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La urgencia de una nueva gobernanza

Estamos viendo actuaciones vergonzosas de los grupos conservadores, que muestran una moral ruinosa: esto es, ruin. Pedir a un diputado que traicione su compromiso político porque se hayan quedado “colgados de la brocha” es de lo más ruin y antiético.

La crisis que estamos viviendo en la política no tiene nada que ver con la crisis en la sociedad civil, porque en el primer caso está motivada por la práctica de la conspiración y la chapuza, y en el caso de los ciudadanos y ciudadanas se debe a la incertidumbre y la falta de visión sobre cómo abordar los retos que la situación económica y territorial ha dejado.

Y hay que añadir la falta de medidas ante los daños ecológicos y el Brexit. La respuesta política conservadora está siendo negar los efectos y seguir sin afrontar los problemas. Es la incapacidad, la estupidez y la cerrazón. Y la bronca política como solución.

¿Cómo corregir esta dinámica? Con una respuesta participativa en la organización social. La ausencia de respuesta es, como Hardin afirmó, una tragedia que refleja la irresponsabilidad con que nos dominan quienes no saben gobernar. Destruyen ideas y sacrifican por sus intereses las necesidades de la ciudadanía. Preston nos recuerda que España ha sido un pueblo traicionado por su élite conservadora porque ha desarrollado su egoísmo patriarcalista hasta arruinarla de sus aspiraciones creativas. Esta élite conservadora aplica un proceso organizado de aletargamiento social que pretende hacernos creer a todos “Don Pelayo”. Es la misión de reconquistar un fantasma que solo algunos ven.

Pero debemos preguntarnos: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Y es muy sencillo: no han ido acompasadas la España de la modernización y la España dominada por la rancia burguesía. El poder de los pronunciamientos militares ha calado en las élites políticas conservadoras, y no es vano recordar que desde 1814 a 1981 fuimos testigos de más de veinticinco de estos alzamientos. Una cruda estadística que nos pone en evidencia la fuerza con que se defienden los intereses y privilegios.

Las élites conservadoras han declarado a la izquierda y sus movimientos sociales, así como a la ciudadanía abierta al progresismo participativo, enemiga del “constitucionalismo”, entendiendo por tal los privilegios de poder de estos grupos reaccionarios, como explica Preston. Y mientras no resolvamos estos problemas, España estará dividida.

Hoy caminamos por un pasillo estrecho para alcanzar la democracia y la libertad. Pero Acemoglu y Robinsón dan la clave para salir de ese pasillo y no fracasar como país: ser capaces de integrarse. La integración social, política, económica y de sus instituciones es la fórmula del éxito. Integración más libertad es la fórmula. La libertad y confianza, con mucha eficacia en el gobierno de lo común, con una educativa rendición de cuentas como fórmula final.

En su reciente manifiesto, el grupo de Economistas Frente a la Crisis ha definido su noción de una nueva gobernanza. Es aquella que descansa sobre el consenso, la capacidad de llegar a acuerdos –políticos, económicos, sociales, culturales–, el abandono de la crispación instalada en el discurso político y la destreza para gestionar las disensiones que aparezcan.

Una visión económica que incorpora nuevos desafíos como la evolución demográfica con sus contradicciones, la profundización en la igualdad de género, los retos del cambio climático, la transición ecológica y sobre todo la energética, la necesidad de una nueva industrialización, la explosión de la inteligencia artificial, el internet de las cosas y la robótica.

  • Un nuevo modelo laboral que permita superar la precariedad. El hecho de que la mitad de la población asalariada padezca relaciones laborales precarias exige un nuevo modelo laboral que pivote sobre la formación y la cualificación, y que asiente un mercado de trabajo basado en la estabilidad y en unas relaciones laborales caracterizadas por la negociación, la participación y la cooperación. Un modelo laboral, en fin, que contribuya al fortalecimiento de la economía y no a lo contrario.
  • La igualdad de género como uno de los principios rectores de políticas públicas.El objetivo de lograr una reorganización del sistema de cuidados que garantice un reparto igualitario de los trabajos, los ingresos y los derechos, tanto en el ámbito público como en el interior de los hogares, debe impregnar las políticas públicas.
  • Las políticas contra la desigualdad..El paro de larga duración, hogares con todos sus miembros en paro, el inaceptable nivel de desempleo de la juventud, las bajas pensiones, las dificultades de acceso a la vivienda, constituyen un reto de primera magnitud que corresponde abordar con medidas efectivas y urgentes.
  • Una fiscalidad progresiva. Un cambio en la cesta impositiva que es básico para mantener y profundizar en el Estado del Bienestar –sanidad, educación, servicios sociales– que es una conquista fundamental en Europa.
  • Un compromiso con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, con inversiones y con una política educativa al ciudadano para asumirlo. Un condicionante cultural que debe ser respetuoso con las religiones existentes, pero sin que éstas incidan en las políticas públicas.
  • La comprensión de la complejidad autonómica. La articulación del Estado de las Autonomías va a requerir, tras cuarenta años del desarrollo constitucional, nuevas lecturas que deben partir del respeto hacia la multiculturalidad y los lícitos deseos de cambios, siempre en el marco de la Constitución y con los instrumentos de la legalidad vigente.
  • La integración europea es una apuesta nítida para que la Unión Europea sea un actor global que garantice un multilateralismo con reglas, de forma que se promueva el respeto de los derechos humanos y el cumplimiento de la Agenda 2030

Necesitamos nuevos esfuerzos para explicar los conceptos que la democracia progresista exige para la transformación social. Tenemos que saber situar a cada ciudadana y ciudadano delante de su responsabilidad social. Es el mensaje de que cada respuesta no es inútil, sino que puede salvar o complicar la solución.

La vía “simple” del patriotismo

Ya no sirven los diagnósticos: la ciudadanía lleva su particular batalla y reacciona a muy diferentes estímulos que la condicionan. Y por supuesto, hay cosas que cuando no se ven claras llevan a la vía simple del patriotismo. Una solución simplista pero que se da con facilidad porque ante la incertidumbre y miedo, tira la sangre. Un contrasentido: una respuesta de cólera contra un poder invisible que le oprime. No se percibe que es una contradicción porque nadie lo explica con la claridad suficiente. Está apoyando a quien luego lo explota. Pero ese credo al sometimiento es parte de su educación conservadora.

Un dilema para resolver, complicado y alimentado por los múltiples despropósitos de la política, y representa una visión clara y desinhibida de lo que se define por lo antipolítico, un sinsentido más fuerte que ser de derechas o de izquierdas. Pero lo antipolítico es el terreno donde mejor se cultiva la extrema derecha. Es el monstruo que hemos alimentado con tanto mirarnos el ombligo de una política sin sentido, de espaldas a la ciudadanía y alimentada por unos burócratas que la han convertido en ceremonial de procesos electorales. Esa política ha sido una centrifugadora de la ciudadanía.

Así surge el poder de los más brutos, políticamente hablando, apoyados por los más vulnerables. Es el momento del espacio de los más provocadores. Esos que practican la provocación como sistema se presentan ahora como solución. Son los que han convertido la política en espectáculo, quieren culminar su representación, sin ni siquiera argumento, solo con cantos patrióticos y gritos de agitación. Ni siquiera escriben un guion coherente porque siempre han ganado haciendo del  conflicto la solución.

¿Tenemos alguna responsabilidad? Sí, no hay más solución que una política sana, un proyecto de reformas, buenos diagnósticos, una estrategia de compromiso, más análisis compartido, un trabajo por el diálogo, resolver los conflictos, vigilar las desviaciones y un compromiso con la ciudadanía. Debemos ser difusores de una seguridad y libertad de un Estado que proporciona unos servicios públicos, sin reprimir ni amedrentar a la gente. Con oportunidades claras e incentivos sociales perceptibles.

Prosperidad y crecimiento para todos y controlando al monstruo para que su afán despótico no gane en las disputas que provoca. No hemos sabido explicar la “Alegoría del buen gobierno” que en los frescos de la democracia nos hablaba de su excelencia. Es hora de que esas raíces se fortalezcan y sean el sostén de la nueva sociedad.

Estamos viendo actuaciones vergonzosas de los grupos conservadores, que muestran una moral ruinosa: esto es, ruin. Pedir a un diputado que traicione su compromiso político porque se hayan quedado “colgados de la brocha” es de lo más ruin y antiético.

La crisis que estamos viviendo en la política no tiene nada que ver con la crisis en la sociedad civil, porque en el primer caso está motivada por la práctica de la conspiración y la chapuza, y en el caso de los ciudadanos y ciudadanas se debe a la incertidumbre y la falta de visión sobre cómo abordar los retos que la situación económica y territorial ha dejado.