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La región “menos independentista de España” busca identidad: “Hay vergüenza de ser murciano”

Aldo Conway

15 de agosto de 2026 22:37 h

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La Enza Negra nació como un grupo terrorista. Ficticio, eso sí: lo dibujó el ilustrador murciano Magius hace una década, pero este 2026 se ha materializado en una entidad real, aunque, conviene decirlo pronto, sin los atentados ni los sacrificios humanos. Y es que ser murciano nunca ha sido del todo una identidad: como mucho un acento, una denominación de origen o un estigma. En la Región gobierna el Partido Popular sin respiro desde 1995 y el murcianismo político rara vez ha pasado de rareza de peña de amigos o de bar universitario, y aquí, lo ha dicho el propio Magius, vive “la región menos independentista de España”.

A principios de diciembre de 2025, el dibujante hizo un llamamiento en redes sociales convocando un “foro político para hablar de la cultura y la identidad murciana” en el café Ficciones de la calle Fuensanta de Murcia. Se reunieron algo más de una treintena de personas: un número modesto para fundar una patria, pero nada desdeñable para un acto sin más reclamo que la palabra identidad. De aquella reunión salió algo más que una sobremesa. Semanas después, ya en 2026, la Enza Negra tenía documento fundacional, camiseta y página web. A la broma le habían salido estatutos.

Donde el chiste deja de serlo y la Enza Negra se presenta al mundo es en su documento R.O.S.E.N, su carta fundacional. La portada, diseñada en caracteres rúnicos y, en el centro, un sol de seis puntas naciendo de una media luna; el propio texto aclara que el símbolo está tomado de una estela del rey sumerio Ur-Nammu, de cuatro mil años de antigüedad, la gente que abrió las primeras acequias. Debajo, nueve rulas, reglas, un Consejo de Personas Buenas con zabacequieros y licero calcado del medieval Consejo de Hombres Buenos, y una república federal que ha de levantarse de abajo arriba, barrio a barrio y parroquia a cantón, hasta rematar en un supra-cantón: el Cantón Murciano, como el de 1873.

Lo llamativo más que el envoltorio arqueológico, es la tesis que lo sostiene. La segunda rula declara a los murcianos fruto de argares, iberos, romanos, sirios, árabes, catalanes y castellanos amontonados en la misma raíz; la sexta le declara la guerra al “españolismo cerrado y excluyente”. Es decir: una identidad murciana cuyo cimiento es, exactamente, la mezcla.

“Un querer, algo que tienes dentro”

Cinco meses antes de aquel foro del mes de diciembre, en julio de 2025, la Región de Murcia había ocupado titulares internacionales por el motivo contrario al de la mezcla, la inclusión y la multiculturalidad. Entre el 10 y el 15 de aquel mes, tras la agresión a un vecino de 68 años, por la que se detuvo a tres jóvenes de origen magrebí, Torre-Pacheco vivió varios días de violencia contra personas y negocios migrantes, en un municipio donde cerca de un tercio de los habitantes son extranjeros y buena parte sostiene, con su trabajo, la agricultura intensiva de la comarca. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, atribuyó los altercados a grupos de extrema derecha, Vox incluido; la Fiscalía llegó a investigar al líder murciano de Vox, José Ángel Antelo, por endosar la culpa a PSOE y PP. Nada permite trazar una línea recta entre una cosa y otra, y la Enza Negra tampoco la traza. Pero el contraste cuesta de ignorar: en la misma región y el mismo año, una parte de Murcia salió a excluir y otra, se juntó en un café para decidir que ser murciano consistía, sobre todo, en ser de muchos sitios a la vez.

Bajo el envoltorio arqueológico hay una posición política nítida, y de izquierdas. La Enza Negra se reclama heredera de Antonete Gálvez y del cantonalismo murcianista de 1873, republicano y federal, y aspira, en palabras de Magius, a “un republicanismo de izquierdas y un federalismo de una república construida de abajo hacia arriba”. El nombre apunta hacia esa misma tierra: enza no tiene traducción exacta al castellano; “un querer, algo que tienes dentro”, dice, y negra remite al color del suelo fértil, el que se esconde bajo el surco.

Magius tiene su propia explicación de por qué en Murcia lo propio pesa tan poco. Habla de que “hay vergüenza de ser murciano” y de desidia: “La huerta se la han cargado fácilmente y la gente no lo aprecia; no hay un sentimiento de colectividad”. Y remonta el desapego a la posguerra: Murcia fue zona republicana, hubo una fortísima represión, se fusiló y se purgó a maestros y a cargos públicos, y para cubrir los huecos se trajo a gente de fuera que, dice, acabó copando la universidad y los altos puestos de la cultura. De ahí viene, dice, un desprecio institucional por lo autóctono que todavía colea: el panocho degradado, de dialecto a una mera “mala forma de hablar castellano”; al Cantón olvidado pese a que Murcia “fue precursora” de lo que hoy son las autonomías.

Lo revelador es contra quién se define. No solo contra Madrid, también contra el otro “cantonalismo”. Según Magius, el “falso cantonalismo al que refiere el cartagenerismo”, al que acusa de haberse quedado con el nombre y nada más. “El cantonalismo de 1873 era murcianista; el de Cartagena de hoy es anti-murcianista, es todo lo contrario”, resume. Recuerda que el Partido Cantonal de Cartagena lo fundaron gentes de Falange y que, de los 44 municipios de la Región, solo reivindica el suyo.

Y se define, también, contra el “centralismo disfrazado de igualdad”. La idea de que un país deba ser centralista “para que todo el mundo sea igual” confunde, explica Magius, la igualdad entre territorios con la única que de verdad importa: la que hay, o no hay, entre clases sociales. De poco sirve invocar la igualdad de los españoles, viene a decir Enza Negra, cuando Murcia arrastra un transporte público pésimo, una inversión mínima en sus ciudadanos y, entre otros cuerpos funcionariales, unos bomberos mal pagados. Su veredicto sobre la gestión es lapidario: “A lo mejor sí es la mejor tierra del mundo, pero los que la administran son los peores administradores del mundo”.

Cultura murciana “del siglo XXI”

No es, con todo, un nacionalismo nostálgico. Frente a los colectivos que, dice, “se han quedado anclados en el siglo XIX y no avanzan”, la Enza Negra reclama un folclore “súper activo” y una cultura murciana “del siglo XXI, que es donde tiene que estar”: la huerta, la acequia, la historia, la lengua, pero con un lavado de cara. El panocho ocupa aquí un lugar central, una mezcla medieval de catalán, aragonés, castellano, mozárabe y árabe que nunca ha sido oficial ni siquiera dialecto reconocido, y su reivindicación, insiste, es cultural, no impositiva: libros, canciones, estudio universitario.

Magius no es el único que ha decidido, en estos últimos tiempos, que la murcianidad podía significar otra cosa. Casi en paralelo, sin sol sumerio ni consejo de acequieros, otro colectivo mete la mano en el mismo cofre (la huerta, el panocho, el traje, las jotas) y lo abre por una costura distinta: la del género. Se llama Achocuir y se presenta como un colectivo interseccional LGTBIQA+ que reivindica a la vez la diversidad sexual y el folclore de la Región. Su tesis, temeraria en uno de los territorios más conservadores de España, es que la disidencia no solo cabe en el folclore: es absolutamente imprescindible.

En noviembre de 2025 celebraron su primer festival, con talleres, música y baile en plena Huerta de Murcia bajo un emblema que lo dice todo: el “Huertane”, collage cuir de un huertano y una huertana decimonónicos. Ahí se condensa el traje regional, rígidamente partido entre los zaragüelles del hombre y el refajo de la mujer, descosido y vuelto a montar. Y no van solos: forman parte de una ola de “orgullo rural” con parientes en Galicia, el País Valenciano, Extremadura o La Rioja, que en los últimos años reclama el campo, y no solo la ciudad, como territorio de la diferencia.

Enza Negra y Achocuir tiran de los mismos hilos hacia la izquierda, pero a lugares distintos. Uno construye hacia arriba: una nación, un consejo, una república, un mito. El otro desmonta hacia dentro: los cuerpos, los roles, los cuidados; ni patria ni institución, sino una tradición liberada de sus corsés. Donde Enza Negra quiere una murcianidad del siglo XXI, Achocuir pregunta de quién ha sido esa murcianidad hasta ahora.

Puede que Enza Negra no pase de nota a pie de página en la bibliografía de Magius: una treintena de personas y nueve reglas no fundan una nación, pero ha puesto en el centro una pregunta que en Murcia casi nadie se hacía (qué significa ser de aquí), y ha dejado muy claro que las preguntas que la izquierda se deja sin contestar, ya lo vimos el verano pasado, las acaba contestando otro.