalidad, en el vocabulario feminista, en algunas prácticas dentro de partidos políticos o sindicatos (algunos se han replanteado la participación y la transparencia, otros no). Subraya el impulso que el movimiento dio ”a las distintas mareas, a la PAH, a la participación en los barrios (que contagió incluso al 8M con su organización barrial), a los cientos de huertos urbanos que se abrieron…“. Y se refiere también a la actividad legal iniciada por Legal Sol, continuada por No somos delito (contra la Ley Mordaza) o a las batallas legales planteadas por el Tribunal Ciudadano de Justicia 15M, que sigue operativo en la esfera del derecho. 

La preocupación por mantener una cohesión social, destacan otras voces, también parece haber venido para quedarse. “Nosotros reproducimos hoy lo que pasaba entonces, pero a menor escala: vecinos que se mueven juntos y sostienen con los esfuerzos disponibles una cosa que es de todos”, añaden desde El Sol de la Conce. “Yo me siento muy orgullosa de seguir peleando aunque ya no tengamos tanto foco. A veces flaquean las fuerzas y ya no podemos ir todas las semanas a Sol, pero no significa que no sigamos aquí”, concluye Amparo, de Yayoflautas Madrid. El viernes, hay asamblea en la Puerta del Sol.