Lo que nadie está atendiendo la política a un año de las municipales

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Faltan 12 meses por las elecciones municipales. Y el foco empieza a ponerse donde siempre: programas, pactos, estrategias, encuestas.

Tiene sentido. Es razonable.

Pero hay un nivel que rara vez se analiza y que, sin embargo, condiciona mucho el resto: desde donde están operando los propios candidatos, desde qué mentalidad.

No es una cuestión de preparación académica. Tampoco de experiencia política. No es tan fácil de detectar.

Es cierto, que los adversarios políticos tienen más medios de comunicación. Es cierto, que tienen el favor de ciertos sectores empresariales. Es cierto, que tienen algún amigo de la judicatura.

Por otro lado, también existen experiencias recientemente exitosas como el caso de Zohran Mamdani, en el pleno corazón del capitalismo que ha llegado a ser alcalde de Nueva York. Un socialista genuino. A pesar de que Trump dio un importante apoyo económico a su contrincante, fue capaz de movilizar 100.000 voluntarios. El reto es asumir ese tipo de actitud, es sutil pero real.

Hay perfiles políticos que saben que podrían aportar más… Que con su programa llegaría a muchos más votantes, pero algo no funciona y los frena. Y no siempre es evidente. A veces ni ellos mismos saben explicarlo.

Se traduce en decisiones conservadoras o maximalistas cuando no toca. En mensajes que suenan correctos, pero que el electorado no acaba de entender.

Desde fuera, el diagnóstico suele ser superficial: falta de claridad, problemas de comunicación, errores estratégicos. Pero a menudo no es esto. Es como si un coche no funciona bien y mirásemos solo la «dirección» en lugar de mirar si el «motor» está bien ajustado. Y esto tiene consecuencias.

Puedes tener muy buenas ideas… y no saber cómo comunicarlas, por qué piensas que lo importante es el rigor intelectual, como expliqué en un artículo, y te das cuenta que no funciona. O puedes estar muy bien preparado intelectualmente… y te perciben menos sólido de lo que realmente eres. No es un problema técnico o de conocimientos. Es un problema de base difícil de captar.

En política, se invierte mucho en la “dirección”: discurso riguroso, detalles ideológicos y uno no acaba de entender por qué no funciona electoralmente.

Pero, ¿qué patrones mentales están influyendo en lo que se transmite y se hace? ¿Desde qué lugar psicológico se está construyendo el discurso y la política? Revisar esto depende exclusivamente de los candidatos y partidos políticos. No depende de las «Big tech», como Google, Meta o X. Ni depende de las empresas del IBEX 35. Depende de entender que hay factores que tradicionalmente no se han tenido en cuenta en la política de izquierdas.

Y esto no necesariamente se soluciona añadiendo más argumentario o más estrategia.

A veces, el trabajo es otro: detectar aquello casi imperceptible, hacerlo consciente y reajustar. Por eso titulé mi libro «Deixar de ser el germà xicotet de la política», (a lo largo de 2026 seguramente lo publicaré en castellano) por qué vi un patrón que se repetía una vez y otra a la izquierda de los socialistas. Un problema de cómo situarse en las instituciones, en el gobierno. Por eso se dice a menudo, que en la oposición se está más cómodo. ¿Y si sintiese inseguridad de gobernar y de estar a la altura? ¿O de dudar si ese es su lugar en la política?

No es un enfoque cómodo, ni fácil, ni tiene una solución inmediata.

Pero en un contexto en que muchos candidatos y partidos acaban pareciéndose entre sí, aquí es donde empiezan a marcarse las diferencias reales.

Hay dinámicas psicológicas que rara vez se abordan en política, pero que condicionan profundamente la manera de decidir, posicionarse y ejercer liderazgo. Y, en definitiva, de ganar elecciones.

Identificar esta base personal y reorganizarla puede ser uno de los factores decisivos que haga ganar gobiernos progresistas a los ayuntamientos en 2027.