Ratitas divinas

Ha muerto Ricardo Pachón (1937-2026), una figura y un genio de la música. Ricardo Pachón fue clave en nuestra música, mánager de Smash, aquel grupo de psicodelia flamenquera al que se incorporó Manuel Molina y donde crearon el famoso El garrotín (1971). Aquel Smash (1968-1973), grupo clave para entender una Sevilla en efervescencia a finales de los sesenta y principios de los setenta, en cuyos ambientes underground se comenzó a mezclar rock, psicodelia y flamenco, dando lugar a participaciones inesperadas, como la de quien luego sería mi profesor en el máster, el historiador del Derecho: Bartolomé Clavero.

Ricardo Pachón logró, según contaba él mismo y me recordó Rafa, que el enfado de Lole por unas sábanas que llevó la Chispa, mujer de Camarón, terminara haciendo posible que Camarón grabase con él La leyenda del tiempo (1979), con la participación de los hermanos Amador y Kiko Veneno, a quienes dos años antes había producido el disco Veneno (1977), clave en la andadura del rock flamenco.

Con los Amador, Ricardo Pachón seguiría su labor como productor de Pata Negra, llegando a producir seis discos del grupo, entre ellos Blues de la frontera (1987), una de las cumbres del rock flamenco. Pero ya en 1979, durante aquellas sesiones en Umbrete en las que se estaba gestando La leyenda del tiempo, Raimundo y Rafael Amador grabaron en el estudio de Pachón parte del material que tardaría años en publicarse como Guitarras callejeras. Y allí estaba Ratitas divinas, aquella canción sobre las ratas de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, una canción de denuncia.

Llevo, no sé si desde finales del primer año de legislatura, denunciando la situación de las ratas en los barrios del sur. Lo he puesto en Twitter: una rata muerta, atropellada por los coches, a la entrada del barrio de San Pío X, sin retirar por quien le tocase. Uno de esos barrios olvidados. Cuando referí la situación, algunos me echaron en cara que aquello era producto de lo que tanta lucha había costado y que cómo ahora me iba a quejar: las ratas, decían, iban con los movimientos de tierras de las obras del soterramiento y no respondían a un problema real. Pero, como le dije a más de uno, aquello era un problema sanitario y grave y tenían que actuar. Los solares estaban sin limpiar y allí anidaban las ratas.

A lo largo del segundo año de legislatura vi a las ratas saltar de los solares hacia el centro de la ciudad, mientras los vecinos se alarmaban ante su proliferación en mis barrios. Llegaron a ser atropelladas reiteradas veces; los vecinos hacían vídeos, algún amigo me envió incluso fotos de las ratas cerca de la Casa Consistorial. Pero eran cosas de los barrios del sur y, claro, no había que hacerles caso, mientras curiosamente se minimizaba el problema

Llevamos tres años sin nadie realmente al gobierno de la ciudad, entre enfermedad, muerte y problemas de sucesión. Y, mientras tanto, a mí me da mucho asco bajar la basura oyendo las ratas en los solares abandonados. Los propios funcionarios te piden que pongas reclamaciones, a ver si, sumando un número suficiente, el Ayuntamiento descabezado termina haciendo algo.

Pero el Ayuntamiento parece seguir perdido y sin rumbo. Mientras las ratas corretean por los solares, yo asisto al relato de los cambios en la Glorieta, las transferencias de poder y las intrigas de quienes están alrededor de él: el concejal que escribe los informes con ChatGPT y tiene amedrentados a los funcionarios, según publican ahora; aunque algunos supongamos que es el mismo del que ya se escribió, sin dar su nombre, cuando todavía vivía el anterior alcalde.

Sin embargo, el problema ha estado desaparecido, hasta que esas divinas ratitas, gordas y redonditas, a las que parece que no les falta de comer empiezan a dar problemas por toda la ciudad, desde las urbanizaciones del norte a Santa María de Gracia…. Esas ratitas son, en realidad, una buena medida de la dejadez de estos últimos tres años: solares sin limpiar, abandono y problemas que se dejan crecer hasta que terminan saltando de un barrio a otro.

Porque esa es precisamente la cuestión. Lo que empezó siendo cosa de los barrios del sur ha dejado de serlo. Las ratas han ido avanzando hacia el centro mientras nosotros seguíamos discutiendo quién manda en la Glorieta. Y así Murcia empieza a reproducir aquello que denunciaban los Pata Negra en Ratitas divinas: no las Tres Mil Viviendas como estigma de un barrio, sino el abandono que permite que determinados barrios sean tratados como si sus problemas pudieran ignorarse hasta que terminan convirtiéndose en problemas de toda la ciudad. Y entonces sí podemos acabar teniendo un problema sanitario, y gordo.

Pero no se preocupen, que la Alcaldía ya anda preparando una ofrenda a santa Gertrudis de Nivelles, protectora contra ratas y ratones, y reeditando alguna letanía medieval del siglo XV, con invocación a la Virgen y a la propia santa, para hacerlas desaparecer, mientras encomienda la ciudad a la Virgen de la Misericordia y, por si el asunto se pone serio, también a la Virgen de los Peligros. Espero que después de tanto rogar también le den al mazo.

Sin embargo, esta realidad palpable interesa menos. Vende menos que hacer pasar por delincuentes a personas con trastornos mentales, cuyas imágenes durante un brote son fácilmente trasladables para construir una imagen irreal. Pero sobre esto escribiré en otro momento.