Del Spring original solo queda el nombre

El nuevo Dacia Spring apenas recuerda a sus antecesores.

P. U.

Pocas veces la expresión nueva generación resulta tan apropiado como en el caso del nuevo Spring. Dacia ha decidido, sí, conservar el nombre del coche, pero prácticamente todo lo demás cambia. El pequeño eléctrico que llegó al mercado en 2021 deja atrás sus orígenes para estrenar plataforma, carrocería, habitáculo, mecánica y lugar de fabricación. Incluso sus proporciones son bien diferentes, a pesar de todo lo cual la marca pretende mantener intacta la filosofía que convirtió al modelo original en una de las puertas de entrada más asequibles al automóvil eléctrico.

El relevo llega después de que se hayan superado las 210.000 unidades vendidas en más de 40 países. Además, Dacia parece conocer bastante bien el uso que se hace de un coche como el suyo. Según los datos recopilados a través de sus vehículos conectados, los propietarios del Spring recorren una media de apenas 34 kilómetros diarios y lo hacen a 34 km/h de velocidad media, mientras que tres de cada cuatro recargas se realizan en casa. La nueva generación ha sido concebida precisamente sobre la premisa de este patrón de utilización.

La zaga del modelo gana atractivo en esta nueva generación.

La primera gran diferencia del nuevo Spring está debajo de la carrocería. Se abandona la base de su antecesor para utilizar la plataforma RG-EV small de Renault Group, compartida con otros pequeños eléctricos del grupo. También deja de fabricarse en China y pasa a salir de la planta eslovena de Novo Mesto, un cambio importante tanto industrialmente como para su acceso a los sistemas europeos de ayuda a la compra. Además, ha sido el primer Dacia surgido de un nuevo proceso que permite reducir el ciclo de desarrollo de un vehículo a menos de dos años.

Las nuevas proporciones dejan claro que tampoco estamos ante una simple evolución estética. El coche mide 3,85 metros y conserva una longitud apropiada para moverse por ciudad, pero crece 15 centímetros respecto a su predecesor y, sobre todo, gana 18 centímetros de anchura. El resultado es una apariencia mucho más asentada, con formas crecidas y una imagen que sigue el lenguaje de diseño estrenado por los últimos modelos de Dacia.

Puesto de conducción del Spring.

Ese crecimiento también se aprovecha por dentro. Continúa siendo un coche de cuatro plazas, pero la mayor anchura permite ofrecer un habitáculo más desahogado, al tiempo que el maletero alcanza 337 litros, una cifra considerable en un modelo de este tamaño. Con los asientos posteriores abatidos pueden alcanzarse hasta 1.283 litros. De manera opcional, se ofrece además un pequeño compartimento de 18 litros bajo el capó delantero.

El maletero dispone de un compartimento bajo su propio piso.

El salto generacional resulta igualmente visible desde el asiento de quien conduce. La instrumentación digital utiliza una pantalla de 7 pulgadas y el acabado superior incorpora un sistema multimedia con pantalla táctil de 10,1 pulgadas, navegación conectada y compatibilidad inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto. El Spring no busca en modo alguno transformarse en un escaparate tecnológico para la marca, pero sí dejar atrás la sensación deliberadamente básica que caracterizaba a las generaciones anteriores.

Sencillez ante todo

Dacia también simplifica la oferta mecánica. Se recurre ahora a un único motor eléctrico de 80 CV y una batería LFP de 27,5 kWh útiles, con la que el coche homologa hasta 250 kilómetros de autonomía en el acostumbrado ciclo WLTP. Son cifras modestas frente a las de eléctricos de mayor tamaño y precio, pero coherentes con el uso fundamentalmente urbano y periurbano para el que ha sido concebido el vehículo. La propia marca calcula que, atendiendo a los desplazamientos habituales de sus clientes, una recarga semanal debería ser suficiente en muchos casos.

Detalle del pilar y el piloto traseros del eléctrico de Dacia.

Sobre este último aspecto, el Spring admite de serie 6,6 kW en corriente alterna y puede recuperar del 15 al 80% de la batería en algo menos de tres horas con un cargador doméstico de 7 kW. Quienes necesiten mayor flexibilidad pueden optar por un paquete que eleva la potencia de carga en alterna a 11 kW y añade corriente continua a 50 kW, suficiente para completar ese mismo intervalo en unos 28 minutos.

Con 80 CV, 175 Nm de par y 130 km/h de velocidad máxima, el nuevo Spring tampoco busca impresionar por prestaciones. Su principal ventaja continúa siendo la ligereza, con un peso que parte de 1.212 kilos, algo poco habitual entre los eléctricos actuales y que ayuda a mantener el consumo en torno a 13 kWh/100 km. La maniobrabilidad sigue siendo prioritaria, y su radio de giro de 4,95 metros resulta fundamental al estar pensado para desenvolverse con facilidad en espacios urbanos.

La transformación del Spring es, por tanto, mucho más profunda de lo que la permanencia del nombre podría sugerir. Cambia su origen industrial, estrena una arquitectura más moderna, crece de forma significativa, ofrece mucho más espacio y adopta tecnologías que hace cinco años difícilmente podían esperarse en el eléctrico más barato de una marca.

Lo que Dacia no quiere cambiar es la receta. El nuevo modelo sigue renunciando a baterías enormes, prestaciones llamativas y equipamientos innecesarios, todo ello a fin de intentar contener peso y precio. Después de renovar prácticamente todo lo demás, esa filosofía es, junto con el nombre, lo poco que permanece.

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