Un busto para Peinado
El último delirio del juez Peinado en su cruzada megalómana para acabar con Begoña Gómez y, a través de ella, intentar dar un golpe de Estado por la vía togada, ha sido retirar el pasaporte a la mujer del presidente por riesgo de fuga. Para no dejar cabo suelto en su persecución obsesiva, el juez instructor asegura que Begoña Gómez podría fugarse con ayuda de los policías nacionales que hacen labores de escolta para Presidencia del Gobierno o bien fugarse cuando esos mismos policías dejen de ser escoltas porque Pedro Sánchez ya no sea presidente. Un insulto a la Policía y un desafío al ejercicio de la lógica ontológica, todo al mismo tiempo.
Las medidas contra Begoña Gómez son netamente simbólicas, humillantes, manifestaciones de poder para que toda la izquierda, empezando por Sánchez, se entere de quién manda aquí. Ya lo dijo Ester Muñoz, paradójicamente en la sede de la soberanía popular: es el Estado profundo actuando contra el democrático Gobierno de España. Es probable que una instancia superior devuelva el pasaporte a Gómez pero, mientras tanto, los que se quejan de que ya solo defienden a Zapatero los más cafeteros del sanchismo (con su parte de razón) han aplaudido la evidente desproporción de las medidas cautelares dictadas por Peinado, que están en consonancia con una instrucción delirante desde el inicio, en abril de 2024, hasta hoy. Más de dos años de infierno judicial para la esposa de Pedro Sánchez en una investigación prospectiva que no ha logrado probar el lucro de Begoña Gómez, ya que, según los propios informes de la UCO, ella ingresó en dos años la escalofriante cifra de 17.037,75 euros. Es evidente que sale mucho más rentable y da menos disgustos ser el novio de Ayuso que casarse con Pedro Sánchez.
Peinado dictó las cautelares en fin de semana, porque la obsesión no descansa, un día después de imputar a Begoña Gómez por dos nuevos delitos y desimputarla horas después, alegando que usó una plantilla en la que ya estaba, por defecto, el nombre de Gómez. Quizá la realidad es que se dio cuenta de que los nuevos delitos no se podían juzgar con jurado, y el objetivo último de Peinado es humillar a la mujer del presidente hasta el final y obligarla a sentarse ante un tribunal popular de ciudadanos madrileños, si es posible, que sean antisanchistas “pata negra” de la región más antisanchista de España. Las últimas (sobre)actuaciones de Peinado han sido aplaudidas por el enjambre mediático afín a Ayuso que se queja de que los demás somos la sincronizada del poder. Alguien ha tenido la feliz idea de proponer levantar un busto del juez en la plaza principal de todos los municipios de España, en una medida acorde al esperpento judicial al que estamos asistiendo que también da cuenta de que la política española se está viviendo como un partido de fútbol con consecuencias terribles para el sistema.
Las instituciones no pueden permitir que los jueces y otros poderes actúen dependiendo del quién y no del qué. Con los mismos actos, unos son investigados y llevados ante la justicia y otros viven en la absoluta tranquilidad de la impunidad. No es conspiranoia, es el Estado del que habla Ester Muñoz jugando una partida contra el Gobierno, es la justicia aplicándose dependiendo de quién seas. Es hora de que la izquierda diga basta: tenemos ya una sentencia cuestionable al ex fiscal general del Estado, no es inverosímil que Begoña Gómez pueda ser condenada sin ninguna prueba. No podemos dar la batalla por perdida y permitir que pasen por encima de la mitad de la población porque hay jueces como Peinado a los que sus propios compañeros protegen y avalan, aun en detrimento de su prestigio y honorabilidad. Por eso no es extraño que personas sin ningún ánimo paranoico se pregunten que si esto se hace y se permite hacerlo con la esposa del presidente del Gobierno, ¿qué no harán contra el ciudadano raso que se atreva a nadar contra la corriente derechizante?