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Sacrificios

20 de octubre de 2026 21:36 h

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El candidato a la presidencia del gobierno, Sr. Núñez Feijóo, en un arrebato de sinceridad ha comunicado, urbi et orbe, que si gobierna exigirá sacrificios a la sufrida ciudadanía española. Quizá le ha traicionado el subconsciente y como lleva varios años afirmando que España se hunde, se rompe, está en quiebra, al borde del colapso y la invaden, se ha creído por un momento que era Winston Churchill cuando dijo aquello de “no tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” ante la Cámara de los Comunes, bajo las bombas alemanas y la amenaza de una invasión. Lo que ocurre es que ahora no hay bombas, por lo menos cerca, y nadie amenaza invadirnos, aunque en la calenturienta mente de las derechas los jóvenes marroquíes desarrapados, hambrientos y sedientos que irrumpieron en Ceuta eran unos temibles conquistadores. De otra parte, no se entiende a qué sacrificios se refiere el candidato Feijóo, pero a tenor de la personalidad del autor de la propuesta se puede intentar colegir su contenido. 

La palabra sacrificio viene del latín sacrificium, de sacrum- sagrado- y de facere -hacer-. Por eso, tal concepto tiene varias acepciones de naturaleza religiosa como las de ofrenda a una divinidad, matanza ritual, acto litúrgico y otras más temporales o laicas como pueden ser esfuerzo o trabajo extra. En mi opinión, el candidato del PP hace referencia a una mezcolanza entre lo seglar y lo sagrado. Por ejemplo, cuando ese cráneo privilegiado de Vox, de cuyo nombre prefiero no acordarme, lanza la bomba de racimo de que el sistema de pensiones español está quebrado y, en consecuencia, hay que ir a un sistema mixto de capitalización y otro de reparto, la portavoz del PP, Sra. Muñoz, se precipita a decir prácticamente lo mismo, sin darse cuenta, a tenor del nivel intelectual en el que nos movemos, del alcance de tal despropósito. Ambas tomas de posición originan tal destrozo y desconcierto en las propias filas que obliga al candidato Núñez a salir a la palestra y, con impostada energía, afirmar que si gobierna “garantizará las pensiones”, incluso al nivel del IPC de cada año.

Lo que no aclara es con qué modelo garantizará esas prestaciones, que afectan a la friolera de unos diez millones de personas y sus familias. Porque ese modelo mixto, del que era tan aficionado el dictador Pinochet en Chile, consiste en que una parte sustancial de las pensiones se privaticen, es decir, se capitalicen con las aportaciones privadas de los que tengan fondos en abundancia para permitírselo, y la otra, la de reparto, seguirá como hasta ahora. Con la particularidad de que estas últimas -las de la mayoría de los mortales- irán disminuyendo como siempre ha sucedido con los gobiernos de las derechas. Conviene recordar que durante el gobierno del Sr. Rajoy las pensiones crecieron durante tres años por debajo del IPC, y a partir del 2013 no pasaban del 0,25%. En este caso, el sentido del sacrificio es de prever que se trate de una “ofrenda a la divinidad” en la forma del capital realmente existente. Primer aviso a navegantes. Si gobiernan las derechas, el primer sacrificio lo harán los pensionistas en el tabernáculo de bancos, aseguradoras, fondos buitres, leonados o no, a través del goloso negocio de las pensiones privadas.

El segundo sacrificio ya quedó anunciado en sede parlamentaria. Las derechas PP/Vox han votado, invariablemente, contra todos los decretos ley que intentaban evitar los desahucios o frenar los desmanes de los “fondos buitres”. La receta de las derechas al grave problema de la vivienda es siempre la misma, que lo solucione el mercado y que el Estado se limite a facilitar el negocio. Esto ya se ensayó alrededor de los años 2004/2008, cuando se construyeron millones de viviendas, los precios siguieron subiendo y todo acabó como el rosario de la aurora, con una crisis financiera inmobiliaria brutal, que llevó al paro a millones de personas y estuvo a punto de que España fuese intervenida y no sólo controlada. De otra parte, todo lo que se construyó con dinero público -es decir, el nuestro- se pudo vender a los pocos años y es causa de que hoy tengamos el parque de vivienda social más raquítico de Europa. Para más inri, los genios políticos de las derechas al tiempo que afirman que hay que construir muchas viviendas plantean -léase doctrina Vox- expulsar a un millón de inmigrantes, que son precisamente quienes las construyen, pues no veo yo a los líderes de Vox o del PP poniendo ladrillos o haciendo de soldadores, ferrallas o carpinteros.

La tercera tarascada se augura por el lado de los salarios. Conviene saber que los sueldos y salarios no dependen del gobierno de la nación, salvo la subida de salario mínimo (SMI), de las pensiones y los sueldos de una parte de los funcionarios públicos. Pues bien, durante el periodo de gobierno del Sr. Rajoy, el SMI creció un 14,6%, una cifra ridícula si la comparamos con la subida del 65% del gobierno progresista en el mismo lapso de tiempo. Renta salarial que afecta a cerca de tres millones de personas, sobre todo jóvenes y mujeres. Las derechas y las patronales siempre sostienen que si el SMI aumenta mucho crecerá el desempleo. Tesis a todas luces falsa, pues en los últimos años el salario mínimo ha crecido como nunca y el empleo también, de los hombres y de las mujeres.

Ahora bien, el salario de los millones de trabajadores por cuenta ajena no depende de los gobiernos, sino de la relación entre empresarios y trabajadores, de las negociaciones entre patronales y sindicatos. Y aquí los salarios no han subido tanto, por lo que hay un amplio margen para apretar las clavijas de los empleadores, sobre todo en algunos sectores en los que se están forrando a base de bien. Por ejemplo, es un auténtico escándalo el auténtico hurto que se está perpetrando contra los currantes en el asunto de las horas extras que no se pagan. Se calcula que estas horas rondan los 2,5 millones a la semana, lo que hace diez millones al mes y 120 millones al año. Si consideramos que el salario hora bruto medio en España es de 15 euros y 19,80 si incluimos cotizaciones sociales, les estarían robando entre 1.800 y 2.376 millones de euros al año. Una cifra golosa que afecta a más de medio millón de trabajadores. Hasta ahora parece que no existe manera de establecer un control horario eficaz que evite o mitigue tal latrocinio.

El cuarto sacrificio se acrecentará por el lado de los precios, de los alimentos, de la cesta de la compra. Estos precios suben continuamente más rápido que los sueldos y salarios, y nadie parece estar contento, aunque es obvio que a algunos les tiene que ir mejor. Las amas o amos de casa, los agricultores, los pequeños comerciantes, los transportistas se quejan de la subida de los precios. Es un misterio quiénes son los grandes beneficiarios de este carrusel, se supone que algunos intermediarios o las grandes superficies, pero la realidad es que no hay manera de poner coto a tanta subida. En mi opinión, para ciertos productos básicos, en los alimentos, que componen el grueso del gasto de la mayoría de las familias, se debería generalizar la existencia de los economatos, como ha propuesto el alcalde de Nueva York y es vieja tradición en nuestro país. Economatos dependientes de los ayuntamientos o de cooperativas o entidades de la economía social que podrían vender a precio de coste y que contribuirían a abaratar los precios de ciertos productos básicos.

El último sacrificio, aunque no el menos doloroso, me temo que se acerca por el lado de las bajas laborales por enfermedad. Desde hace meses o años, la patronal y el líder del PP vienen afirmando que hay que poner coto a este “despilfarro” o coladero, pues entienden que existe una especie de contubernio entre los trabajadores y la sanidad pública para conceder las bajas sin causa justificada, lo que es un bulo como otros tantos. Hay que estar atentos a este tema, pues el líder de la derecha confundió en su día las bajas temporales por enfermedad común con el absentismo laboral, que no tienen nada que ver, y un dirigente patronal habló de “bajaciones”, cuando la realidad es la contraria, la cantidad de trabajadores que acuden enfermos al puesto de trabajo por temor a ser despedidos.

En fin, que cuando un líder de las derechas anuncia sacrificios, en plena precampaña electoral, el personal sufridor debería atarse los machos y pensarse muy bien el voto, pues el atraco que se avecina será de gran calado, a no ser que uno sea tan ingenuo que piense que los sacrificios se los impondrán a los bancos, las energéticas o a los grandes tenedores de pisos.