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El teatro rescata la memoria de los presos homosexuales sin perdón en la Transición y une al colectivo LGTBI

Guillermo Hormigo

Madrid —
24 de junio de 2026 22:00 h

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“Hubo cosas que cambiaron, pero no tantas”. Esta idea preconcebida con la que Francisco Pastor (Madrid, 1986) comenzó a escribir Vosotros no ha ido transmutando a base del trabajo colectivo. Porque si algo ha marcado la primera experiencia como dramaturgo de este periodista y reportero de televisión ha sido la labor en equipo. Su historia sobre los homosexuales que en 1977 quedaron fuera de la Ley de Amnistía en plena Transición, ya que fueron tratados como presos comunes encarcelados mediante la Ley de Peligrosidad Social franquista, nació y se ha desarrollado al calor de los lazos tejidos por la comunidad LGTBI.

Fran es miembro de GMadrid, asociación sin ánimo de lucro que fomenta los espacios seguros “sin homofobia” a través del deporte, la música o la cultura. De hecho, algunos de los miembros del reparto se conocieron en el coro o en el grupo de senderismo. El autor entró en 2024 al de artes escénicas y en este segundo curso no se ha contentado con interpretar, sino que se ha lanzado a escribir una obra que ahora van a interpretar sus compañeros.

“Siempre me había apetecido escribir, aunque al principio te puede la timidez”, explica en conversación con Somos Madrid. El verano pasado comenzó a hilvanar una primera versión de 22 páginas que se ha ido ampliando hasta las 80, de forma que los 16 componentes del grupo (incluido él mismo) cuenten con un personaje cada uno. Todos ellos comandados por Rafael Molina (Madrid, 1980), tutor y profesor de arte dramático que colabora con GMadrid que ejerce de director en Vosotros no. “Sus clases son como las de Operación Triunfo”, describe Fran. Emociones a flor de piel, comentarios precisos y una sensibilidad que ya quisieran para sí los Javis.

El ambiente en los ensayos a solo una semana de la representación, que tiene lugar el viernes 26 de junio a las 19.00 en el centro cultural Lope de Vega (calle Concejo de Teverga, 1), es tan distendido como emocionado. Antes de ponerse manos a la obra, la mayoría del reparto se dedica a pegar carteles anunciándolo en los alrededores del local de ensayo, ubicado en la calle Libertad de Chueca. El nombre va que ni pintado.

En el proceso, van contando a este periódico cómo llegaron a GMadrid, qué opinan de sus personajes o cómo encaran estos últimos preparativos. Sergei Kosarev, de origen ruso, se enfrenta al reto de hacer de narrador. Tiene más texto que nadie, cosa que no le preocupa. Su español es fluido, aunque no pierde un ápice de acento, y va sobrado de alegría y de carisma. Jaime Iglesias llegó hace solo un mes para suplir una baja. Encarna a Herminio, el criado de un preso de clase alta llamado Benjamín (José Camacho). La escena entre ambos, representada durante la visita de este medio, ilustra las desigualdades existentes dentro de la desigualdad a cuenta de las cuestiones de clase o de procedencia (Jaime lleva su andalucismo por bandera y lo traslada a su personaje). También la vergüenza social con la que se trataban de reprimir maneras de ser, de querer y de sentirse.

El crisol de personajes incluye además diez presos (entre ellos un cura, dos enamorados que ven el mundo de formas muy distintas, un activista por los derechos igualitarios, una travesti, un hombre que no acepta quién es o un escritor de cartas que son también esperanza), tres policías (el demócrata, el franquista y el tibio) y un visitante que abandona a su pareja cuando descubre que el perdón o la libertad no le llegará con la muerte de Franco.

La implicación del elenco, desde el actor que da vida al personaje más pequeño hasta el que cuenta con más minutos, ha sido palpable desde que empezaron a ensayar la obra a comienzos de año. “Todos vinieron el primer día con su texto escrito y encuadernado. Me pareció increíble que se lo tomaran tan en serio”, cuenta Fran. “Nos lo podríamos haber tomado como un trabajo de clase, pero el trabajo colectivo ha dado a las cosas otra escala. Se nos ha ido de las manos, que diría Carles Tamayo”, añade. Todo en la obra es autogestionado, desde el vestuario o el atrezzo (pese a ello bastante cuidado) hasta la sala donde ensayar o la de la representación. Han complementado el pequeño presupuesto que les concede GMadrid con actividades con las que recaudar fondos, como una representación de monólogos hace unos meses.

Practican en ratos libres, por quedadas de los participantes en escenas concretas y hasta por audios de WhatsApp. Ese esfuerzo, junto a unas clases de Rafa que “sacaban unas cosas en las que yo no había pensado”, han sido para el autor el motor de un texto que con el paso del tiempo fue reforzando además la arquitectura que asienta su trama y su profundidad. Todo “al servicio del grupo, aunque a cambio de ello se hayan clasificado cosas del virtuosismo, cosa me da igual”. “Luego te apetece darle un regalito a la gente que conoces, te adaptas al romántico o al que le gusta hacer el tonto”, admite. “No sé qué sentiremos a partir del 26, si satisfacción o vacío. En cualquier caso, después nos encantaría llevarlo a más escenarios”, concluye Fran.

El látigo y la pluma

Gran admirador de las películas sobre la Guerra Civil, tenía claro que quería abordar la Memoria Histórica en su primer trabajo. En cuanto empezó a documentarse, decidió abordar el pasado, pero uno algo más reciente, el de las cuentas pendientes de una Transición modélica solo en el papel. “La Ley de Peligrosidad Social nos suena a las personas LGTBI. A partir de ahí empecé a documentarme en Internet y la biblioteca. También fue muy importante el libro El látigo y la pluma: homosexuales en la España de Franco [Fernando Olmeda, 2023], que tenía por casa”.

En su investigación, el periodista tuvo pronto claro que “es difícil sistematizar las violencias: el sistema que determinaba si te detenían por maricón o te lo dejaban en una multa era pura arbitrariedad”. Por ello, dice, “siempre te vas a encontrar alguien que te diga que no le hicieron nada”. Lo mismo ocurría con los encarcelamientos, algunos de apenas un mes y otros de hasta dos años. Cree que “había que perder el miedo a una historia en la que no se reconozca todo el mundo”. Lo compara con la pandemia, de la que “todos tenemos un recuerdo distinto”. Rubén Martín-Vas, que interpreta a Héctor (personaje en el armario), destaca los valores “teatrales pero también pedagógicos” de la pieza.

De hecho, subraya que “otra negociación cuando te documentas mucho es que la obra no te quede como una Wikipedia”. Así, “aunque sepas que en la radio sonaba Tú y yo de Cecilia, no puede entrar todo y hay que sacrificar”. No se quedaron fuera algunas revistas de prensa rozan que aportan un retrato muy certero de la esfera social española en la segunda mitad de los setenta.

Igual que no hay una historia absoluta con la que cualquier víctima pueda identificarse, no había presos perfectos que entiendan el mundo como lo hacemos hoy. Fran Pastor lo expone así: “Las relaciones en las cárceles eran muy distintas, muy crudas. No soñaban con una historia del amor al uso. Hubo un trabajo de suavizar mucho, al final somos un grupo de voluntarios y mostrar una realidad cruda nos queda grande. Tienes que negociar un poco, el código es el de 2026. En la obra los presos se decepcionan cuando descubren que no les van a dar la Amnistía. No pasó en la realidad, porque nunca esperaban que se les tratara como presos políticos en vez de comunes”.

En su cabeza estaba en todo momento “reflejar la diversidad del colectivo, también la conservadora, aunque que te duelen algunas cosas si eres de izquierdas”. Además, su investigación le ayudó a comprobar que la realidad no entiende solo de blancos y negros: “Descubrí que la homosexualidad se despenalizó antes en Alemania del Este o Checoslovaquia que en la Europa Occidental. En las primeras elecciones democráticas, ningún programa mencionaba la diversidad sexual. Incluso en los partidos de izquierdas podías sentirte poco bienvenido, aunque que luego cogieron esa bandera”.

40 años después, con una creciente ola reaccionaria que amenaza unos derechos que se dan por sentado mientras quedan otros por conquistar, Vosotros no rescata la historia de quienes se resignaban a su marginación no por inmovilismo sino por falta de horizontes. Una historia que mira al pasado y que precisamente por ello es más actual que nunca. Fran resume lo que ha cambiado en estas cuatro décadas con una anécdota más pedestre de los ensayos: “Como la obra está ambientada en el palomar de la cárcel de Carabanchel, cuando estamos un poco nerviosos o alterados comentamos que el palomar está revuelto”. Que la revuelta estalle sobre las tablas el próximo día 26.