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Otra burbuja, otra crisis, otra recesión

20 de junio de 2026 21:50 h

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El capitalismo nunca ha sido capaz de autorregularse. Pero sí es capaz de purgarse periódicamente en una orgía de quiebras tras la que sobreviven solamente los más fuertes. Cientos de miles de millones de dólares arden en una hoguera, los inversores más incautos pierden fortunas, el ciudadano de a pie sufre la recesión causada por la “destrucción creativa” y recomienza el proceso, con una nueva élite de megamillonarios y un nuevo relato sobre las fuentes de la riqueza.

Antes de la gran hoguera, la burbuja bursátil se hincha hasta extremos inverosímiles. Llegado el momento, la burbuja estalla.

El anterior proceso de “destrucción creativa” comenzó hacia 1998, cuando la nueva frontera del capitalismo se llamaba Internet. Cualquier empresa que añadiera a su nombre el famoso “.com” recibía inversiones a espuertas. Los navegadores y los servicios de correo electrónico chapoteaban en un mar de dólares junto a proyectos inverosímiles como Pets.com, un comercio digital de productos para mascotas que ingresaba 600.000 dólares anuales y gastaba 12 millones sólo en publicidad.

Recuerden la famosa fusión entre AOL, líder estadounidense en usuarios digitales (30 millones de clientes) y Time Warner (coloso de la prensa, televisión y cine): la unión, realizada en enero de 2000, fue en realidad una compra de Time Warner por parte de AOL, una empresa que apenas tenía liquidez pero cuyo valor bursátil estaba por las nubes. AOL pagó 182.000 millones de dólares en acciones. En 2002, la sociedad fusionada tuvo unas pérdidas de 99.000 millones de dólares, una marca histórica. Para entonces, el valor bursátil había caído en 200.000 millones. Nunca se había visto tal desastre.

Empresas como Amazon y Google, en cambio, soportaron el reventón de la burbuja, devoraron a sus competidores y salieron de la crisis convertidas en bestias dominantes de la “nueva economía”.

Elon Musk acaba de convertirse en el primer billonario gracias a la salida a Bolsa de su empresa Space X. Inversores de todo el mundo han corrido a comprar acciones a un precio altísimo (casi 160 dólares por título ahora mismo), pese a que Space X nunca ha tenido beneficios. Al contrario. Pese a las masivas subvenciones públicas, pierde unos 9.000 millones al año.

Space X conjuga la tecnología espacial (cohetes reutilizables) y la inteligencia artificial con un objetivo muy determinado: la colonización de la Luna (o de Marte, cuando Musk se pone a exagerar) y la extracción de los minerales valiosos que deberían encontrarse en el planeta.

El propio Musk ha reconocido alguna vez que el objetivo podría no lograrse. Parece que eso les da igual a los inversores. El espacio exterior y, sobre todo, la inteligencia artificial componen la nueva frontera, como en su momento lo fue internet, y el dinero quiere estar ahí.

En la burbuja de la inteligencia artificial se harán fortunas gigantescas. Musk ya ha hecho la suya. Cuando reviente la burbuja y se alce sobre las bolsas la hoguera alimentada con dólares, miles de fortunas desaparecerán. Vendrá una recesión, probablemente más grave que la de 2001 porque las apuestas son infinitamente más altas. Y sobrevivirán unos pocos gigantes que, gracias a la inteligencia artificial, dominarán el mundo.