¿Actúa la UE, ante las crisis, con los principios con los que fue creada?
Relacionado con la crisis humanitaria de los últimos días en Ceuta, que tuvo su punto álgido el jueves día 30 de julio, ya se ha dicho y escrito casi todo. Pero pocas veces lo que parece, es: sin duda un intento de generar una crisis de gran magnitud, da igual si generándola ad hoc o aprovechándose de ella, y una vez lanzada por la desinformación inicial esperar a que produzca rendimientos espurios a una variada serie de agentes políticos. Además, ha supuesto una prueba para Marruecos, España y para la Unión Europea.
Aun admitiendo que Marruecos no inició esta tragedia humanitaria, está claro que poco o nada hizo para evitar el gran flujo de ciudadanos marroquíes, principalmente, hacia la frontera con Ceuta. Es también fácil deducir que si esto ocurre no lo hace sin su conocimiento. A lo largo del tiempo se ha podido comprobar que pocas cosas ocurren relacionadas con las fronteras de Ceuta y Melilla en las que los servicios de información marroquíes no hayan tenido información previa.
Por otro lado, Marruecos aprovecha un acontecimiento como este para probar la reacción española, no solo de su Gobierno, sino también de sus ciudadanos y de la oposición, atenta siempre a debilitar al Gobierno de España en la UE, especialmente ante grandes crisis. La oposición liderada por el PP no pierde la ocasión de hacer un alarde de carencia de patriotismo que le ha llevado a dejar de ser un partido de Estado, convirtiéndose en un partido antisistema. Haciendo extensible esta dinámica a las comunidades autónomas en las gobierna el PP con Vox, están anunciando que no acogerán personas migrantes, menores no acompañados, eludiendo la obligación legal de acogida. También la Comunidad Autónoma de Murcia ha anunciado dificultades para acoger a estos menores, situación que no es nueva, pues no es la primera vez que nuestra Región actúa de esta manera mirando hacia Vox.
Todo lo anterior ha puesto a prueba el nivel de unidad dentro de España ante una amenaza externa. Así, Marruecos ha podido medir su fuerza ante futuras acciones para intentar hacer valer reivindicaciones coyunturales o el fin último en sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla. A la vez Marruecos ha podido comprobar, después de haber firmado en 2020 los Acuerdos Abraham con Israel y otros países árabes, con la mediación de EEUU, cuál es el nivel de respuesta de estos nuevos aliados. En este sentido, ha podido apreciar cómo lejos de ser reprendida, esta crisis ha servido para que, una vez más el Sr. Trump y el Sr.. Netanyahu hayan salido prestos a atacar al Gobierno de España, al que no perdonan que esté liderando a nivel internacional la denuncia del genocidio de Gaza, la petición de suprimir el Tratado de Asociación UE-Israel, la oposición a la guerra de Irán y la oposición a elevar el gasto militar hasta el 5% en el seno de la OTAN.
Y en este contexto, ¿cuál ha sido la reacción de la UE? De manera inmediata una serie de países encabezados por la Sra. Meloni, presidenta del Gobierno de Italia, de extrema derecha, desarrollaron un ataque a España y al Gobierno español sin precedentes, obviando principios jurídicos (amenazando a España de expulsarla de Schengen) y rompiendo el principio de solidaridad entre los Estados, que ha funcionado en anteriores crisis humanitarias, incluso de menos calado. Concretamente, cuando Bielorrusia desencadenó la guerra híbrida contra Polonia y otros países bálticos en 2021, la mayoría de los países de la UE, y la Comisión de la UE fueron en su auxilio sin pedir explicaciones. Igual ha venido ocurriendo con las sucesivas crisis sufridas por Italia en Lampedusa (al menos tres crisis), primavera árabe, crisis de refugiados 2014-16, etc. Lo contrario que en la crisis de Ceuta, donde a nadie se le escapa que lo acaecido no es una crisis migratoria, sino que aparte de derivar en una gran tragedia humanitaria tiene todos los componentes de una provocación consentida.
En este caso la parte más compleja del gran flujo de personas migrantes ( 72.000) se resolvió en 24 horas, consiguiendo que volvieran la casi totalidad a Marruecos (70.000). Solo después de ello, y mediando una dura carta del presidente del Gobierno español que solicitó una reunión de los ministros de Interior de la UE, vimos cómo la presidenta de la Comisión de la UE, ahora sí, acabó felicitando a España. No obstante, paralelamente, 22 países encabezados por la Sra. Meloni, solicitaron la misma reunión que ya había planteado el presidente del Gobierno español pero introduciendo una orientación securitaria que, como es conocido, España no comparte.
Con estos planteamientos , una vez más, queda de manifiesto lo acaecido en la UE en los últimos 25 años en gestión migratoria: el tiempo ha demostrado que las medidas securitarias lejos de disminuir la irregularidad migratoria la ha ido aumentando, como demostré en la Tesis Doctoral que tuve el honor de concluir y presentar el pasado año sobre la Producción de Irregularidad por la UE ( Puche, 2025). Un ejemplo es que la UE, en los últimos 5 años apenas ha ejecutado entre el 20% y el 30% de las devoluciones acordadas ( supone un incremento anual de más de 300.000 migrantes en situación administrativa irregular). Finalmente, lo curioso es que tras la reunión de ministros de Interior de la UE aparece el mismo patrón de las celebradas tras cada crisis en los últimos 25 años: se rebaja la tensión entre socios comunitarios sin que ninguno haga ninguna renuncia a sus posiciones comunicadas con anterioridad a la reunión y en el comunicado final se hace referencia a la lucha contra las mafias, reforzamiento de las fronteras y se comprometen a mayor cooperación. Siempre igual, se recurre a declaraciones grandilocuentes que no aportan nada. Nada que permita conseguir una migración segura, ordenada e inclusiva.
En este estado de cosas, los árboles no nos pueden impedir ver el bosque. La mayoría de los países de la UE han intentado aprovechar este acontecimiento por interés y tacticismo electoral dentro de una deriva más amplia y, que va siendo mayoritaria en el seno de la UE, compartida por la extrema derecha y el Partido Popular europeo, que han abrazado una ideología que podemos catalogar de tecnofascista, como denomina Donatella Cesare en su último libro. Utilizando el miedo para imponer políticas de control de las personas, las fronteras, etc. Admitiendo, a la vez, la externalización de fronteras y el establecimiento de centros de internamiento en Terceros Países que supone a medio y largo plazo estar en manos de estos terceros países para que puedan utilizar a las personas migrantes como medida de presión en situaciones de crisis.
Como consecuencia de todo lo anterior, se puede concluir que la UE no está actuando de acuerdo con los principios que han hecho de la UE un espacio de paz, de garantía de la dignidad de las personas, respetuoso con los derechos humanos y que ha utilizado como instrumentos de actuación, entre otros, la unidad, la solidaridad y la cooperación entre los Estados. Es por ello por lo que la reacción de la mayoría de los estados, también de la oposición en España, hace más débil y vulnerable a la UE facilitándole el trabajo a aquellos tecnooligarcas que intentan dominar la economía mundial y debilitar y destruir a la UE.
Ante esto, en mi modesta opinión, debemos ser contundentes en la defensa de la Unión Europea como un espacio de paz, defensor de los derechos humanos, solidario y garante de la dignidad de las personas. Sin olvidar, en este caso, que es necesario que, con transparencia, Marruecos ofrezca las explicaciones y actuaciones oportunas que permitan establecer las causas de que se haya producido una tragedia humanitaria que ha dado lugar, hasta ahora, a un movimiento de población, hacia el interior de España, de más de 70.000 personas, con más de 80 personas muertas, y un número muy importante de menores no acompañados separados de sus familias.
Fulgencio Andrés Puche Oliva es experto universitario en Evaluación de Políticas de las Administraciones Públicas y Doctor por la Universidad de Murcia, cuya tesis doctoral versó sobre la Producción de Migración Irregular por parte de la Unión Europea