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La ola de despidos en Cáritas Murcia deja en el aire la atención a miles de personas vulnerables: “Han hecho una escabechina con nosotras”

Gloria Piñero

30 de julio de 2026 22:27 h

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Lo que empezó como una mañana cualquiera en su centro de trabajo, una de las sedes de Cáritas en la Región de Murcia, se convirtió para Inmaculada —nombre ficticio para preservar su identidad—en uno de los días más aciagos de su vida. Llevaba una década desempeñando labores técnicas para la organización como trabajadora social. Sin imaginar lo que sucedería minutos más tarde, a mitad de la jornada recibió una llamada de sus responsables para mantener una reunión. “Tráete tu portátil, que lo mismo lo necesitamos”, le pidieron. Media hora después abandonó el edificio sin el ordenador, sin el teléfono móvil profesional y con una carta de despido en la mano. Le comunicaron que no regresara al día siguiente y que utilizara las vacaciones pendientes como periodo de preaviso.

Aquella mañana Inmaculada no fue la única trabajadora despedida. Más de una decena de compañeras recibieron la misma comunicación de forma consecutiva. “Prácticamente nos despidieron en fila”, recuerda. “Han hecho una escabechina con nosotras”.

Según las trabajadoras afectadas, desde octubre de 2025 Cáritas de la Diócesis de Cartagena ha ejecutado sucesivas oleadas de despidos que ya afectan a cerca de una treintena de empleados, la mayoría personal técnico especializado en intervención social, orientación laboral, educación, psicología, pedagogía y acompañamiento a personas en situación de vulnerabilidad. La mayor parte han sido despedidos mediante extinciones por causas objetivas de carácter económico.

La situación resulta especialmente llamativa en una comunidad autónoma donde la pobreza continúa creciendo. El Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en la Región de Murcia 2025, elaborado por la Fundación FOESSA, estima que más de 320.000 personas —uno de cada cinco habitantes de la Región— se encuentran en situación de vulnerabilidad o exclusión social.

“No nos dejaron ni despedirnos”

Más allá del despido, las trabajadoras que han hablado con elDiario.es Región de Murcia coinciden en denunciar la forma en la que este fue ejecutado. “Nos sentimos indefensas”, afirma Mónica, cuya identidad también pide que sea protegida. Según explica, la entidad les retiró de forma inmediata todos los medios de trabajo y les impidió regresar a sus puestos.

“No nos permitieron despedirnos de los usuarios, ni cerrar procesos ni hacer un traspaso de los casos”. La consecuencia, sostiene, fue que decenas de expedientes quedaron interrumpidos de un día para otro. “Temo que muchos de los usuarios, personas muy vulnerables, se hayan quedado sin atender desde entonces. Yo tenía usuarios citados esa misma tarde, y ni me dejaron avisarlos. Pero es que tampoco lo hizo nadie. Era mentira lo que nos decían de que las personas vulnerables tenían que estar siempre en el centro de la atención”.

Otra de las afectadas, Esperanza —también nombre ficticio—, coincide en esa sensación de ruptura abrupta. “Desde hacía semanas notaba vacío por parte de mis coordinadores. Se notaba que algo estaba pasando, pero no esperábamos esto”.

Las trabajadoras sostienen, además, que el uso de las vacaciones pendientes como periodo de preaviso les impidió recopilar documentación laboral o preparar adecuadamente una eventual reclamación judicial, ya que abandonaron su puesto de forma inmediata tras recibir la comunicación. “Han sido muy crueles”, resume Inmaculada. A pesar de ello, algunas de las afectadas ya han presentado una papeleta de conciliación ante el Servicio de Relaciones Laborales (SMAC) de la Región de Murcia, y no descartan acudir al Juzgado de lo Social si no se respetan sus derechos laborales.

Un conflicto laboral en una de las principales entidades sociales de la Región

Cáritas Diócesis de Cartagena constituye la principal organización de acción caritativa y social de la Iglesia católica en la Región de Murcia. La propia entidad define su misión como el acompañamiento a las personas más pobres y vulnerables, promoviendo “el desarrollo integral de la persona y la justicia social”.

Durante 2025 atendió a 84.342 personas a través de su red de 160 Cáritas parroquiales y territoriales, una cifra superior a la del año anterior. Más de la mitad de los hogares atendidos tenían menores a cargo y cerca de un tercio eran familias monoparentales.

Su actividad se financia tanto con recursos públicos como privados. Según los datos publicados por la propia organización, en 2025 gestionó un presupuesto de 13,59 millones de euros, de los cuales el 57,48% procedía de administraciones públicas europeas, estatales, autonómicas y locales, mientras que el resto correspondía a donaciones, empresas, entidades de economía social, herencias y legados.

Precisamente por el peso que desempeña en la red de protección social, los despidos han despertado preocupación entre parte de la plantilla y también entre representantes sindicales: UGT ya alertó públicamente de una posible ola de despidos y avisa sobre el impacto que esta reducción de personal puede tener sobre los programas de atención social de esta y otras ONG.

La extraña estrategia de Cáritas

Las cartas de despido comunicadas a las trabajadoras justifican las extinciones por causas económicas. Según la entidad, la decisión responde a un resultado negativo en sus cuentas superior a los 800.000 euros. Sin embargo, las afectadas alertan de que esa situación económica responde, precisamente, a decisiones estratégicas adoptadas por la propia dirección.

Concretamente, señalan que durante los últimos meses Cáritas ha ido renunciando por voluntad propia a distintos programas financiados mediante subvenciones públicas, especialmente del Instituto Murciano de Acción Social (IMAS). Según explican, a finales de 2025 el Consejo Diocesano acordó poner fin a varios proyectos dirigidos a personas en situación de vulnerabilidad.

Entre ellos citan Nazaret, desarrollado en Yecla y Jumilla; Medina Siyasa, implantado en Abarán, Blanca y Cieza; y un proyecto de empleo para colectivos vulnerables en Molina de Segura. A ello se habría sumado, ya en 2026, la decisión de no concurrir a nuevas convocatorias del IMAS para programas como Begastri, en Cehegín, o Emplearitas, en Alcantarilla y El Palmar. Las entrevistadas aseguran además que este mes de julio la organización dejará de participar en la financiación de La Casica de Colores, una escuela infantil de Cieza sostenida conjuntamente con el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma.

Y, lo más extraño: en primer lugar, algunos de los trabajadores despedidos estaban laboralmente vinculados a programas cuya financiación, afirman, estaba garantizada con fondos europeos hasta 2029; y, en segundo, Cáritas tiene abiertos en estos momentos varios procesos de selección de técnicos sociales y de gestión.

Cambio en el modelo de gestión

Las trabajadoras sitúan el origen del conflicto en un cambio de orientación impulsado por la nueva dirección de Cáritas.

En noviembre de 2025 el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, nombró como nuevo director a Jesús Martínez-Pujalte y designó secretaria general a Eva María Rabasco Hernández. Ambos proceden del ámbito de la empresa privada; él con experiencia en gestión de recursos humanos y ella, del sector bancario.

Las entrevistadas consideran que, desde entonces, la organización ha iniciado una transformación interna que reduce el peso de los equipos técnicos y otorga mayor protagonismo al voluntariado. Ahí, las profesionales recuerdan que gran parte de su trabajo consiste en tramitar ayudas, diseñar itinerarios de inserción laboral, intervenir con menores, coordinar recursos sociales o realizar seguimiento especializado de familias en riesgo de exclusión. Funciones que, recuerdan, requieren una formación específica.

“La media de edad de las personas voluntarias que colaboran en mi centro es de 70 años”, explica Esperanza. “Una cosa es realizar un acompañamiento, pero ¿cómo van a poder asumir la enorme carga de trabajo de los técnicos, que además requiere formación cualificada?”.

Las trabajadoras denuncian “limpieza ideológica”

Más allá de las cuestiones organizativas, algunas de las trabajadoras consultadas sostienen que los despidos obedecen también a un cambio ideológico en la dirección de la entidad. Se trata de una acusación que no ha sido acreditada documentalmente y que Cáritas no ha reconocido.

Las entrevistadas afirman que “la extrema derecha se ha instaurado en la dirección de la organización” y que existe un patrón en la selección de las personas despedidas que hace que “no se fijen en la antigüedad del trabajador, ni en el coste del despido”. “Casualmente, los afectados somos personas de talante más progresista y laico”, aseguran estas fuentes, que también sostienen que entre los despedidos predominan empleados que habían mostrado una actitud reivindicativa respecto a sus derechos laborales.

Asimismo, interpretan que el nuevo modelo pretende recuperar el protagonismo de las parroquias: “Quieren centrar la atención social a través de las iglesias, bajo el control de los curas, no en los actuales centros, que van a terminar cerrando”.

Esta redacción se ha puesto en contacto con la sede central de Cáritas en Madrid para recabar su versión sobre las denuncias realizadas por las extrabajadoras de esta organización. Desde la capital de España se nos ha remitido a la sede provincial de Cáritas en Cartagena, cuya responsable de prensa, a su vez, ha asegurado a elDiario.es Región de Murcia que no tienen “nada que declarar sobre ese asunto”.

Temor por los que se quedan atrás

Las afectadas insisten en que su principal preocupación no es la pérdida del empleo, sino el impacto que los despidos puedan tener sobre las personas atendidas. “Los trabajadores somos números para ellos, pero lo más grave es que los usuarios también. Muy cristiano todo”, ironiza con amargura una de ellas.

De hecho, consideran que la salida simultánea de decenas de profesionales especializados dificulta la continuidad de procesos de inserción social que, en muchos casos, requieren meses o incluso años de seguimiento. Mientras tanto, la Región de Murcia mantiene una de las bolsas de exclusión social más importantes del país.

Por eso, el conflicto abierto dentro de una de las organizaciones sociales más relevantes de la comunidad y pieza esencial del sistema de atención a miles de familias, no afecta únicamente al futuro de las cerca de treinta personas despedidas, sino también a la continuidad del modelo de intervención con el que Cáritas ha venido acompañando durante décadas a quienes atraviesan situaciones de pobreza y exclusión en la Región de Murcia.

No se sabe qué ocurrió finalmente con las personas que, aquella tarde, esperaban la atención de Inmaculada, Mónica, Esperanza y del resto de las trabajadoras despedidas. Tampoco si alguien retomó sus expedientes, si recibieron una llamada para explicarles que su técnico ya no volvería o si, simplemente, dejaron de acudir porque nadie se interesó por ellas.

Porque la verdadera pregunta es quién acompaña ahora a quienes, precisamente por su vulnerabilidad, no pueden permitirse quedarse sin alguien que les ayude desde el otro lado de la mesa.