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Hoy la Universidad de Murcia es más pobre moral y éticamente

Recientemente en una reunión ordinaria de un órgano académico de la Universidad de Murcia, en concreto del Máster de Formación del Profesorado en el que se establecen las directrices para formar al futuro profesorado de Educación Secundaria, un miembro de éste profirió una frase con una carga homófoba hiriente, despectiva e insultante referida al profesor José Ángel López Jiménez (exvicerrector del Profesorado de la Universidad). El propio profesor López Jiménez presentó en las instancias académicas procedentes un denuncia sobre este hecho. La noticia saltó a los medios de comunicación nacionales y locales y causó alarma en la comunidad académica.

El resultado de este proceso es que los órganos investigadores de la Universidad de Murcia consideran que esta actuación homófoba es una “expresión coloquial y se circunscribe a un contexto académico” con esto se da carpetazo al tema. Lo más sonrojante es que se aluda a que se produjo en un contexto académico, como si este fuera un ámbito donde cualquier tropelía es válida, poco importa que incluso fuera en el ámbito del Máster de Formación del Profesorado. Allí la homofobia se supone que está permitida.

Es de destacar que la Universidad de Murcia aprobó su Código Ético donde definía “Respeto” como:

El respeto implica tratar con imparcialidad, deferencia y consideración a todas las personas. Implica, por lo tanto, no discriminar a las personas por razones ajenas a sus méritos, aplicando la racionalidad en las valoraciones, evitando en lo posible los prejuicios. El respeto se opone frontalmente a la actitud de desprecio, pero también a las de indiferencia, menosprecio y exclusión por falta de atención o de interés hacia los demás.

Y, además, señala como principios de actuación en este ámbito:

  • Evitar y rechazar comportamientos que puedan implicar prácticas de acoso sexual, laboral o de otra índole, así como algún tipo de coacción o violencia en las relaciones interpersonales.
  • Tratar con la misma consideración y respeto a toda persona, con independencia de su género, raza, creencias ideológicas y religiosas, orientación sexual, estatus académico, económico, laboral, etc.

Bonitas palabras aprobadas en Claustro de la Universidad, que tratan de reforzar la posición ética y moral de la primera institución universitaria de nuestra región. Este código implica que la comunidad universitaria debe tener un posicionamiento ejemplar y ejemplarizante ante la sociedad murciana y ante nuestro alumnado.

De qué sirven pronunciamientos y compromisos nítidos en el ámbito ético si después naufragan en las playas de los comportamientos y manifestaciones zafias que vituperan a la propia institución. De qué sirven los portales de la transparencia, la responsabilidad social corporativa, las unidades de la igualdad y otros organismos que se generan en la institución si, finalmente, la Universidad no sabe reaccionar ante actuaciones y resoluciones que muestran la debilidad del andamiaje y un “silencio” preocupante en las más altas esferas de la Universidad.

Hoy con esta resolución muchos profesores y profesoras, alumnos y alumnas, personal de administración y servicios sentimos que nuestra Universidad es más pobre moral y éticamente. ¿Qué opinión tiene nuestra máxima autoridad, el Rector Magnífico?

Recientemente en una reunión ordinaria de un órgano académico de la Universidad de Murcia, en concreto del Máster de Formación del Profesorado en el que se establecen las directrices para formar al futuro profesorado de Educación Secundaria, un miembro de éste profirió una frase con una carga homófoba hiriente, despectiva e insultante referida al profesor José Ángel López Jiménez (exvicerrector del Profesorado de la Universidad). El propio profesor López Jiménez presentó en las instancias académicas procedentes un denuncia sobre este hecho. La noticia saltó a los medios de comunicación nacionales y locales y causó alarma en la comunidad académica.